Informe sobre la salud en el mundo

Panorama general


Progresos irregulares y diferencias cada vez mayores: ¿Qué ha fallado?

Cada año 3,3 millones de niños – quizá más – nacen muertos, más de 4 millones fallecen en los primeros 28 días de vida y otros 6,6 millones mueren antes de cumplir los cinco años. Las muertes maternas también siguen constituyendo un grave problema: el total anual asciende ahora a 529 000 defunciones; con frecuencia se trata de muertes repentinas e imprevistas que se producen durante el embarazo propiamente dicho (unas 68 000 a consecuencia de un aborto peligroso), durante el parto o después de nacer el bebé. Esas muertes dejan atrás a unas familias destrozadas, que a menudo se ven arrastradas a la pobreza por tener que costear una atención sanitaria que llegó demasiado tarde o no dio resultado.

¿Cómo es posible que esa situación se mantenga si las causas de defunción son en buena parte evitables? ¿Y por qué sigue siendo preciso que este informe haga hincapié en la necesidad de centrar la atención en la salud de la madre, el recién nacido y el niño si hace décadas que ésta ocupa un lugar prioritario, y por añadidura han transcurrido más de 10 años desde que la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de las Naciones Unidas incorporó resueltamente el acceso a la atención de salud reproductiva para todos en la agenda mundial?

Aunque en los últimos años son cada vez más los países que consiguen mejorar la salud y el bienestar de las madres, los recién nacidos y los niños, aquellos que de entrada presentaban las cargas de mortalidad y morbilidad más elevadas son los que menos avances han logrado durante los años noventa. En algunos países la situación incluso ha empeorado, y se han registrado preocupantes retrocesos en lo referente a la mortalidad neonatal, en la niñez y materna. Los progresos se han ralentizado y son cada vez más desiguales, ocasionando grandes disparidades entre los países y, dentro de éstos, entre ricos y pobres. Sin una intensificación radical de los esfuerzos, hay escasas esperanzas de eliminar en todos los países las muertes maternoinfantiles evitables.

Los países donde los indicadores sanitarios correspondientes a las madres, los recién nacidos y los niños están en fase de estancamiento o retroceso a menudo han sido incapaces de destinar suficientes inversiones a sus sistemas sanitarios. Los distritos de salud han tenido dificultades para organizar el acceso a una atención eficaz para las mujeres y los niños. Las crisis humanitarias, la pobreza omnipresente y la epidemia de VIH/SIDA han contribuido todas ellas a exacerbar los efectos de los recesos económicos y la crisis de recursos humanos sanitarios. Dado que la exclusión de la atención sanitaria está muy extendida y que las desigualdades son cada vez mayores, los avances exigen un fortalecimiento de los sistemas de salud en gran escala. Ahora bien, las decisiones técnicas siguen siendo importantes, pues en el pasado los programas no siempre han adoptado los mejores enfoques para asegurar a todos el acceso a una atención de calidad. Con demasiada frecuencia, se ha permitido la fragmentación de los programas, lo que ha obstaculizado la continuidad en la prestación de asistencia sanitaria o impedido que se confiriese la debida atención a la profesionalización de los servicios. La experiencia técnica y los logros y fallos de los últimos años han mostrado cuál es el mejor camino para seguir adelante.

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