Informe sobre la salud en el mundo

Mensaje del Director General

¿Qué determina que un sistema de salud funcione bien? ¿Qué determina que un sistema de salud sea equitativo? ¿Cómo podemos saber si el desempeño de un sistema de salud es el mejor posible? Estos inter-rogantes son objeto de debate público en la mayoría de los países en todo el mundo.

Naturalmente, la respuesta dependerá de la perspectiva personal. El ministro de salud que defiende su presupuesto en el parlamento; el ministro de finanzas que intenta lograr un compromiso entre las muchas demandas que inciden en el erario público; un director de hospital preocupado por la falta de camas; el médi-co o la enfermera de un centro de salud que acaba de quedarse sin antibióticos; un redactor en busca de noti-cias; una madre que pide tratamiento para su hijo de dos años; un grupo de presión que trata de obtener me-jores servicios, todos ellos tendrán su propia opinión. Nosotros, la Organización Mundial de la Salud, tene-mos que ayudar a todos los implicados a formarse un juicio equilibrado.

Cualquiera que sea el criterio adoptado, es indudable que los sistemas de salud de algunos países fun-cionan bien, mientras que otros funcionan mal. Ello se debe no sólo a diferencias en los ingresos o los gas-tos, pues el desempeño puede variar considerablemente incluso entre países con niveles muy similares de gasto sanitario. La manera de concebir, gestionar y financiar los sistemas de salud influye en la vida y en los medios de subsistencia de la gente. La diferencia entre un sistema de salud eficaz y otro deficiente puede medirse en función de los niveles de mortalidad, discapacidad, empobrecimiento, humillación y desespera-ción asociados.

Cuando asumí el cargo de Directora General, en 1998, uno de mis principales intereses era que el de-sarrollo de los sistemas de salud adquiriese progresivamente un mayor protagonismo en la labor de la OMS. Opinaba asimismo que, si bien nuestro trabajo en este terreno debe ser coherente con los valores de la salud para todos, nuestras recomendaciones deben estar dictadas por datos convincentes, no por ideología alguna. Este informe es fruto de ese planteamiento. Espero que su publicación marque un hito en el campo del desa-rrollo de los sistemas de salud. Mejorar el desempeño de los sistemas de salud en todo el mundo constituye la razón de ser de este informe.

Hemos afrontado el reto de comprender mejor los factores que han de permitir cambiar la situación, y ello no ha sido fácil. Hemos analizado cómo debería definirse un sistema de salud para ampliar nuestro ám-bito de interés más allá del suministro de servicios de salud públicos y personales, para abarcar otros sectores clave de las políticas públicas que inciden en la salud de la gente. En el informe se sugiere que los sistemas de salud deben abarcar todas las acciones cuyo objetivo primordial es mejorar la salud.

El informe abre nuevos caminos para ayudarnos a entender las metas de los sistemas de salud. El ob-jetivo que los define es sin duda la mejora y la protección de la salud, pero hay otras metas que también les son connaturales. Así, es importante la equidad en las formas de pago de la asistencia sanitaria, así como la capacidad de los sistemas para responder adecuadamente a las expectativas de la gente respecto a su trata-miento. En lo que atañe a la salud y la capacidad de respuesta, el logro de un alto nivel medio de atención no es suficiente, ya que una de las metas del sistema de salud ha de ser también reducir las desigualdades, de manera que mejore la situación de los más desfavorecidos. En el informe, los logros en relación con esos objetivos proporcionan la base para medir el desempeño de los sistemas de salud.

Para poder actuar basándose en las mediciones del desempeño, los formuladores de políticas tienen que comprender cabalmente las funciones clave que han de cumplir los sistemas de salud. En el informe se definen cuatro funciones clave: la prestación de servicios; la generación de recursos humanos y físicos que hagan posible esa prestación de servicios; la obtención y puesta en común de los recursos necesarios para pagar la atención sanitaria; y, lo más importante, la rectoría, esto es, la función de establecer las reglas del juego e imponer su cumplimiento, proporcionando orientación estratégica a los distintos actores implicados.

No cabe duda de que muchos de los conceptos y medidas empleados en el informe han de perfeccio-narse y desarrollarse aún más. Hasta la fecha, nuestra comprensión de los sistemas de salud se ha visto difi-cultada por la fragilidad de los sistemas de información sistemática y por la insuficiente atención prestada a las investigaciones. El informe ha obligado a realizar un gran esfuerzo para reunir datos, obtener más infor-mación y llevar a cabo el trabajo requerido de análisis y síntesis. Se ha recabado además la opinión de mu-chas personas, dentro y fuera de la OMS, respecto a la interpretación de los datos y la importancia relativa de las distintas metas.

Los datos aportados no permiten responder de forma definitiva a todos los interrogantes sobre el des-empeño de los sistemas de salud. Sin embargo, el informe reúne los mejores datos obtenidos hasta la fecha, y demuestra que, pese a la complejidad del tema y a las limitaciones de los datos, es posible elaborar un es-quema razonablemente aproximado de la situación actual, y trazar a partir de ahí un estimulante programa de actividades para el futuro.

Confío en que el informe contribuirá a los trabajos que han de realizarse para determinar la manera de evaluar y mejorar los sistemas de salud. La evaluación del desempeño permite a los formuladores de políti-cas, los dispensadores de asistencia y la población en general interpretar su situación en el contexto de los arreglos sociales que hayan establecido para mejorar la salud. Además, el informe invita a reflexionar sobre las fuerzas que determinan el desempeño y las medidas que podrían mejorarlo.

Para la OMS, el Informe sobre la salud en el mundo 2000 es un hito en un proceso a largo plazo. La medición del desempeño de los sistemas de salud será en adelante una aportación regular de todos los Infor-mes sobre la salud en el mundo, para la que se emplearán todos los datos y métodos mejorados y actualiza-dos de que se vaya disponiendo. Aunque estamos sólo empezando a comprender lo que es de hecho una compleja trama de interaccio-nes, se distinguen ya claramente algunas conclusiones relevantes:

  • La responsabilidad última del desempeño del sistema de salud de un país incumbe al gobierno. La gestión atenta y responsable del bienestar de la población - rectoría - es la esencia de un buen go-bierno. La salud de la población es siempre una prioridad nacional, y el gobierno tiene en ello una responsabilidad continua y permanente.
  • Considerando estrictamente lo invertido en salud, muchos países están por debajo de su potencial de desempeño. El resultado es un elevado número de defunciones prevenibles y de vidas lastradas por algún tipo de discapacidad. Las consecuencias de ese fracaso recaen desproporcionadamente sobre los pobres.
  • El objetivo de los sistemas de salud no es sólo mejorar la salud de la población, sino también pro-tegerla contra los costos financieros de la enfermedad. El reto que afrontan los gobiernos de los países de bajos ingresos consiste en reducir la carga regresiva que suponen los pagos directos por la atención sanitaria, ampliando para ello los planes de prepago, que diluyen el riesgo financiero y atenúan la amenaza de los gastos sanitarios catastróficos.
  • En los gobiernos, muchos ministerios de salud se centran en el sector público y no prestan atención a la financiación y la asistencia privadas, a menudo mucho más importantes. Un desafío creciente para los gobiernos consiste en aprovechar la energía de los sectores privado y benévolo para mejo-rar el desempeño de los sistemas de salud, compensando al mismo tiempo los fallos de la iniciativa privada.
  • La rectoría consiste en última instancia en supervisar la totalidad del sistema, evitando la miopía, la estrechez de miras y el error de hacer la vista gorda ante los fallos detectados. El informe aspira a facilitar esa tarea trayendo al primer plano nuevas pruebas científicas.

En conclusión, espero que el informe ayude a los formuladores de políticas a tomar decisiones juicio-sas. Si lo consiguen, todos los países tendrán a su alcance mejoras sustanciales, y los pobres serán los prin-cipales beneficiarios.

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