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Concluye la campaña contra la ceguera de los ríos

El viernes, 6 de diciembre de 2002, será una jornada histórica en la que concluirán oficialmente los casi 30 años de trabajo dedicados a acabar con la amenaza para la salud pública que constituía la ceguera de los ríos en el África occidental. Ese día, un grupo de funcionarios de la Organización Mundial de la Salud y de representantes de otros sectores reconocerán que el esfuerzo mancomunado de miles de personas por mejorar la situación ha dado fruto.

Esas personas, ya sean banqueros, cazadores de moscas, pilotos, jefes ejecutivos o agentes de salud comunitarios, han logrado evitar 600 000 casos de ceguera. Asimismo, gracias a sus esfuerzos, 18 millones de personas han crecido sin la amenaza de la ceguera de los ríos. El personal del Programa de Lucha contra la Oncocercosis (OCP) ha hecho posible que miles de campesinos vuelvan a cultivar 25 millones de hectáreas de tierra fértil situada a orillas de los ríos, una extensión suficiente para alimentar a 17 millones de personas.

«El éxito de este programa inspira a cuantos nos dedicamos a la salud pública; nos permite concebir grandes sueños porque ha demostrado que podemos lograr «imposibles» y aliviar la carga que soportan varios millones de personas especialmente necesitadas», ha declarado la Directora General de la OMS, Dra. Gro Harlem Brundtland. «Cuando les digan que la próxima propuesta es demasiado ambiciosa o demasiado cara, que llevará demasiado tiempo, que se malgastarán los fondos, o que la labor será demasiado complicada o peligrosa, recuerden este día a quienes profieran semejantes críticas.»

Los logros del OCP sólo pueden valorarse debidamente si se recuerdan los devastadores efectos que tenía la ceguera de los ríos en el África occidental en 1974, cuando se inició el programa. Durante siglos, el mosquito simúlido ha inoculado parásitos en las personas que vivían cerca de los ríos, y los parásitos han dejado sin visión a cientos de miles de personas infectadas.

Cuando se inició la campaña en el África occidental, un 10% de la población de las zonas más afectadas sufría ceguera total, y el 30% presentaba graves defectos de visión. Los habitantes de la región entendieron que la causa de la ceguera guardaba relación con los ríos, y los agricultores comenzaron a abandonar los campos. Un estudio realizado a principios de los años setenta demostró que se habían abandonado 250 000 km2 de explotaciones agrícolas cercanas a los ríos, y que las consiguientes pérdidas económicas ascendían a US$ 30 millones anuales.

La campaña que se lanzó para poner fin a semejante flagelo tenía dos objetivos. El primero era que la ceguera de los ríos dejara de ser un problema de salud pública en el África occidental y un impedimento para el desarrollo socioeconómico. El segundo era que, al término del programa, los países de la región estuvieran en condiciones de proseguir las actividades de vigilancia ante una eventual reaparición de la enfermedad.

Tanto los dirigentes nacionales como los comunitarios planificaron y ejecutaron programas de lucha contra la ceguera de los ríos. En un principio, el OCP se centró en la eliminación del vector, el mosquito simúlido. A tal efecto, se roció de larvicida un área de 1,3 millones de km2, habitada por 30 millones de personas. Todas las semanas, los helicópteros se abrían camino por más de 50 000 km de río, con frecuencia volando a escasa distancia de los árboles y atravesando estrechos cañones. En la ribera de los ríos, cientos de voluntarios se remangaban los pantalones y se exponían a los mosquitos simúlidos para atraparlos y efectuar la vigilancia de los parásitos de la región.

Cuando en 1988 los laboratorios Merck ofrecieron gratuitamente la ivermectina, su medicamento antiparasitario, el programa dispuso de una nueva arma para la lucha contra la enfermedad. Durante años, los vehículos de cientos de voluntarios recorrieron de un extremo a otro los caminos de tierra rojiza para distribuir pequeñas pastillas de color blanco, hasta que las comunidades se hicieron cargo de la distribución. Y durante casi 30 años, los donantes no dejaron de financiar la totalidad de las actividades.

La labor del OCP está a punto de concluir, pero el programa deja tras de sí una infraestructura sanitaria mucho más sólida y los conocimientos de lucha antivectorial, de epidemiología y de gestión de la salud pública adquiridos durante los últimos 28 años. Actualmente, los países cuentan con una capacidad de vigilancia suficiente para detectar los brotes de ceguera de los ríos que puedan producirse, así como para ayudar a hacer frente a otras enfermedades.

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