Iniciativa global sobre la seguridad de las vacunas

Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas, 12-13 de diciembre de 2007

Publicado en el Parte Epidemiológico Semanal de la OMS, el 25 de enero de 2008

El Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS), un órgano de asesoramiento de expertos médicos y científicos, fue creado por la OMS para tratar, de forma independiente de la misma y con rigor científico, cuestiones relacionadas con la inocuidad de las vacunas que puedan tener importancia mundial1. El GACVS celebró su 17.ª reunión en Ginebra (Suiza), los días 12 y 13 de diciembre de 20072 y examinó cuestiones relativas a las vacunas en general, así como cuestiones concernientes a ciertas vacunas en particular, como son las vacunas de uso antiguo, las vacunas nuevas y las vacunas en fase de desarrollo. Se examinaron, entre otras, las cuestiones siguientes.

Cuestiones generales

Síndrome de Guillain-Barré y vacunación

El síndrome de Guillain-Barré (GBS) es una neuropatía periférica aguda relativamente rara (ocurren anualmente entre 1 y 2 casos por cada 100 000 personas), que sobreviene la mayoría de las veces sin que se pueda identificar la causa. No obstante, puede ocurrir después de ciertas enfermedades infecciosas, la más frecuente de las cuales se debe a Campylobacter jejuni (1 caso de GBS por cada 3000 episodios infecciosos), probablemente como resultado de una reacción autoinmunitaria. A veces se ha observado asimismo en asociación cronológica con la vacunación; se consideró que dicha asociación era causal en los casos en que la enfermedad sobrevenía después de la aplicación de una vacuna contra la gripe porcina (riesgo atribuible: 9,5 por millón de dosis administradas) o de vacunas antirrábicas elaboradas con material procedente del cerebro del conejo u otros tejidos nerviosos. Se ha constatado la presencia de anticuerpos dirigidos contra gangliósidos autólogos en una forma del síndrome de Guillain-Barré (la neuropatía axonal motora aguda [AMAN]), que es predominante en algunos países de Asia y América Latina. Aunque C. jejuni es capaz de inducir dichos anticuerpos, la patogénesis inmunológica de la forma más frecuente del síndrome de Guillain-Barré hallada en los EE.UU. y Europa (polirradiculoneuropatía inflamatoria desmielinizante aguda [AIDP]) aún no se conoce a ciencia cierta y puede involucrar la participación de linfocitos T o de anticuerpos dirigidos contra antígenos aún no identificados.

Se han notificado casos de síndrome de Guillain-Barré en asociación cronológica con otras vacunas, por ejemplo, con la vacuna contra la gripe estacional, la vacuna antitetánica, las vacunas antimeningocócicas conjugadas y la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP). Se tienen datos contradictorios acerca de si las vacunas antigripales distintas de la vacuna contra la gripe porcina están asociadas con el síndrome de Guillain-Barré. Hasta la fecha, no se ha establecido una relación causal entre dicho síndrome y la vacunación, fuera de la que se ha visto con la vacuna contra la gripe porcina y las vacunas antirrábicas elaboradas con material procedente de tejido nervioso.

El GACVS considera que la investigación de una posible relación causal podría realizarse de forma óptima mediante estudios a gran escala de la incidencia del síndrome de Guillain-Barré, antes y después de un programa de vacunación. Será necesario determinar y documentar cuidadosamente todos los casos incidentes a fin de conseguir un diagnóstico lo más exacto posible e identificar la forma del síndrome de Guillain-Barré del caso (principalmente AIDP o AMAN). La mejor comprensión de la patogénesis del síndrome de Guillain-Barré en todas sus formas ayudará a investigar la posible asociación entre dicho síndrome y la vacunación. En este contexto, la obtención de muestras de suero procedentes de los casos incidentes de síndrome de Guillain-Barré permitirá identificar las diferentes formas de la enfermedad y comprender su eventual relación con las vacunas.

Tales estudios serán especialmente útiles a la hora de investigar los acontecimientos adversos posvacunales (AEFI) de carácter neurológico que se manifiestan en asociación con las vacunas antigripales prepandémicas o pandémicas.

Seguridad de la vacunación en los individuos inmunodeprimidos

Los riesgos de la vacunación en los individuos inmunodeprimidos comprenden situaciones muy diversas, que guardan relación con el tipo de trastorno inmunitario y las vacunas de que se trate. La eficacia de una vacuna puede verse menoscabada en los individuos inmunodeprimidos, cuya respuesta inmunitaria se encuentra debilitada y que, además, pueden estar más expuestos a padecer acontecimientos adversos posvacunales. Un examen de estudios seleccionados sobre el uso de vacunas en individuos inmunodeprimidos reveló que la cantidad de datos disponibles para estimar la eficacia y la seguridad varía considerablemente según la situación que se considere.

Habiendo reconocido la importancia de proporcionar un asesoramiento puntero en cada situación, el GACVS emprendió un examen profundo de los datos existentes y confió a un grupo de trabajo la supervisión de este asunto. Se ha propuesto otorgar prioridad absoluta a la inocuidad de las vacunas en las personas infectadas por el VIH o aquejadas de sida. También tendrán prioridad las vacunas atenuadas que se elaboran con microorganismos vivos, especialmente la vacuna antisarampionosa, la antiamarílica y la antirrotavírica. La vacuna contra el bacilo de Calmette y Guerín (BCG) ha sido considerada en una reunión precedente del GACVS3. En las personas infectadas por el VIH o aquejadas de sida, se considerará asimismo el posible efecto de cada vacuna sobre la progresión de la infección por el VIH en sí. La inocuidad de las vacunas se examinará por separado en el caso de los individuos que reciben tratamiento antirretrovírico o que padecen una infección por el VIH no tratada.

De cada vacuna considerada, se evaluará el nivel de información disponible, la importancia del riesgo para la salud pública y la necesidad de efectuar estudios adicionales. Se comisionarán revisiones sistemáticas acerca de vacunas sobre las que existan estudios suficientes. En otras situaciones, se dará orientación en esferas que gocen de estudios adicionales a fin de evaluar la inocuidad de determinadas vacunas en circunstancias específicas, las que podrían no haber sido abordadas durante las fases del desarrollo clínico. El subgrupo rendirá cuentas al Comité plenario y dispondrá de un marco de trabajo para elaborar consejos, y propondrá un plan de trabajo detallado para examinar las tres vacunas prioritarias que se hayan identificado.

Cuestiones relativas a vacunas específicas

Inocuidad de la vacuna antiamarílica

Se llevó a cabo una campaña de vacunación contra la fiebre amarilla en la región de Ica, Perú, tras el terremoto de septiembre de 2007. Entre los casi 40 000 individuos que recibieron uno de los lotes de vacuna antiamarílica se registraron cuatro casos de enfermedad viscerotrópica asociados a la vacuna, todos ellos mortales. De resultas de ello, las autoridades nacionales suspendieron la campaña de vacunación. La tasa de casos de enfermedad viscerotrópica asociados a la vacuna fue de unos 10 por cada 100 000 dosis administradas del lote vacunal en cuestión, frente a la de aproximadamente 0,3 por 100 000 que cabría esperar según la experiencia de administración previa de vacunas antiamarílicas. Se está llevando a cabo una investigación que incluye una evaluación clínica y analítica de los casos, una evaluación epidemiológica de los acontecimientos adversos posvacunales y un examen de la producción de la vacuna en la planta de elaboración. Dicha investigación debería incluir un análisis del resto de las muestras vacunales del lote en el Perú y la determinación de los acontecimientos adversos posvacunales asociados a la utilización de dicho lote vacunal en otros sitios. Una vez finalizada la investigación, se recomienda efectuar un examen pericial en el contexto más amplio de cualesquiera acontecimientos adversos posvacunales graves que pudieran haber ocurrido tras la vacunación contra la fiebre amarilla.

Vacunación contra la hepatitis B y la artritis reumatoide

El GACVS consideró la posible asociación entre la vacunación contra la hepatitis B y la artritis reumatoide. Con anterioridad a los debates previos sobre el tema que tuvieron lugar en junio de 2006, el Comité había encargado una revisión completa de los trabajos publicados en la literatura específica. En esa reunión había examinado los datos más recientes, especialmente los que guardaban relación con cuestiones genéticas.

Los trabajos que establecen un vínculo entre la vacunación contra la hepatitis B y la artritis reumatoide son principalmente informes de casos aislados, series de casos y estudios de casos y testigos (pocos). Los estudios publicados son escasos y difíciles de interpretar debido a problemas relacionados con la metodología y el control de los factores de confusión. El único estudio óptimo de casos y testigos no evidenció una asociación estadísticamente significativa, aunque su poder estadístico era limitado y los intervalos de confianza, amplios. No obstante, dado que solamente una pequeña proporción de casos había recibido la vacuna contra la hepatitis B, la contribución de dicha vacuna a la incidencia de artritis reumatoide es a lo sumo muy pequeña. El GACVS también había visto los resultados preliminares de un vasto estudio basado en el proyecto Vaccine Safety DataLink (VSD) de los EE.UU. en junio de 2006, que fueron analizados de muchas maneras, sin que ninguna de ellas revelase una asociación significativa entre la vacunación contra la hepatitis B y la artritis reumatoide.

Alguien sugirió que el hecho de que no pudiera hallarse un riesgo elevado tras la vacunación contra la hepatitis B en la población general podía deberse a que el efecto adverso de la vacunación se manifiesta solamente en una subpoblación pequeña de personas, que serían más propensas a contraer artritis reumatoide debido a su constitución genética. El GACVS analizó los resultados preliminares de los análisis genéticos realizados en el estudio de casos y testigos del VSD, en el que se pudo clasificar a los casos y testigos según la presencia del alelo HLA-DRB1*04. La elección de dicho marcador se debe principalmente a que ha sido descrito como un marcador biológico de la predisposición genética al desarrollo de artritis reumatoide.

Se presentó al GACVS un análisis preliminar de la interacción entre la vacuna contra la hepatitis B y la presencia de HLA con respecto a la manifestación de artritis reumatoide. La cuestión es pertinente si el efecto adverso se circunscribe o manifiesta principalmente en un subgrupo genéticamente específico de personas. Presenta la ventaja de que el análisis puede hacerse valiéndose de los casos de artritis reumatoide solamente. Estos últimos se comparan entre grupos genéticamente específicos, que no diferirán en cuanto a la probabilidad de exposición a la vacuna contra la hepatitis B, de modo que el factor de confusión no constituye un problema considerable.

Existen varios subtipos de alelo HLA-DRB1*04; en este estudio se detectaron 9 y los análisis se limitaron a dos de ellos.

Se investigó la exposición a la vacuna contra la hepatitis B unos 90, 180 y 365 días antes de la aparición de los síntomas de artritis reumatoide. No hubo indicios estadísticamente significativos de la existencia de un mayor riesgo en los subgrupos genéticos examinados, y las estimaciones puntuales realizadas eran menores que la unidad. No obstante, no pudo descartarse la posibilidad de que hubiese un riesgo elevado en algún subgrupo, pues el estudio carecía de suficiente poder estadístico a causa del pequeño número de casos vacunados. Esta limitación es inevitable, pero también deja en claro que la vacuna contra la hepatitis B ejerce a lo sumo un efecto muy pequeño en la incidencia de artritis reumatoide. Además, aún no se sabe si el alelo HLA-DRB1*04 es el mejor marcador genético del riesgo elevado de artiris reumatoide.

El GACVS concluyó, basándose en una revisión de los escasos datos disponibles, que no había pruebas convincentes a favor de una asociación entre la vacuna contra la hepatitis B y la artritis reumatoide, pero volverá a examinar la cuestión en cuanto se disponga de nuevos resultados.

Inocuidad de la vacuna atenuada 14-14-2 contra la encefalitis japonesa

Inocuidad de la vacuna atenuada 14-14-2 contra la encefalitis japonesa El GACVS examinó y actualizó el informe sobre la frecuencia y la intensidad de los acontecimientos adversos posvacunales registrados con el uso de la vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa en la República de Corea, país en la que se instauró en el año 2002, pero en el que se utiliza exclusivamente en el sector privado. La pauta recomendada son dos dosis, que se administran con 12 meses de diferencia en los niños de entre 1 y 2 años de edad, y una dosis de refuerzo a los seis años de edad. La vacuna inactivada contra la encefalitis japonesa, que se elabora con material procedente del cerebro del ratón, se utiliza en el programa nacional de vacunación. Como el sector privado no está vinculado a la red de vigilancia de acontecimientos adversos posvacunales, no se dispone de datos de toxicidad acerca de los más de 1,7 millones de dosis de vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa que se han distribuido desde el 2002. La exigencia nacional para la instauración de nuevos medicamentos es que se investiguen los acontecimientos adversos en detalle en 600 personas. Durante el seguimiento de 673 niños a quienes se aplicó una dosis de vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa, se señalaron 318 acontecimientos en 163 de ellos; la mayoría de los acontecimientos adversos posvacunales eran de naturaleza relativamente leve, no neurológicos e indistinguibles de las enfermedades banales propias de la infancia. El examen de la inocuidad de la vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa culminará en el 2008.

El GACVS también examinó un estudio realizado en Filipinas sobre la administración simultánea de la vacuna antisarampionosa y la vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa. En dicho estudio, tres grupos de 223 a 228 niños (de entre 9 y 11 meses de edad) recibieron, ya sea la vacuna contra la encefalitis japonesa y un mes después la antisarampionosa, o bien la antisarampionosa primero seguido por la antiencefalítica al cabo de un mes, o bien ambas vacunas simultáneamente. El objetivo fue investigar la no inferioridad de la reacción a la vacuna antisarampionosa tras la coadministración. Un mes después de la vacunación, aunque se logró una seroprotección general muy elevada en los tres grupos, en el grupo que había recibido ambas vacunas simultáneamente, el porcentaje de lactantes seroprotegidos resultó ligeramente inferior (96%) al del grupo tratado con la vacuna antisarampionosa solamente (100%); [diferencia = –4%, intervalo de confianza del 95%, –1, –6]). Además, en el grupo de tratamiento simultáneo, los títulos de anticuerpo eran significativamente inferiores a los de los niños que habían recibido solamente la vacuna contra el sarampión.

Estos resultados indican que la vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa interfiere de algún modo la respuesta a la vacuna contra el sarampión. Al cabo de un año de seguimiento de los niños que presentaron seroconversión el primer mes, la media geométrica de los títulos de anticuerpo eran similares en ambos grupos, lo cual sugiere que dicha interferencia es meramente pasajera y que la coadministración de ambas vacunas es aceptable.

Basándose en exámenes previos y en la información obtenida de los estudios anteriores, el GACVS concluyó que la inocuidad de la vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa es aparentemente satisfactoria a corto plazo y que la vacuna se puede administrar sin peligro con la vacuna antisarampionosa a partir de los 9 meses de edad. Es necesario realizar más estudios para cerciorarse de que no ocurren acontecimientos adversos poco frecuentes (especialmente los neurológicos). Dado que la vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa se utiliza actualmente en campañas de «puesta al día» en muchos millones de niños en los países asiáticos, se podría aprovechar la ocasión para investigar si la inocuidad de la vacuna sigue siendo idónea en grandes poblaciones de estudio. Se debe favorecer la realización de estudios adicionales para cerciorarse de que la efectividad de la vacuna antisarampionosa no ha menguado.

Inocuidad de las vacunas antimeningocócicas B

Se presentaron al GACVS los datos relativos a la inocuidad de las vacunas antimeningocócicas B elaboradas con vesículas de la membrana externa del meningococo, recabados durante la utilización de dichas vacunas en Cuba, Francia, Nueva Zelanda y Noruega. El Comité tomó especialmente nota del programa de vigilancia de la seguridad tan cuidadosamente planificado que se había instaurado en Nueva Zelanda para detectar posibles acontecimientos adversos de carácter grave tras la vacunación de cerca de un millón de menores de veinte años de edad desde julio del 2004 en adelante, en el que se siguió de cerca a 200 000 personas vacunadas gracias a los registros de admisiones en el hospital. Los diversos métodos de vigilancia utilizados para detectar acontecimientos adversos posvacunales potencialmente graves nunca evidenciaron efectos de esa índole atribuibles a la vacunación.

El comité también evaluó las pruebas científicas de la inocuidad de la vacuna procedentes de estudios realizados en Noruega, el país de origen de la formulación vacunal. Aunque nunca se implantó el uso sistemático de la vacuna en dicho país, debido a la declinación de la epidemia de enfermedad meningocócica, se hizo extenso uso de ella en ensayos con adolescentes y adultos jóvenes. En algunas cohortes etarias, se había vacunado hasta al 40% de la población. Pese a las noticias de los medios acerca de un posible riesgo elevado de encefalomielitis miálgica (también conocida como síndrome de fatiga crónica), los resultados de dichos ensayos no dieron motivos para inquietarse con respecto a la posibilidad de acontecimientos adversos posvacunales graves. El comité observó que en Noruega se había llevado a cabo un estudio de casos y testigos sobre la encefalomielitis miálgica, que concernía a la totalidad de 273 casos de encefalomielitis miálgica cuyo diagnóstico se había hecho en los dos hospitales de referencia más importantes de ese país, en cohortes nacidas entre 1972 y 1977, de los cuales 201 participaron en el estudio de casos y testigos. El motivo del estudio fueron las comunicaciones de los medios acerca de un posible riesgo elevado de encefalomielitis miálgica asociado a la administración de la vacuna antimeningocócica B. Se tomó una muestra aleatoria de 889 testigos de la población general, de los cuales 389 participaron en el estudio. Alrededor del 45% de ambos grupos de casos y testigos había recibido la vacuna antimeningogócica, y el estudio no proporcionó ningún indicio de un elevado riesgo de encefalomielitis miálgica asociada a la vacunación (riesgo relativo = 1,06, intervalo de confianza del 95%, 0,67–1,66).

La vacuna de tipo noruego se había utilizado asimismo en Francia, en una pauta de administración de tres dosis, para vacunar a unos 2700 niños de entre 12 meses y 5 años de edad en una región administrativa (el Departamento de Seine-Maritime), tras la incidencia elevada de enfermedad menigocócica que hubo en dicho Departamento. Se advirtió que había sido escasa la experiencia de uso de la vacuna en niños pequeños en los ensayos noruegos. Se envió un cuestionario a los padres de los niños vacunados para determinar los posibles acontecimientos adversos. Una gran proporción de los cuestionarios fueron devueltos y pudieron identificarse 9 acontecimientos adversos graves, 8 de ellos eran casos de púrpura (1 de púrpura trombocitopénica idiopática [PTI], 3 de púrpura de Henoch-Schönlein, 4 de púrpura febril), de los que a su vez 7 ocurrieron tras la segunda dosis vacunal. La totalidad de esos 7 casos había recibido una tercera dosis de vacuna sin que se registraran efectos adversos. El caso de PTI, cuya relación causal con la vacunación no se consideró probable, fue el único que no se recuperó. La significación de los casos de púrpura posvacunales fue difícil de evaluar debido a que no se disponía de información sobre las tasas espontáneas de púrpura en la población general.

La vacuna antimeningocócica B más utilizada ha sido la que se elabora en Cuba. En los últimos 20 años se han administrado más de 55 millones de dosis en ese y otros países de América Latina. Se presentaron al Comité los datos del estudio original de fase III realizado en más de 100 000 personas, en el que no se habían identificado indicios de un exceso de acontecimientos adversos posvacunales de carácter grave en el grupo vacunado. Tampoco se habían comunicado datos de un exceso de acontecimientos de ese tipo durante el uso extenso que se hizo de la vacuna en programas de vacunación de Cuba u otros países de América Latina, aunque la sensibilidad de la vigilancia de los acontecimientos adversos posvacunales graves asociados a dichos usos era dudosa.

El GACVS tomó nota de la existencia de varias vacunas antimeningocócicas en fase de desarrollo, de las cuales por lo menos una estaba muy relacionada con la vacuna administrada en Nueva Zelanda. Aunque sería importante emprender estudios minuciosos sobre la inocuidad de dichas vacunas nuevas, el Comité quedó confortado por la ausencia de indicios de acontecimientos adversos graves atribuibles a la vacuna antimeningocócica B actual, algo que se había examinado de manera particularmente cuidadosa en los estudios neocelandeses y noruegos.

Vacunas contra los rotavirus y enfermedad de Kawasaki

Se presentó al GACVS la última información procedente de los Estados Unidos y la Unión Europea sobre la posible asociación entre la enfermedad de Kawasaki y la administración de vacunas antirretrovíricas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos definen un caso de enfermedad de Kawasaki como una enfermedad que se manifiesta con fiebre, de por lo menos cinco días de duración, y al menos 4 de los 5 signos clínicos siguientes en el paciente: exantema, linfadenopatía cervical (de a 1,5 cm de diámetro como mínimo), hiperemia conjuntival bilateral, alteraciones de la mucosa bucal y alteraciones periféricas en las extremidades. A los pacientes cuya enfermedad no se ajusta a la definición anterior, pero que tienen fiebre y padecen anomalías coronarias, se los considera casos de enfermedad de Kawasaki atípica o incompleta.

La posibilidad de una asociación se había planteado anteriormente a raíz de la observación de una diferencia, que no era estadísticamente significativa, entre vacunados y testigos con respecto al número de casos de enfermedad de Kawasaki (5 casos frente a 1, respectivamente) en los ensayos realizados con la vacuna Rotateq™ antes de que se le concediera la licencia a esta vacuna; por consiguiente, el GACVS había considerado ya la posibilidad de una asociación.3 En junio del 2007, la FDA enmendó la información sobre el producto en los EE.UU. para señalar la existencia de tales casos, dejando en claro que se desconocía la causa de los mismos.

Desde junio del 2007 y hasta el 14 de octubre de ese año, se habían comunicado al VAERS (sistema estadounidense de notificación de acontecimientos adversos), en el contexto de notificaciones estimuladas, 16 casos de enfermedad de Kawasaki (de los cuales 12 fueron confirmados tras el examen correspondiente). La pauta de notificación no había revelado ningún efecto sistemático en cuanto al momento de manifestación de la enfermedad tras la vacuna, que podía variar entre 0 y 54 días después de la administración. Si bien el número de comunicaciones cumplía los criterios de señal, puesto que las notificaciones de enfermedad de Kawasaki son generalmente raras, no se estimó que la pauta general evidenciara signos de causalidad y, de todos modos, aunque no puede descartarse la posibilidad de infranotificación o infravaloración, la tasa por dosis distribuida resultó muy inferior a la tasa espontánea. La tasa comunicada fue de 1,6 por cada 100 000 años-persona, mientras que la tasa espontánea estimada, en los menores de 5 años de edad, era de 17 por cada 100 000 años-persona.

Se estableció un sistema de vigilancia activa en el primer año de vida después de la administración de la vacuna Rotateq™ en el marco del proyecto Vaccine Safety Datalink. Los resultados preliminares indican que no ha habido ningún caso confirmado de enfermedad de Kawasaki tras la administración de más de 125 000 dosis vacunales. Se tiene previsto hacer un esfuerzo adicional para ampliar la vigilancia.

En la Unión Europea, donde la vacuna Rotarix™ goza de licencia y se utiliza, no ha habido notificaciones espontáneas de enfermedad de Kawasaki, pese a que se han administrado cerca de 12 millones de dosis a 6 millones de individuos. En los ensayos clínicos en curso, se ha observado un número levemente superior de casos en los grupos tratados con Rotarix™, pero la diferencia entre esos grupos y los que recibieron el placebo no es estadísticamente significativa. El intervalo transcurrido entre la administración de la vacuna y la aparición de los primeros signos y síntomas de la enfermedad de Kawasaki podía variar entre dos semanas y 19 meses.

El GACVS llegó a la conclusión general de que no había pruebas científicas consistentes de una asociación de causa y efecto, ni motivo alguno para inquietarse. Se deliberó acerca de si había una necesidad urgente de incluir la enfermedad de Kawasaki en las definiciones de caso de la Brighton Collaboration. El GACVS observó que los criterios de la American Heart Association aseguraban una definición clara y que, si bien podía ser útil disponer de una definición de la Brighton, no urgía elaborarla por el momento. Uno de los mayores problemas era que a menudo no se realizaban los análisis necesarios, especialmente en los entornos con pocos recursos, y que, incluso en el contexto de un ensayo clínico, las descripciones de casos solían ser demasiado escasas para decidir si el caso en cuestión era explícito.

Modo de proceder del Comité e información adicional

Además de los artículos publicados en el Parte Epidemiológico Semanal, el alcance de la labor del Comité y las actuaciones, las recomendaciones y las decisiones pasadas, así como el modo de proceder del Comité, se han dado a conocer en el American Journal of Public Health4. El lector hallará más información sobre los temas abordados en este artículo y sobre el mandato del Comité y la labor de los subgrupos de éste en el sitio web del GACVS:http://www.who.int/vaccine_safety/es/index.html

  • Véase el n.º 41, 1999, pp. 337–338.
  • El GACVS invitó a otros expertos a que presentaran datos sobre la inocuidad de la vacuna contra la fiebre amarilla y la asociación de casos notificados de enfermedad viscerotrópica en el Perú; sobre la vacuna contra la hepatitis B y la artritis; sobre una revisión de la inocuidad de la vacuna atenuada contra la encefalitis japonesa; sobre la inocuidad de la vacunación en las personas inmunodeprimidas; sobre una revisión de la fisiopatología del síndrome de Guillain-Barré tras la vacunación; sobre la inocuidad de las vacunas antimeningocócicas B y sobre la enfermedad de Kawasaki en relación con el uso de las vacunas antirrotavíricas. Según la reunión en cuestión, participaron expertos del Instituto noruego de salud pública, la Facultad de Medicina de la Universidad de Tejas, la Agence française de sécurité sanitaire des produits de santé, el Instituto Finlay de Cuba, el Departamento de neurociencia clínica del King’s College de Londres, el Centro de investigación sanitaria de Atlanta (Georgia, Estados Unidos), la Universidad de KwalaZulu-Natal, la Dirección general coreana de fármacos y alimentos, el Ministerio de sanidad de Nueva Zelanda, el Centro de farmacovigilancia de Nueva Zelanda, el Programa Appropriate Technology in Health, el Centro médico universitario de Ginebra, los Centros para el control y la prevención de enfermedades de los Estados Unidos, la Dirección General de Fármacos y Alimentos de los EE. UU. (FDA) o la Agencia Europea de Evaluación de los Medicamentos (EMEA).
  • Véase el n.º 28/29, 2007, pp. 252–259.
  • A global perspective on vaccine safety and public health: the Global Advisory Committee on Vaccine Safety. American Journal of Public Health, 2004, 94:1926–1931.
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