Seguridad de la vacuna antiamarílica
Aparece en el Reporte epidemiológico semanal (WER) del 16 de enero de 2004:
En los Estados Unidos y en otros países se han dado casos de formas viscerotropas de la enfermedad tras la vacunación contra la fiebre amarilla y, según los datos disponibles actualmente, estos casos se debieron al virus de tipo vacunal y no a la reversión del virus vacunal a su forma natural. A diferencia de las complicaciones viscerotropas de la vacunación antiamarílica, los casos notificados de la forma neurotropa de la enfermedad ocurridos en los Estados Unidos no han tenido un desenlace mortal. Los casos de la forma neurotropa se presentaron como SGB (cuyo origen se considera inmunitario), encefalopatía (causada según se cree por una invasión activa del sistema nervioso central por el virus) o encefalomielitis desmilienizante aguda (cuya causa se atribuye bien a una invasión directa del cerebro por el virus o a una reacción inmunitaria ante la presencia del virus). Todos los casos de la forma viscerotropa de la enfermedad notificados hasta la fecha se han producido en personas vacunadas por vez primera, apareciendo entre 2 y 5 días después de la vacunación. No puede determinarse si esto se debe a la persistencia en el momento de la revacunación de inmunidad adquirida anteriormente o a las menores tasas de revacunación en las poblaciones estudiadas. La tasa de formas viscerotropas notificada varía en función de las circunstancias, habiéndose notificado una tasa inferior en Brasil que en los Estados Unidos. El GACVS considera que sería de gran interés examinar la posibilidad de que el virus de la fiebre amarilla presente de forma natural en regiones endémicas pueda ser responsable de algunas de estas diferencias de riesgo.
El riesgo de complicaciones viscerotropas de la vacuna antiamarílica es función de la edad: las personas de 65 años o más vacunadas por vez primera están expuestas a un riesgo considerablemente mayor que las más jóvenes (si bien también éstas están sometidas a cierto riesgo). Pruebas recientes obtenidas en los Estados Unidos apuntan también a un riesgo mayor de formas neurotropas de la enfermedad en los vacunados de mayor edad. Se necesita una mejor estimación del riesgo de padecer ambos tipos de complicaciones graves de la vacuna antiamarílica, así como una determinación más exacta de los grupos de personas con más riesgo de sufrir estas complicaciones y de los factores predisponentes. Al comunicar estos riesgos, debe tenerse en cuenta la necesidad de resaltar los factores que potencialmente influyen en las estimaciones del riesgo basadas en los datos actualmente disponibles, como la edad o la sensibilidad de los sistemas de vigilancia. Debe ponerse especial esmero en asegurar que sólo se administra la vacuna antiamarílica a los viajeros que verdaderamente presentan riesgo de exposición a la fiebre amarilla. Además, debe procurarse no hacer peligrar los programas de vacunación antiamarílica debido a una evaluación de los riesgos y las ventajas que puede no ser aplicables en las poblaciones destinatarias en los países endémicos.
Una cuestión crítica aún no resuelta es la seguridad y eficacia de la vacuna antiamarílica en las personas infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Está por determinar si la condición de VIH-positivo afecta materialmente a la seroconversión, cuál es el riesgo de invasión del sistema nervioso y de encefalopatía, en qué fase de la infección por el VIH está contraindicada la vacuna antiamarílica y si existen diferencias en la incidencia de efectos adversos menores y mayores en los seropositivos.