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Día Mundial del Sida 2017

Cada persona cuenta

Declaración del Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS
1 de diciembre de 2017

Desde los primeros tiempos de la epidemia, la respuesta a la infección por VIH ha girado en torno a los derechos humanos, la equidad y las comunidades, los cimientos mismos sobre los que se asienta la cobertura sanitaria universal.

La epidemia evolucionó a lo largo de los años y afectaba de forma más desproporcionada a las comunidades y personas más vulnerables y marginadas.

Ya en el decenio de 1980 las poblaciones más expuestas a la infección por VIH y las personas con el virus defendían que para vencer la amenaza del VIH las comunidades debían ocupar un lugar central en la respuesta.

Muy pronto quedó patente que la implicación destacada de esas comunidades no solo era un imperativo moral sino una buena práctica de salud pública, puesto que de ese modo las medidas de salud pública podían llegar a las poblaciones y lugares más afectados, mejorar la utilización y eficacia de los servicios, lograr la cobertura equitativa y conseguir un impacto mayor y más sostenido.

La respuesta al VIH ha desempeñado una función crucial en la transformación de la salud pública, y a su vez ha contribuido a dar forma al programa de la cobertura sanitaria universal.

En los últimos 30 años hemos logrado mucho. Actualmente, 21 millones de personas reciben tratamiento antirretrovírico, lo que les permite llevar vidas plenas y productivas. Cada día menos personas se infectan por VIH y mueren por ese motivo. Sin embargo, esas victorias enmascaran las muchas disparidades y retos que persisten.

¿Por qué, aunque hace ya tres décadas que se reconoce la función fundamental de las comunidades en la respuesta al VIH, todavía vemos que las poblaciones más expuestas quedan rezagadas, marginadas y discriminadas?

¿Por qué a los hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres, los trabajadores del sexo, los transexuales, los consumidores de drogas inyectables y los reclusos, que representan el 40% de las nuevas infecciones por VIH en 2016, se les siguen negando los servicios de salud más básicos?

¿Por qué muchas jóvenes, adolescentes, migrantes y personas desplazadas son especialmente vulnerables a la infección por VIH?

¿Y por qué los muchachos adolescentes y jóvenes no acceden a los servicios contra el VIH y otros servicios de salud a su disposición?

En este Día Mundial del Sida estamos aquí para recordar que «cada persona cuenta».

Si queremos lograr la cobertura sanitaria universal, cada persona cuenta, y también si queremos que el sida y las hepatitis víricas dejen de ser amenazas de salud pública. Los servicios de salud deberían adaptarse para llegar a las poblaciones más expuestas y afectadas y atender sus necesidades, lo cual conlleva aplicar una política de «tolerancia cero» contra la estigmatización y la discriminación en todos los servicios de salud y lograr la colaboración plena de las comunidades como asociados iguales e indispensables para la respuesta.

Ello significa también que la aceptabilidad y calidad de los servicios debe ser alta, a fin de que las personas sigan recibiendo atención y obtengan los mejores resultados posibles en la prevención y el tratamiento.

La cobertura sanitaria universal significa que todas las personas tengan acceso a los servicios que necesitan, dondequiera que vivan, sin enfrentarse a dificultades financieras. Las personas expuestas al riesgo de infección por VIH o ya infectadas por lo general tienen múltiples necesidades sanitarias que van más allá del acceso a preservativos, agujas estériles y tratamiento antirretrovírico.

Una respuesta eficaz contra el VIH engloba la atención centrada en la persona, en la que se tienen en cuenta todas las necesidades de las personas y las comunidades, no solo las relacionadas con la infección por VIH. Los países nos demuestran de qué modo las intervenciones y servicios contra el VIH se integran en programas sanitarios más amplios, cómo se vinculan eficazmente con otros servicios, como los de la tuberculosis, las hepatitis víricas, la salud sexual y reproductiva, las enfermedades no transmisibles y los trastornos por abuso de sustancias. Con ello, se refuerzan los sistemas de salud y las personas con infección por VIH alcanzan el mejor estado de salud posible.

Ofrecer los servicios de salud adecuados a quienes los necesiten no es, por sí mismo, suficiente. Si queremos lograr la equidad, alcanzar la cobertura sanitaria universal y garantizar el derecho a la salud de todos necesitamos actuar más allá del sistema de salud. El entorno sociopolítico general sigue desempeñando una función crucial en la trayectoria de la epidemia por VIH y para estimular o dificultar las respuestas eficaces. El principio de que «cada persona cuenta» debe instilarse en las políticas, leyes y prácticas que abarcan todos los sectores pertinentes, con la adopción de un enfoque pangubernamental.

El mensaje es sencillo: que cada persona cuente.