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Un estudio de la OMS revela las penalidades de las personas de edad que se ocupan de los huérfanos y de las personas con SIDA

Un nuevo informe de la OMS, «Repercusión del SIDA en las personas de edad de África», revela las penalidades que afrontan las personas mayores que se ocupan de sus hijos adultos infectados por el VIH o de sus nietos huérfanos. El informe, basado en un estudio monográfico realizado en Zimbabwe, destaca que las personas de edad afrontan un estigma suplementario al ocuparse de los huérfanos y de las personas con SIDA.

El informe arguye que prácticamente se deja a las personas de edad asumir ellas solas el importante papel de cuidar y de ayudar a sus hijos adultos enfermos terminales y, cuando ellos mueren, a los huérfanos. Lo hacen en la pobreza, sin reconocimiento, y a menudo con mala salud. Su contribución es esencial en el contexto general de mejora del acceso al cuidado y la ayuda de los enfermos de VIH/SIDA, pero generalmente la sociedad lo ignora.

El informe recomienda que se reconozca y se apoye la función de cuidadores que realizan las personas de edad. Destaca que si los cuidadores no gozan de buena salud no pueden seguir dispensando la atención necesaria. El informe pide un cambio de actitud de los agentes de salud y otros prestadores de servicios, así como un cambio de las políticas de salud y de otras instituciones para velar por que las personas de edad dispongan de ayuda social, económica y emocional adecuada.

«Cuidar huérfanos es como recomenzar la vida, porque tengo que trabajar en la granja, limpiar la casa, dar de comer a los niños, comprar uniformes para la escuela», dice un hombre de 65 años de Makoni Manicaland que se ha convertido en el principal cuidador de tres niños en edad escolar. «Creía que no iba a volver a hacer todo eso. No sé si tendré fuerzas para seguir.»

El estudio se realizó en 2001 en seis de las 10 provincias de Zimbabwe. Se emplearon métodos de investigación mixtos, cualitativos y cuantitativos, para encuestar a 685 personas de edad pertenecientes en un 40% a familias urbanas y en un 60% a familias rurales, que dispensaban cuidados relacionados con el VIH/SIDA; dos terceras partes de todos los cuidadores son mujeres.

Una mujer de 62 años de Bulawayo que se ocupa de tres nietos que van a la escuela resume la inquietud de la mayoría de los abuelos diciendo «Tengo miedo de lo que espera a estos huérfanos. Si muero y los dejo ¿quién se ocupará de ellos?»

«La contribución de las personas de edad como cuidadoras de sus hijos que mueren del SIDA y de sus nietos, el futuro capital humano de África, es tan inmensa como olvidada; ni se reconoce ni recibe ayuda» dice el Dr. Alex Kalache del equipo de la OMS sobre envejecimiento y ciclo de vida. «A pesar de su importancia evidente, las sociedades ignoran en gran medida esa contribución.»

Las principales constataciones del informe son:

  • la pérdida de la ayuda económica al dejar de recibir las aportaciones de sus parientes adultos enfermos o muertos;
  • la falta de acceso a los productos y servicios de primera necesidad, como alimentos, ropa y atención médica;
  • el acceso limitado a los servicios de atención, debido a las dificultades de transporte y el costo elevado de los servicios;
  • las dificultades económicas que les impiden pagar gastos médicos o escolares;
  • la estigmatización y las actitudes negativas de los agentes sanitarios con respecto de las personas de edad, y de las personas con VIH/SIDA;
  • el estrés físico y emocional derivado del creciente nivel de violencia y malos tratos, a menudo con acusaciones de brujería.

En el estudio se reconoció además que en la mayoría de las sociedades las personas de edad son un grupo vulnerable, por su vida de penalidades, malnutrición y pobreza, y porque a su edad corren un alto riesgo de sufrir enfermedades crónicas. La pandemia del SIDA les impone una carga más, aumentando su vulnerabilidad. Por consiguiente, su salud corre peligro. Una conclusión del estudio es que las inversiones básicas en atención sanitaria y ayuda para estos cuidadores a la larga mejorarían su capacidad para seguir ayudando a sus familias y sus comunidades. «Los adultos mayores saludables son un recurso para sus familias, las comunidades y la economía en general» (OMS, Declaración de Brasilia sobre el Envejecimiento, 1996).

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