Informe sobre la salud en el mundo

Capítulo 4: Erradicación de la poliomielitis: el desafío definitivo


Una nueva clase de alianza

Hace 20 años, cuando cobró impulso el interés internacional por una iniciativa mundial de erradicación de la poliomielitis, la experiencia con iniciativas sanitarias internacionales de gran escala y con alianzas era limitada. Sin embargo, a mediados de los años ochenta, cuando un número cada vez mayor de países de América del Sur, en particular el Brasil, aplicaban con éxito el modelo cubano de campañas masivas y vigilancia intensiva para controlar la poliomielitis, comenzó a surgir una nueva clase de alianza con esta finalidad común.

Para 1988, año en el cual la Asamblea Mundial de la Salud se pronunció a favor de una iniciativa mundial para erradicar la poliomielitis (3), cuatro organismos habían empezado a formar el núcleo de la «alianza contra la poliomielitis»: la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Rotaria Internacional, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC). En el transcurso de los 15 años siguientes, la alianza contra la poliomielitis creció hasta convertirse en una extensa red de gobiernos nacionales, organismos internacionales, empresas privadas, fundaciones, donantes bilaterales, organizaciones humanitarias, organizaciones no gubernamentales y bancos de desarrollo. El trabajo de la alianza sigue regido por un plan estratégico común de varios años y supervisado por comités técnicos internacionales a nivel de país, regional y mundial. La estrecha relación entre las autoridades sanitarias nacionales y esta alianza internacional fue decisiva para extender masivamente con gran rapidez las actividades de erradicación a mediados de los años noventa, cuando la iniciativa empezó a tomar como base el impulso temprano de la Región de las Américas y la Región del Pacífico Occidental y extendió sus actividades a todos los países de todas las regiones. A fines del decenio se llegaba regularmente a más de 500 millones de niños con vacuna antipoliomielítica oral gracias a los esfuerzos de 10 millones de voluntarios en todos los países de ingresos bajos y medianos del mundo.

Desde el principio, esta alianza procuró incorporar una nueva eficiencia en el apoyo internacional a los esfuerzos de salud nacionales. Se inspiraba en gran medida en estrategias y procesos de gestión establecidos por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en sus actividades encaminadas a la eliminación regional de la poliomielitis. Esta meta se alcanzó en 1991, cuando un joven peruano llamado Luis Fermín Tenorio se convirtió en el último niño paralizado por un poliovirus salvaje en la Región de las Américas. La alianza mundial adoptó la estrategia cuádruple de la OPS, de reconocida eficacia: cobertura alta con vacunación antipoliomielítica sistemática, días nacionales de inmunización contra la poliomielitis, vigilancia y estudio de laboratorio de los casos de parálisis fláccida aguda (PFA), y campañas masivas «de barrido» de casa en casa (4). El mecanismo de comités coordinadores interinstitu-cionales de la OPS reunía las aportaciones de los socios a nivel de país para asegurar que hubiera recursos suficientes, promoviendo al mismo tiempo una presupuestación transparente y medidas de eficiencia. Los comités coordinadores interinstitucionales, convocados regularmente por los ministerios de salud nacionales, velaban por que las autoridades nacionales estuvieran siempre en el centro de las principales decisiones relativas a la aplicación de la estrategia. La alianza mundial también pone de relieve la participación de las instancias políticas más altas en los países tanto donantes como endémicos.