Informe sobre la salud en el mundo

Mensaje del Director-General

La actual situación sanitaria mundial plantea cuestiones apremiantes en relación con la justicia. En algunas partes del mundo existe la expectativa permanente de disfrutar de una vida más larga y agradable, mientras en muchas otras se asiste con desesperanza al fracaso de la lucha contra las enfermedades, aun cuando existen los medios necesarios para combatirlas.

Ese contraste es claramente patente en la falta de acceso al tratamiento contra el VIH/SIDA, problema que me llevó este año a declarar una emergencia sanitaria mundial. La OMS decidió tomar esta excepcional medida después de evaluar la situación mundial y concluir que sólo un 5% de las personas del mundo en desarrollo que necesitan antirretrovirales (ARV) se benefician de ellos. En el África subsahariana, sólo 50 000 de los 4 millones de personas que los necesitan tienen acceso a los ARV. Esto augura una catástrofe no sólo para las sociedades más castigadas por el virus, sino para todo el mundo. Nuestro primer paso en respuesta a esta crisis debe ser alcanzar el objetivo «tres millones para 2005», esto es, que tres millones de personas de los países en desarrollo reciban antirretrovirales en 2005. Existen también grandes disparidades en terrenos como el de la mortalidad en la niñez: la casi totalidad de los más de 10 millones de menores de 5 años que mueren cada año viven en países en desarrollo.

Un mundo marcado por tales desigualdades es un mundo abocado a problemas muy serios. Tenemos que idear fórmulas para poner en común nuestros puntos fuertes como comunidad mundial y forjar un futuro más sano. En este informe sobre la salud en el mundo, el primero publicado desde que asumí el cargo, se dan algunas indicaciones iniciales sobre la manera de lograrlo.

Un mensaje reiterado a lo largo de estas páginas es que los progresos sanitarios, incluida la expansión rápida y sostenible de los tratamientos de emergencia, requieren sistemas de salud nacionales y locales que sean viables. La extensión masiva del tratamiento ARV en los entornos con pocos recursos ha de hacerse de manera que refuerce los sistemas de salud insistiendo en la atención primaria. En la mayoría de los países, los progresos hacia unos niveles de salud aceptables serán limitados y efímeros si no se consigue desarrollar sistemas de atención sanitaria suficientemente robustos para responder a los actuales retos.

A fin de imprimir impulso a ese proceso, la OMS está haciendo de los resultados en los países su principal objetivo. Es posible adoptar en todos los países medidas eficaces que mejoren la salud de la población, pero para transformar esa posibilidad en realidad es necesario aprovechar los conocimientos y las bazas locales. Es una lección que hemos aprendido gracias a éxitos como el control de la epidemia de SRAS y los importantes avances de la campaña de erradicación de la poliomielitis, pero también como consecuencia de algunos reveses, entre ellos el continuo aumento de los casos de SIDA, tuberculosis y malaria. Todas esas lecciones nos han preparado para la tarea que nos espera.

Hace 25 años, la Declaración de Alma-Ata desafió al mundo a adherirse a los principios de la atención primaria como alternativa para superar las grandes desigualdades en salud surgidas en los países y entre ellos. La «salud para todos» se convirtió en el lema de ese movimiento. Se trataba no sólo de un ideal, sino también de un principio organizativo: todo el mundo necesita disfrutar del nivel más alto posible de salud y tiene derecho a ello. Los principios establecidos en esa ocasión siguen siendo indispensables para tener una visión coherente de la salud mundial. Pero para transformar esa visión en realidad es necesario distinguir claramente tanto las posibilidades como los obstáculos que han frenado, y en algunos casos invertido, los progresos hacia la satisfacción de las necesidades de salud de todas las personas. Eso significa trabajar con los países, especialmente con los más necesitados, para afrontar las crisis sanitarias, pero también para construir sistemas de salud sostenibles y equitativos.

Quisiera instar aquí a la comunidad sanitaria mundial a poner la mira en objetivos audaces. Todos los países del mundo se han comprometido a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos en la Cumbre de las Naciones Unidas en 2000. Ello incluye metas ambiciosas para la nutrición, la salud maternoinfantil, la lucha contra las enfermedades infecciosas y el acceso a los medicamentos esenciales. Con ese apoyo tenemos hoy una oportunidad real de lograr avances que se traduzcan en una vida más larga y sana para millones de personas, que transformen la desesperanza en una esperanza realista y que sienten las bases para que las generaciones venideras disfruten de una salud mejor.

Esos objetivos sólo se alcanzarán con un mayor compromiso para aportar recursos y una colaboración intensificada entre los asociados. El informe que sigue a continuación describe los retos que debemos afrontar y señala el camino para que la OMS y la comunidad sanitaria mundial articulen una respuesta unitaria.

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