Informe sobre la salud en el mundo

Capítulo 3


Participación de la comunidad en la salud pública

Ya en 1948, la Constitución de la OMS disponía que «una opinión pública bien informada y una cooperación activa por parte del público son de importancia capital» para el mejoramiento de la salud, aunque fue en el decenio de 1960 y a comienzos de los años setenta cuando empezaron a valorarse cada vez más las ventajas prácticas de la participación de las comunidades en los proyectos sanitarios y su identificación con estos últimos. Diversos proyectos ejecutados en zonas de Guatemala, Níger y la República Unida de Tanzanía demostraron que una mayor participación de la comunidad podía aportar beneficios sanitarios para la población. En esos proyectos, la aportación comunitaria facilitó la definición de prioridades programáticas, y los agentes de salud comunitarios asumieron importantes responsabilidades (1). En 1978, la plena participación de la comunidad en la pluridimensional labor de mejora de la salud se convirtió en uno de los pilares del movimiento en pro de la salud para todos. En 1986, la Carta de Ottawa, firmada en la Primera Conferencia Internacional sobre Fomento de la Salud, identificó el fortalecimiento de la acción comunitaria como una de las cinco prioridades clave para una promoción proactiva de la salud (2).

Documentos conexos

Desde entonces, se han registrado tanto avances como retrocesos. La capacidad efectiva de las comunidades para participar en la definición y ejecución de los programas de acción sanitaria se ha visto mermada por la falta de recursos y la existencia de arraigadas jerarquías profesionales y sociales y modelos de salud pública centrados en los comportamientos individuales y las intervenciones curativas de tipo biomédico. Las discriminaciones por razón de sexo, raza y clase social también influyen. No obstante, las comunidades han tomado parte en muchos proyectos eficaces de salud pública, por ejemplo en programas de saneamiento, nutrición, vacunación y control de enfermedades (3). Según se desprende de algunos estudios recientes sobre atención primaria de salud, la participación comunitaria sigue gozando de gran aceptación; asimismo, se tiene constancia de que ha reportado importantes beneficios sanitarios (4).

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