Informe sobre la salud en el mundo

Capítulo 2: Objetivos de Salud del Milenio: caminos hacia el futuro


Progresos y perspectivas

Pese al consenso político y al compromiso explícito de países del mundo entero, los ODM no se cumplirán si se sigue avanzando al ritmo actual.

En el Informe sobre el Desarrollo Humano 2003 se señala que «si el progreso mundial continúa al mismo ritmo que en los noventa, tan sólo los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la pobreza de ingresos y el porcentaje de personas que carecen de acceso a agua potable tendrán posibilidades de realizarse, principalmente gracias a China y la India. [...] Los países al sur del Sáhara no alcanzarían los objetivos de pobreza hasta el año 2147, y en lo que respecta al VIH/SIDA y el hambre, la tendencia en esta región es a aumentar, en lugar de disminuir». El informe indica asimismo que, al ritmo actual, esta región no logrará reducir para 2165 la mortalidad en la niñez en dos tercios. Aunque en algunas esferas existen motivos para el optimismo, en general los pronósticos, sobre todo para el África subsahariana, son sombríos. Incluso en los países donde se observan avances globales, es posible que la brecha entre ricos y pobres en lo referente al estado de salud se esté ampliando (véase el recuadro 2.1).

Recuadro 2.1 Progresos hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio: el caso de Uganda

Figura 2.1
Figura 2.1

Muchos países subsaharianos están luchando para alcanzar los ODM, pero hay algunos países de la Región de África de la OMS que han conseguido ya espectaculares resultados (10,11).

Uganda, por ejemplo, recortó drásticamente los niveles de pobreza en los años noventa, y si la actual tendencia se mantiene alcanzará la meta de reducción de la pobreza. Sin embargo, puede que se necesiten políticas económicas específicamente dirigidas a los pobres para conseguir distribuir los beneficios del crecimiento económico más homogéneamente entre ricos y pobres, sobre todo en las zonas rurales. Además, es necesario relanzar el propio crecimiento económico mediante iniciativas de diversificación económica. En lo que respecta al control de la propagación del VIH, los progresos de Uganda han sido mucho más rápidos de lo que se requería para alcanzar la meta ODM (figura A).

Los progresos con miras a reducir la mortalidad entre los menores de cinco años también han sido sustanciales. No obstante, es importante desglosar los datos sobre la mortalidad en esa franja de edad si queremos entender el impacto de los distintos grupos socioeconómicos. Como se indica en la figura B, las diferencias entre los sectores más rico y más pobre de la población aumentaron a mediados de los años noventa. Si bien los más ricos vieron mejorada su situación en coherencia con los ODM, en el caso de los hogares más pobres no se observaron grandes progresos. Dado que los pobres representan más de la tercera parte de la población de Uganda, la aplicación de un enfoque «de abajo arriba» centrado en abordar primero las necesidades de los quintiles inferiores permitiría alcanzar antes de lo previsto la meta ODM de mortalidad de menores de cinco años.

Hay consenso general en que reducir la mortalidad en la niñez en dos tercios antes de 2015 es, de todos los objetivos relacionados con la salud, el que más lejos se está de alcanzar. La mortalidad de lactantes y niños es el indicador de desarrollo más complejo, pues se considera que incluye tanto factores sistémicos como socioeconómicos y culturales (véase el recuadro 2.2). Aunque, en términos generales, es posible que América Latina, Asia central, el Caribe y Europa, algunos países de la Región del Mediterráneo Oriental y el África septentrional estén logrando avances más o menos importantes, en cada una de estas regiones hay varios países que van a la zaga. Algunos países de la Región de Asia Sudoriental acusan retrasos, y el África subsahariana, como ya se ha señalado antes, tiene pocas probabilidades de alcanzar el citado objetivo antes de la segunda mitad del siglo que viene. Si las tendencias generales se mantienen, la mortalidad mundial de niños menores de cinco años se reducirá en el periodo 1990--2015 en aproximadamente una cuarta parte, lo que dista mucho del objetivo de hacerla disminuir en dos tercios. Aunque en algunas partes de África cabe achacar la falta de avances al incremento de los casos de transmisión del VIH de la madre al niño, en la mayoría de los países la causa fundamental es la falta de inversión, problema éste que viene arrastrándose desde hace tiempo. Esto se aplica tanto a los esfuerzos encaminados a hacer disminuir la malnutrición como a los dirigidos a alcanzar la plena cobertura de las intervenciones que tienen por objeto reducir la mortalidad atribuible a la diarrea, a la neumonía, a enfermedades prevenibles mediante vacunación, a la malaria o a causas perinatales.

Recuadro 2.2 Supervivencia infantil: convertir los conocimientos en acción

Pese a los progresos de las últimas décadas, cada año mueren aún en todo el mundo más de 10 millones de niños. El número de niños y adolescentes fallecidos en 2002 duplica la cifra total de defunciones de adultos por SIDA, tuberculosis y malaria combinados. Todas esas defunciones, exceptuando sólo en torno a un 1%, se producen en los países en desarrollo, y más de la mitad se deben a malnutrición, neumonía, diarrea, sarampión, malaria y VIH/SIDA. Existen intervenciones eficaces de bajo costo que permiten prevenir al menos dos de cada tres de esas muertes. Algunas de ellas son preventivas, como por ejemplo la lactancia materna, los materiales tratados con insecticida, la alimentación complementaria, el zinc, los suplementos de vitamina A, una mejor asistencia al parto y las inmunizaciones; otras implican alguna forma de tratamiento, como la terapia de rehidratación oral, los antibióticos para casos de septicemia y neumonía, los antimaláricos y la reanimación de recién nacidos. El reto que se plantea es hacer llegar esas intervenciones que salvan vidas a los niños que más las necesiten.

A fin de multiplicar las intervenciones eficaces en pro de la salud infantil, habrá que prestar más atención a la salud de los recién nacidos y a la aplicación de un enfoque integrado y amplio de la salud infantil a nivel de país.

Si bien en lo que atañe a la mortalidad en la niñez se han logrado importantes progresos durante los últimos 10 años, la mortalidad entre los recién nacidos apenas ha mejorado. Cada año, casi cuatro millones de lactantes mueren antes de cumplir su primer mes de vida. La mayoría de las defunciones de neonatos son el resultado de un mal estado sanitario y nutricional de la madre, de una atención inexistente o de baja calidad durante el embarazo y el parto, y de las insuficiencias de la atención básica prestada a los niños sanos y el manejo de los lactantes enfermos. Es necesario adoptar urgentemente medidas para mejorar la salud y la supervivencia de los recién nacidos y sus madres. Unos servicios de maternidad de alta calidad, incluida la intervención de parteras cualificadas en el parto, pueden salvar la vida tanto de muchos recién nacidos como de sus madres. La lactancia materna precoz y exclusiva protege la vida de los neonatos. Un metanálisis reciente ha revelado que niños del Brasil, Filipinas y el Pakistán a los que no se amamantó tenían una probabilidad 5,8 veces mayor de morir antes de cumplir un mes que los niños que se habían alimentado al menos parcialmente con leche materna (12). Debería asegurarse la presencia de una partera cualificada en todos los partos, el control de las infecciones de los recién nacidos, el apoyo a la lactancia materna exclusiva y la identificación de las complicaciones. Y en caso necesario los lactantes deberían ser derivados urgentemente a niveles superiores del sistema asistencial.

Es preciso que los programas de salud infantil, lejos de limitarse a enfermedades concretas, aborden la salud general y el bienestar de los niños. Basándose en la experiencia de la Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia (AIEPI), la OMS y diversos asociados están desarrollando un marco sencillo pero amplio que orientará a los países en la aplicación y extensión masiva de intervenciones eficaces de salud infantil. Dicho marco abarca cinco componentes:

  • Análisis de la situación para evaluar las variables específicas del país o el contexto, como la carga de enfermedades infantiles, el estatus socioeconómico, la infraestructura, la capacidad del sistema sanitario, los recursos disponibles, la estabilidad política y la previsibilidad del futuro de las inversiones.
  • Desarrollo y formulación de una política nacional concisa de salud infantil con orientaciones estratégicas centradas en los resultados.
  • Identificación de un conjunto de intervenciones demostradamente costoeficaces de salud infantil.
  • Extensión masiva de las intervenciones mediante un enfoque doble: aumentar la eficiencia del sistema sanitario para atender a más niños, e implicar más estrechamente a las familias y las comunidades en la prevención de enfermedades y el cuidado de los niños enfermos.
  • Monitoreo permanente para orientar la adopción de decisiones a nivel operativo y ayudar a los países y los asociados a medir los progresos.

La mortalidad materna ofrece un panorama parecido, con una brecha similar entre, por un lado, el Asia meridional y el África subsahariana y, por otro, el resto del mundo. Las probabilidades, a lo largo de la vida, de morir por causas relacionadas con el embarazo son 100 veces mayores en los países más pobres que en los más ricos. Uno de los indicadores de progreso, la proporción de partos atendidos por personal cualificado, está aumentando lentamente, a partir de un nivel muy bajo, en algunas partes de la Región de Asia Sudoriental, mientras que en el África subsahariana se ha estancado. Sólo una mejora drástica de la calidad y la cobertura de los servicios de salud podría influir significativamente en el logro de avances hacia este objetivo (véase el recuadro 2.3).

Recuadro 2.3 Lucha contra la mortalidad materna: reducir los riesgos del embarazo

Para más de 30 millones de mujeres cada año, el embarazo y el parto acarrean sufrimientos innecesarios, problemas de salud o incluso la muerte. Más de medio millón de mujeres fallecen cada año de resultas de complicaciones relacionadas con el embarazo, el 99% de ellas en los países en desarrollo. Sin embargo, la mayoría de las defunciones y discapacidades maternas podrían evitarse mediante unos servicios de salud de mayor calidad y una buena nutrición materna.

De todas las estadísticas sanitarias, las correspondientes a la mortalidad materna muestran algunas de las mayores disparidades entre los países en desarrollo y los desarrollados. El riesgo a lo largo de la vida de fallecer por causas maternas es en el África subsahariana de 1/16, frente a 1/160 en América Latina y 1/4000 en Europa occidental. En los países pobres, nada menos que un 30% de las defunciones registradas entre las mujeres en edad fecunda (15--49 años) pueden deberse a causas relacionadas con el embarazo, en comparación con una frecuencia de menos del 1% en América del Norte, Australia, Europa, el Japón y Nueva Zelandia.

Cada defunción materna es una tragedia. Todos los años, millones de niños quedan huérfanos de madre, y se estima que un millón de ellos fallecen como consecuencia de ese hecho. Los niños que sobreviven a la muerte de su madre rara vez llegan a cumplir un año, y el riesgo de defunción de los menores de cinco años se duplica cuando la madre fallece en el parto.

Aunque las causas de la alta morbilidad materna y perinatal y las medidas para prevenirla y tratarla son bien conocidas, los progresos siguen siendo lentos en muchos países. Sin embargo, algunos países -- a veces muy pobres -- han tenido éxito en lo que respecta a reducir la mortalidad materna. La mortalidad materna y neonatal puede reducirse considerablemente mediante intervenciones de salud materna basadas en la evidencia, confiables, costoeficaces y factibles incluso en entornos pobres.

Mediante su iniciativa Reducir los Riesgos del Embarazo, la OMS colabora con los países para lograr sus objetivos de maternidad sin riesgo. La idea fundamental de la iniciativa es aumentar la proporción de embarazos y partos asistidos por personal sanitario cualificado. Para las instancias decisorias nacionales, las necesidades más importantes con miras a mejorar la salud materna se concretan en:

  • Promover la introducción de reformas jurídicas y la movilización de la comunidad para lograr que las mujeres tengan acceso a una atención adecuada durante el embarazo, el parto y el puerperio.
  • Formular e implementar planes para formar y desplegar a un número suficiente de trabajadores sanitarios cualificados, proporcionándoles suministros y equipo básicos y asegurando su presencia en las comunidades pobres y rurales.
  • Velar por que todas las mujeres y sus recién nacidos tengan acceso a atención especializada de calidad, que incluya atención prenatal, asistencia en el parto, atención obstétrica de urgencia, atención puerperal, atención del recién nacido, manejo de las complicaciones del aborto y atención postaborto, servicios de planificación familiar, educación y servicios de salud reproductiva para las adolescentes, y también la posibilidad de someterse a un aborto en condiciones seguras, allí donde esa operación sea legal.
  • Asegurar que la cobertura y el uso de los servicios de salud materna sean objeto de monitoreo, y que los hallazgos en ese sentido se utilicen para reforzar las futuras actividades y mejorar la calidad de la asistencia.
  • Reforzar las redes de investigación y la difusión de los resultados más importantes para mejorar la planificación y la adopción de decisiones en relación con las intervenciones más trascendentales.

La pandemia mundial de VIH/SIDA sigue empeorando; más del 70% de todas las infecciones se concentran en el África subsahariana. Actualmente hay unos 40 millones de personas afectadas por el SIDA, cada año se producen más de cinco millones de nuevas infecciones, y en 2002 esta enfermedad se cobró la vida de casi tres millones de personas. Los progresos actualmente se evalúan (a los efectos de hacer un seguimiento del Objetivo 6) en función de la reducción de la prevalencia del VIH entre mujeres embarazadas de 15--24 años (que en algunas ciudades africanas está empezando a disminuir), la reducción del número de huérfanos del VIH/SIDA (que, según se prevé, se va a duplicar para 2010), y el aumento en la utilización de preservativos entre los jóvenes de 15--24 años. Algunos países podrían alcanzar el objetivo de reducir la propagación del SIDA para 2015, pero, también en este caso, sólo si hay un incremento sin precedentes de los esfuerzos desplegados en las regiones más afectadas.

Otras previsiones similares ensombrecen asimismo los demás objetivos e indicadores relacionados con la salud, a saber, los referentes a la tuberculosis y la malaria, el mejoramiento de los recursos hídricos, la prestación de mejores servicios de saneamiento y el uso de combustibles sólidos (como indicador de la contaminación del aire en espacios cerrados). Aunque en algunos países sólo se han logrado avances limitados, existen importantes diferencias en cuanto al nivel de progreso entre las regiones y entre los países y también en el interior de unas y otros. Así, por ejemplo, destacan las variaciones en el suministro de medicamentos esenciales: la OMS estima que el 91% de la producción mundial de productos farmacéuticos es consumido por un 15% de la población mundial (en términos de valor). Los avances globales vienen condicionados por lo que ocurre en los países más grandes del mundo, como China y la India. La consecución de los ODM relacionados con la salud requiere, ante todo, que de aquí a 2015 se asegure un nivel de compromiso y esfuerzo mucho más elevado que el que se ha podido observar desde el inicio de la cuenta atrás, en 1990.