Informe sobre la salud en el mundo

Panorama general


Adoptar las decisiones técnicas y estratégicas adecuadas

No cabe ninguna duda de que se dispone de los conocimientos técnicos necesarios para responder a muchos, si no a la mayoría, de los principales problemas y riesgos relacionados con la salud y la supervivencia de la madre, el recién nacido y el niño. También está cada vez más claro qué estrategias son capaces de contribuir a que las familias y los sistemas de salud puedan asegurar conjuntamente que esas soluciones técnicas se apliquen para todos, en el lugar y el momento oportunos.

Un campo en el que se han observado logros ejemplares es el de la atención prenatal: la demanda ha crecido y sigue aumentando en la mayoría de las partes del mundo. No obstante, se puede explotar mejor su considerable potencial, haciendo hincapié en las intervenciones eficaces y utilizándola como plataforma para otros programas de salud, por ejemplo en relación con el VIH/SIDA y la prevención y el tratamiento de enfermedades de transmisión sexual, con iniciativas centradas en la tuberculosis y la malaria y con la planificación familiar. Los agentes sanitarios también pueden aprovechar mejor la atención prenatal para ayudar a las embarazadas a prepararse para el parto y para el papel de madre o a enfrentarse a un entorno que tal vez sea poco propicio para un embarazo saludable y feliz. Las mujeres embarazadas, en particular las adolescentes, pueden estar expuestas a la violencia, la discriminación en el lugar de trabajo y en la escuela o la marginación. Estos problemas deben atajarse también, aunque no sólo, introduciendo mejoras en los entornos sociales, políticos y jurídicos. Un ejemplo ilustrativo es el modo en que las sociedades responden al problema de los embarazos involuntarios, inoportunos y no deseados, que suman muchos millones. Sigue habiendo grandes necesidades desatendidas en materia de anticoncepción, y también subsisten carencias cuantitativas y cualitativas en lo que respecta a la información y la educación. Existe además una necesidad evidente de facilitar el acceso a una atención postaborto de calidad que tenga en cuenta las necesidades de la paciente y a unos servicios de aborto seguros, en la máxima medida de lo permitido por la ley.

Prestar asistencia a la totalidad de los 136 millones de partos que se producen cada año es uno de los principales retos a los que se enfrentan ahora los sistemas de salud de todo el mundo. Ese desafío aumentará en el futuro próximo, conforme grandes cohortes de jóvenes alcancen su edad reproductiva, sobre todo en aquellas partes del planeta donde más peligroso es dar a luz. Las mujeres se arriesgan a morir para traer al mundo una nueva vida, pero con una asistencia especializada y sensible a sus necesidades, tanto durante como después del parto, se puede evitar la casi totalidad de los desenlaces fatales y las secuelas discapacitantes – por ejemplo, la tragedia de las fístulas obstétricas – y mitigar buena parte del sufrimiento. El nacimiento de un niño es un acontecimiento crucial en la vida de las familias y en la construcción de las comunidades; aunque eso debe seguir siendo así, también es importante que el parto tenga lugar en condiciones seguras. Para lograr un grado óptimo de seguridad, todas las mujeres, sin excepción, precisan una asistencia profesional especializada en el momento del parto; asimismo, es primordial que den a luz cerca de su hogar en un entorno apropiado donde se respeten sus valores culturales en esta esfera. Lo más idóneo es que esa atención sea dispensada por una matrona diplomada o un profesional sanitario con conocimientos de partería, en un servicio descentralizado de primer nivel. Actuando de este modo es posible evitar, mitigar y solucionar muchos problemas potencialmente mortales que pueden surgir durante el parto y reducir la mortalidad materna a niveles sorprendentemente bajos. Conviene subrayar, no obstante, que en el caso de las mujeres con problemas para los que las competencias o el equipo disponibles en el primer nivel de atención son insuficientes, los profesionales especializados en partería necesitan el respaldo que sólo puede proporcionar un hospital. Todas las mujeres necesitan una asistencia materna de primer nivel, y sólo una minoría de ellas precisan una atención de apoyo, pero para ser eficaces, ambos niveles deben funcionar de forma coordinada y ser implantados simultáneamente.

La necesidad de recibir atención no cesa cuando la mujer ha dado a luz. Las horas, los días y las semanas siguientes al parto pueden ser peligrosas tanto para la madre como para su hijo. El énfasis puesto en los últimos años en la mejora de la asistencia especializada durante el parto, aunque muy positivo, no debe desviar la atención de este periodo crucial, durante el cual se producen la mitad de las muertes maternas y una cantidad considerable de enfermedades. Existe una necesidad urgente de idear maneras eficaces de organizar la continuidad de la asistencia durante las primeras semanas siguientes al parto, periodo durante el cual las responsabilidades de los servicios de salud a menudo son ambiguas o están mal definidas.

La brecha sanitaria que se observa en la prestación de atención a la mujer no sólo afecta a la asistencia posparto sino también a la asistencia posnatal. Si bien todavía se tiene una idea bastante incompleta de las necesidades desatendidas en materia de atención neonatal, está claro que los problemas de salud de los recién nacidos han sido descuidados y subestimados indebidamente. Los recién nacidos parecen haberse quedado al margen tanto de los programas de maternidad sin riesgo como de las iniciativas de supervivencia infantil. La mortalidad neonatal representa una proporción considerable de la mortalidad de niños menores de cinco años. Resulta hoy evidente que los ODM relacionados con la mortalidad en la niñez no se alcanzarán si no se registran avances sustanciales para los recién nacidos. Aunque en el mundo entero se han observado modestas disminuciones de la mortalidad neonatal (por ejemplo, las vacunas están cada vez más cerca de eliminar el tétanos como causa de muerte neonatal), algunos países del África subsahariana han experimentado retrocesos tan inesperados como alarmantes.

Para lograr progresos en salud neonatal, no se precisan costosas tecnologías, pero sí sistemas sanitarios que aseguren una atención ininterrumpida desde el comienzo del embarazo (o incluso antes) hasta el parto y el puerperio, con la correspondiente asistencia especializada de profesionales sanitarios. Ante todo, es necesario asegurar que efectivamente se produzca el traslado del lactante de los servicios de salud materna a los de salud infantil, un proceso delicado al que a menudo no se presta la debida atención. Aunque los recién nacidos que son amamantados, amados y arropados suelen salir adelante sin dificultades, es posible, y de hecho ocurre, que surjan problemas. Es primordial capacitar a las familias – en particular a las madres y los padres – para cuidar debidamente a sus hijos recién nacidos, reconocer los peligros a tiempo y obtener inmediatamente ayuda profesional si surgiera alguna dificultad.

Los mayores riesgos que acechan a la vida coinciden con el comienzo de ésta, pero ello no quiere decir que desaparezcan cuando el recién nacido crece para convertirse en lactante y luego en niño pequeño. Los programas centrados en las enfermedades prevenibles mediante vacunación, la malnutrición, las enfermedades diarreicas o las infecciones respiratorias aún tienen mucho camino por recorrer. La inmunización, por ejemplo, ha registrado avances satisfactorios en algunas regiones, pero en otras la cobertura se ha quedado estancada en niveles que oscilan entre el 50% y el 70% y precisa un nuevo ímpetu. Sin embargo, estos programas han logrado tales avances en lo referente a la carga de morbilidad que en muchos países ha cambiado el perfil epidemiológico. Ahora es necesario contar con enfoques más integrados, en primer lugar, para responder eficazmente al cambiante espectro de problemas que requieren atención y, en segundo lugar, para lograr que la asistencia, que hasta ahora se concentraba principalmente en la supervivencia del niño, también dé prioridad a su crecimiento y desarrollo. Esto es lo que se precisa desde el punto de vista de la salud pública, y también lo que esperan las familias..

La Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia (AIEPI) combina un conjunto de intervenciones eficaces para prevenir las defunciones y promover un crecimiento y desarrollo sanos. En lugar de añadir simplemente más ramas a un único canal de prestación de servicios, la AIEPI ha transformado la perspectiva del sistema de salud sobre la atención infantil, logrando que no se limite al mero tratamiento de las enfermedades. Tres son los componentes principales de la AIEPI: ampliar los conocimientos del personal de salud para tratar enfermedades y ofrecer asesoramiento a las familias; fortalecer el apoyo del sistema de salud; y mejorar la capacidad de las familias y las comunidades para criar unos hijos sanos y afrontar las enfermedades que surjan. La AIEPI ha ido pues más allá de la tradicional idea de que el cometido del personal de los centros de salud es dispensar una serie de intervenciones técnicas a su población destinataria. Su logro es que está acercando la atención sanitaria a los hogares, al tiempo que contribuye a mejorar las vías de derivación de casos y la atención hospitalaria; el reto estriba ahora en poner la AIEPI al alcance de todas las familias con niños y en crear las condiciones necesarias para que éstas aprovechen ese tipo de atención siempre que sea preciso.

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