Sexagésimo aniversario de la OMS

Mensaje de la Directora General

Hace 60 años, cuando se fundó la OMS, la salud pública afrontaba la tarea colosal de restaurar los servicios básicos de salud de un mundo gravemente afectado por los destrozos de la guerra. En parte, las primeras actividades eran respuestas de urgencia a situaciones de emergencia: proporcionar medicamentos y vacunas, contener los brotes, y socorrer a los refugiados. Al mismo tiempo, la OMS era plenamente consciente de la función más amplia que habían previsto para ella sus fundadores: facilitar un mecanismo a través del cual todos los países del mundo pudieran colaborar en el empeño de mejorar la salud.

OMS

Rápidamente, la OMS sentó los cimientos de esa colaboración y mostró sus múltiples beneficios. Fruto de esa colaboración fueron el establecimiento de patrones de calidad uniformes para los medicamentos y los productos biológicos, un sistema de denominaciones genéricas para los productos farmacéuticos, estadísticas y datos de investigación comparables a escala internacional, y un sistema universal de clasificación de las causas de enfermedad, traumatismos y defunciones. Asimismo, supuso una protección frente a la propagación internacional de las enfermedades, y propició el acuerdo entre expertos acerca de las mejores prácticas para el manejo de gran cantidad de problemas de salud.

El compromiso con los principios de la equidad y la justicia social estuvo presente desde el inicio. A través de la colaboración internacional en favor de la mejora de la salud, la OMS hizo lo posible por que prevalecieran el consenso y la buena voluntad. Tal y como señaló en aquellos días Brock Chisholm, primer Director General de la OMS: «Las diferencias políticas, sociales y económicas no tienen sentido cuando está en juego la salud de la población». También eso sentaría los cimientos de un objetivo capital: llevar las ventajas de la buena atención de salud hasta las poblaciones pobres y marginadas. El camino a seguir se articuló claramente en la Declaración de Alma-Ata, que supuso el lanzamiento del movimiento de Salud para Todos, hace 30 años.

Los problemas que afronta la salud pública han cambiado profundamente. En el mundo de hoy, estrechamente interdependiente e interconectado, los problemas sanitarios son cada vez más consecuencia de unas mismas, poderosas, fuerzas, que generan amenazas universales. Los cambios sufridos por el modo en que la humanidad habita el planeta han favorecido la emergencia de enfermedades nuevas y acelerado su propagación internacional. Los cambios de los modos de vida han alimentado un aumento alarmante de las enfermedades crónicas a escala mundial. Está cambiando el clima, con profundas consecuencias para la salud. Enfermedades altamente mortíferas tales como el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria siguen sin estar controladas. Se han acelerado los avances médicos, pero demasiadas personas han quedado a la zaga. Las desigualdades en los resultados sanitarios, tanto entre países como dentro de ellos, siguen ampliándose. Nunca antes habían sido tan grandes los beneficios potenciales de la colaboración internacional.

A lo largo de los años, la OMS ha demostrado una y otra vez el poder de la colaboración, con éxitos que van desde la erradicación de la viruela hasta el desarrollo de instrumentos que han simplificado y racionalizado la protección de la salud pública. El éxito ha llevado a fijar metas más ambiciosas. Por encima de todas, los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud expresan la voluntad colectiva de que los beneficios de los progresos médicos se distribuyan más uniformemente, ambición que refleja el espíritu de la Declaración de Alma-Ata.

La OMS es hoy una institución madura, que se adentra en su séptimo decenio de existencia plenamente consciente de los retos pendientes, y reforzada por el optimismo que la ha caracterizado desde su origen. La OMS goza de un apoyo sin precedente, desde el que le prestan los ministros de salud de 193 países y sus oficinas regionales y en los países, hasta el que recibe de la multitud de sus asociados. A mi entender, la OMS está bien equipada para sobresalir en el desempeño de la función sin par que se le encomendó hace 60 años, esto es, servir de mecanismo por el cual todos los países colaboren en el empeño común de mejorar la salud, motivados por el consenso y la buena voluntad.

Dra. Margaret Chan
Directora-General
Organización Mundial de la Salud

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