Informe sobre la salud en el mundo

Capítulo 4: Erradicación de la poliomielitis: el desafío definitivo


Movilización de recursos humanos

Un firme compromiso político y recursos sustanciales tanto financieros como en especie son esenciales para el éxito de la iniciativa de erradicación de la poliomielitis, pero no bastan. Estos dos elementos han tenido que complementarse con personal suficiente para aplicar las estrategias de erradicación en cada rincón del mundo. Mientras que los países de ingresos altos y medianos altos generalmente están en condiciones de tener servicios de salud suficientemente fuertes para aplicar las estrategias de erradicación, la grave deficiencia de recursos humanos para la salud, en particular en los países de bajos ingresos y de ingresos medianos bajos con mayor carga de poliomielitis, pone en peligro el éxito de todo el esfuerzo mundial.

El número, la combinación y la distribución del personal necesario para eliminar la poliomielitis de los países difieren según las actividades. Las que requieren mayor intensidad de mano de obra son las actividades suplementarias de inmunización masiva, limitadas en el tiempo, como los días nacionales de inmunización y las campañas de «barrido». Las que requieren mayor capacitación son la vigilancia de las enfermedades y las actividades de laboratorio continuas. En general, se ha respondido con enfoques diferentes a las necesidades de recursos humanos muy diferentes de cada una de esas actividades.

El número de personas que se necesitan para llevar a la práctica los días nacionales de inmunización es extraordinario. Como se señala más arriba, unos 10 millones de voluntarios y trabajadores de salud inmunizaron a 575 millones de niños en el marco de las actividades de erradicación de la poliomielitis en 2001. Dos componentes fundamentales de los días nacionales de inmunización resultaron decisivos para colmar la brecha entre el número de vacunadores capacitados existente en un país y el número necesario para los días nacionales de inmunización. Primero, como en los días nacionales de inmunización sólo había que administrar 2 gotas de vacuna antipoliomielítica oral a cada niño y registrar el número de niños inmunizados, después de 1--2 horas de capacitación los voluntarios de la comunidad podían prestar el servicio sin riesgos. Segundo, dada la limitación temporal de los días nacionales de inmunización, los voluntarios estuvieron dispuestos a participar y otros ministerios de gobierno, organizaciones no gubernamentales y asociados del sector privado pudieron cubrir los costos de oportunidad en que incurrieron con la participación de su personal. En consecuencia, para las autoridades sanitarias nacionales y subnacionales y la alianza contra la poliomielitis el reto principal pasó a ser la movilización, la capacitación, el equipamiento y la gestión de esos recursos humanos. Dada la escala de esta gran movilización, siempre que fuera factible y seguro se procuró incluir otras intervenciones en los días nacionales de inmunización; se ha calculado que la administración de suplementos de vitamina A en los días nacionales de inmunización antipoliomielítica permitió prevenir 1,25 millones de defunciones de niños (9).

La vigilancia de alta calidad necesaria para coordinar las actividades suplementarias de inmunización y seguir de cerca sus repercusiones requirió una respuesta diferente en materia de recursos humanos. Se necesitaron muchas menos personas que para los días nacionales de inmunización, pero con una capacitación mucho mayor para identificar casos de PFA, así como para notificar, investigar y responder en consecuencia (4). Además, tenían que estar disponibles de manera continua. En consecuencia, la alianza contra la poliomielitis pasó a colaborar con las autoridades nacionales para ampliar y fortalecer donde fuera posible la infraestructura nacional de vigilancia existente. Donde no había una infraestructura satisfactoria, los asociados colaboraron con las autoridades nacionales para establecer una vigilancia de la PFA. En cada país, la estrategia adoptada para colmar el déficit de recursos humanos dependió de la estrategia nacional más amplia de fortalecimiento de los servicios de salud. En algunos países, el personal de vigilancia recibió sueldos del Estado mientras que los gastos de funcionamiento, incluidos los vehículos y el equipo, se sufragaron con fondos internacionales. En otros países, los asociados complementaron los sueldos nacionales para que se contratara a personal altamente capacitado. En otros, la OMS y los gobiernos establecieron y aplicaron un programa de vigilancia conjunta. Además, la OMS contrató a nivel nacional e internacional y desplegó a casi 1500 personas para que prestaran asistencia técnica y realizaran actividades de vigilancia en las áreas con menos capacidad.

Mediante esta combinación de estrategias y enfoques para cubrir el déficit de recursos humanos para la salud, ha sido posible llegar a casi todos los niños del mundo con vacuna antipoliomielítica oral y otras intervenciones (como la administración de suplementos de vitamina A), independientemente del estado socioeconómico, la religión, la pertenencia a grupos minoritarios, la geografía o incluso las situaciones de guerra. Además, ya se cuenta con una capacidad verdaderamente mundial de vigilancia y pruebas de laboratorio para identificar casos de poliomielitis y responder rápidamente a esta y muchas otras enfermedades de importancia para la salud pública, como el sarampión, el tétanos neonatal, la meningitis, el cólera y la fiebre amarilla, según el país (10). En la Región del Pacífico Occidental, esta capacidad contribuyó a la respuesta internacional a los brotes de SRAS de 2002--2003.