Informe sobre la salud en el mundo

Capítulo 1


Consecuencias humanas, sociales y económicas

Las epidemias comparten con las hambrunas, las guerras y las catástrofes naturales una característica importante: siempre acarrean otros desastres. A nivel mundial, la epidemia de VIH/SIDA tiene ya un funesto efecto dominó. Millones de niños quedan huérfanos, las comunidades se destruyen, los servicios de salud están desbordados y países enteros se enfrentan al hambre y la ruina económica.

El VIH/SIDA castiga con mayor crudeza a los pobres: ellos son los más vulnerables a la infección, y el sufrimiento, la enfermedad y las muertes que provoca el virus afectan sobre todo a las familias más desfavorecidas. Entre los efectos de la epidemia se cuentan penurias económicas devastadoras de trágicas consecuencias. La enfermedad no sólo hace más pobres a las familias que ya lo eran, sino que condena a la misma suerte a hogares de economía relativamente holgada.

Es probable que el impacto de la epidemia en la estructura demográfica y la esperanza de vida de la población adulta acarree cambios negativos a gran escala en las pautas de comportamiento económico y social (26). Además de la pérdida de ingresos y del desvío de éstos a gastos sanitarios, las familias recurren a diversas estrategias de «afrontamiento» que a la larga tienen efectos negativos, como la emigración (27), el trabajo infantil, la venta de bienes y el gasto de los ahorros. Las familias que sufren la enfermedad o muerte de uno o más de sus miembros han de soportar tanto los costos directos de los gastos médicos y funerarios como los indirectos del impacto de la enfermedad en la productividad (28, 29).

El VIH/SIDA está cambiando la estructura de las poblaciones. Por ejemplo, en muchos países africanos, la disminución del número de adultos en edad de trabajar de los que dependen sus familiares, niños y ancianos, ha elevado la razón de dependencia, situación que se está agravando.

En los jóvenes, los efectos psicológicos que provoca ver morir a sus mayores inmediatos en gran número a edades tan tempranas y el temor consiguiente por su propio futuro son enormes y repercutirán hondamente en el desarrollo económico. Además, los padres (en su mayoría adultos jóvenes) mueren prematuramente, por lo que no pueden traspasar sus bienes y aptitudes a los hijos. El VIH/SIDA debilita así el proceso de acumulación y transmisión del capital humano (la experiencia, las aptitudes y los conocimientos de las personas) de generación en generación (30).

La crisis de los niños que han perdido a uno o ambos progenitores a causa del VIH/SIDA lleva una década afligiendo a África, y empeorará. Hoy día estos huérfanos suman unos 14 millones, y la gran mayoría viven en África, pero las previsiones indican que para 2010 esta cifra casi se habrá duplicado y alcanzará los 25 millones (31, 32): una nación de niños equivalente a toda la población del Iraq. En ese momento, entre el 15% y el 25% de los niños de una decena de países subsaharianos serán huérfanos. Incluso en países en los que la prevalencia del VIH se ha estabilizado o ha caído, como Uganda, el número de huérfanos seguirá aumentando a medida que los padres ya infectados mueran de la enfermedad. Cuando los huérfanos eran relativamente escasos, la familia extensa podía atenderlos, pero ahora las cifras son demasiado altas y muchos niños terminan viviendo en la calle.

Un mayor riesgo para las mujeres

En muchos países las mujeres se enfrentan ya a graves penurias como consecuencia de la desigualdad, la discriminación y la victimización, y a menudo el VIH/SIDA viene a agravar esas penalidades. De hecho, esos mismos factores ayudan a explicar por qué a las mujeres les afecta desproporcionadamente la enfermedad. Alrededor del 58% de los seropositivos de la Región de África de la OMS son mujeres. Se infectan a edades más tempranas que los varones, como promedio entre seis y ocho años antes. Es frecuente que las jóvenes se vean forzadas a mantener relaciones sexuales desiguales y no puedan negociar unas relaciones más seguras. De esta situación deriva una pérdida proporcionalmente mayor de vidas entre las mujeres, lo que generará un desequilibrio en la población adulta cuyas consecuencias se desconocen. Una de ellas, probable y ominosa, es que los hombres maduros buscarán pareja entre mujeres cada vez más jóvenes, lo que a su vez intensificará algunos de los factores de riesgo de propagación del VIH.

Una amenaza económica subestimada

En muchos países, los efectos acumulativos de la epidemia podrían tener consecuencias catastróficas en el crecimiento económico a largo plazo y menoscabar gravemente las perspectivas de reducir la pobreza. Hasta fecha reciente, la mayoría de los expertos pensaban que una epidemia generalizada de VIH/SIDA con una prevalencia del 10% en la población adulta reduciría el crecimiento económico en torno a un 0,5% anual (33). Varios estudios nacionales indican que la epidemia de VIH/SIDA recorta el producto interno bruto (PIB) un 1% aproximadamente, pero recientes estudios y estimaciones dibujan un panorama mucho más sombrío de los efectos económicos presentes y futuros (30, 34).

En el pasado, los estudios han malinterpretado los efectos de las epidemias al considerarlos similares a los de conmociones aisladas como catástrofes naturales o reveses económicos internacionales, que muchas economías pueden absorber y que escapan al control de los planificadores. También las predicciones han reflejado a menudo el supuesto de que los países africanos más afectados tenían un exceso de mano de obra, y han señalado que una contracción de la masa laboral podría conducir a un uso más eficiente de la tierra y el capital. Se pensaba que, en realidad, el PIB per cápita aumentaría si el descenso del PIB fuera inferior al de la población. Se creía, asimismo, que la destrucción de la población activa y, por tanto, la reducción de la oferta de mano de obra debida al VIH/SIDA podrían dar lugar a un aumento de la productividad individual de los trabajadores restantes, porque cada uno de ellos dispondría de más tierra y capital con los que trabajar. La consecuencia de estos supuestos e interpretaciones erróneas fue que no se realizaron revisiones nacionales e internacionales de las políticas económicas para tener en cuenta el impacto del VIH/SIDA.

El VIH/SIDA tendrá efectos generalizados que persistirán durante generaciones y que en muchos estudios económicos no se pueden apreciar. La enfermedad y la muerte prematura representan inversiones en capital humano desperdiciadas y, a escala mundial, reducen los incentivos para invertir en el futuro. Una respuesta insuficiente al VIH/SIDA significa que la enfermedad seguirá destruyendo los sistemas educativos y otras instituciones básicas, reducirá el capital humano y la capacidad de transmitirlo, y contribuirá a un prolongado declive del ahorro y la inversión. Por consiguiente, responder a las epidemias, incluso a las de baja prevalencia, reportará muchos beneficios.

La amenaza del colapso institucional

Van haciéndose evidentes las consecuencias de una menor esperanza de vida de los adultos para las sociedades muy castigadas por el VIH/SIDA, aunque, en ocasiones, deficiencias anteriores han enmascarado el impacto específico de éste (35). Por ejemplo, en África, el mal funcionamiento de las instituciones ha quedado oculto tras una ineficiencia de larga data y expectativas de bajo rendimiento. Hoy día, en varios países de África meridional, la supervivencia y el funcionamiento de las instituciones están amenazados. La falta de capacidad es un problema fundamental. Existen ya importantes carencias de personal calificado en organizaciones clave. Los puestos están vacantes u ocupados de forma interina. La continuidad laboral es escasa debido a las defunciones y a las consiguientes remodelaciones. También la moral es baja. Numerosos estudios y datos aislados señalan la ralentización, próxima a la parálisis, de los servicios agrícolas, judiciales, policiales, educativos y sanitarios.

Muchas empresas africanas se han visto también gravemente afectadas por la disminución de la oferta de mano de obra, en particular por la pérdida de trabajadores experimentados en sus años más productivos, el aumento del absentismo, la disminución de la rentabilidad y la menor competitividad internacional (36). La amenaza que supone la epidemia para la seguridad regional es otro ejemplo de impacto indirecto que puede perjudicar a actividades económicas como el turismo (37) o los flujos de inversión extranjera (38).

En África meridional y oriental se está viendo afectado el sector educativo, porque el número de profesores que se pierden supera al de los que se forman (39). Esto no es sólo consecuencia de las enfermedades y las muertes relacionadas con el SIDA: algunos profesores son contratados por el sector privado, que también necesita personal calificado, y otros emigran. Los efectos quedan enmascarados por el descenso del número de niños que se matriculan en la escuela, debido a que las familias afectadas por el VIH/SIDA no pueden pagar los gastos de escolarización o necesitan que sus hijos trabajen en casa. El resultado será un menor nivel educacional, con consecuencias negativas para los esfuerzos por reducir la pobreza, mejorar las relaciones entre los sexos y reducir la transmisión del VIH, así como para la salud en general de los que sobreviven. Se está minando el intento de escolarizar a todos los niños para 2015 (uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio), con consecuencias negativas a largo plazo.

Una de las muchas tragedias del VIH/SIDA es que a menudo castiga con mayor dureza a los sistemas de salud más débiles, y los perjudica por partida doble. Unos sistemas que de por sí no pueden afrontar la situación se debilitan aún más como consecuencia de la mortandad y la discapacidad que el VIH/SIDA causa en gran número de profesionales sanitarios (véase el capítulo 4). En los países de bajos ingresos que ya adolecían de falta de personal sanitario, los sistemas de salud están sobrecargados. En Côte d’Ivoire y Uganda, entre el 50% y el 80% de las camas hospitalarias para adultos están ocupadas por pacientes con trastornos relacionados con el VIH. En Swazilandia, la duración media de la hospitalización es de seis días, pero se eleva a 30 días en el 80% de los pacientes con tuberculosis asociada al VIH (40).

El VIH/SIDA tiene en muchos casos un impacto enorme en el sector sanitario. La gravedad y complejidad de las infecciones oportunistas se asocia a altas tasas de hospitalización, mortalidad de los pacientes hospitalizados y mayores gastos en tratamiento. En algunos países subsaharianos, la tasa de ocupación de las camas de hospitales generales por enfermos de SIDA supera con frecuencia el 50%. Sin embargo, se ha comprobado que el tratamiento antirretroviral reduce drásticamente la mortalidad, la morbilidad y los gastos asistenciales relacionados con el VIH/SIDA, y que mejora considerablemente la calidad de vida de los pacientes. El capítulo 4 aborda con detalle las cuestiones clave que relacionan el VIH, los sistemas sanitarios y la extensión del tratamiento.

Dadas las abrumadoras consecuencias sociales y económicas de la propagación del VIH, la necesidad de aplicar métodos de prevención eficaces y de amplio alcance resulta hoy tan evidente como lo era ya al inicio de la epidemia, en la década de 1980. La sección siguiente aborda las diversas estrategias preventivas y asistenciales que se están aplicando en el mundo.

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