Informe sobre la salud en el mundo

Panorama general


Colaboración mundial para afrontar las amenazas a la seguridad sanitaria

Estas amenazas exigen acciones urgentes, y la OMS y sus asociados tienen mucho que ofrecer, tanto en lo inmediato como a más largo plazo. Es un área en la que, si se empieza ahora, pueden lograrse avances reales en la protección de grandes poblaciones. Y, como demuestra la historia reciente, es también aquella en la que es probable que surjan sin previo aviso algunas de las amenazas más graves para la existencia humana. Sería pecar de gran ingenuidad y exceso de confianza suponer que no surgirá tarde o temprano otra enfermedad como el SIDA, la fiebre hemorrágica del Ebola o el SRAS.

Para lograr un mundo más seguro, dispuesto y preparado a responder colectivamente ante las amenazas para la seguridad sanitaria mundial se necesitan alianzas que agrupen a todos los países del mundo y a interesados de todos los sectores implicados, reúnan la mejor asistencia técnica, y alleguen los recursos necesarios para aplicar eficaz y oportunamente el RSI (2005). Ello exige que los países cuenten con la capacidad básica necesaria para detectar enfermedades y colaboren entre sí ante las emergencias de salud pública de importancia internacional.

Muchas de estas alianzas ya se han establecido, pero persisten deficiencias graves, sobre todo en los sistemas sanitarios de numerosos países, que debilitan la coherencia de la colaboración mundial en materia de salud. Para compensarlas, en 1996 la OMS sentó las bases para poner en marcha un sistema mundial efectivo de alerta y respuesta ante epidemias, fundado esencialmente en la idea de una alianza internacional con muchos otros organismos e instituciones técnicas. Se establecieron mecanismos sistemáticos para el acopio de datos epidemiológicos y la verificación de la existencia de brotes que permitieron realizar evaluaciones de riesgos, difundir información y dar una respuesta rápida sobre el terreno. Se han establecido, asimismo, mecanismos regionales y mundiales para el almacenamiento y la distribución rápida de vacunas, fármacos y material especializado de investigación y protección para las fiebres hemorrágicas, la gripe, la meningitis, la viruela y la fiebre amarilla.

Hoy día, la seguridad sanitaria de los países depende de la capacidad de cada uno de ellos de actuar con eficacia y contribuir a la seguridad de todos. El mundo está cambiando con rapidez y nada se mueve más velozmente que la información. Ello hace del intercambio de información sanitaria una de las medidas más viables para alcanzar la seguridad sanitaria mundial.

La instantaneidad de la comunicación electrónica supone que los brotes epidémicos ya no pueden mantenerse en secreto, como ocurría a menudo durante la aplicación del anterior Reglamento Sanitario Internacional (1969), conocido como RSI (1969). Los gobiernos eran reacios a notificar los brotes debido a los perjuicios que las interferencias en el comercio, los viajes y el turismo podían acarrear para sus economías. En realidad, los rumores son más dañinos que los datos. La confianza se construye a partir de la transparencia y es necesaria para la cooperación internacional en materia de salud y desarrollo (véase la figura 2).

Por consiguiente, las primeras medidas que deben adoptarse en pro de la seguridad sanitaria mundial consisten en desarrollar los medios básicos de detección y respuesta en todos los países y mantener nuevos niveles de cooperación entre éstos con objeto de reducir los riesgos para la seguridad sanitaria indicados más arriba. Ello supone que los países deberán fortalecer sus sistemas de salud y ocuparse de contar con medios para prevenir y controlar las epidemias capaces de propagarse rápidamente a través de las fronteras e incluso de los continentes. Cuando les sea imposible lograr la prevención y el control por sí mismos, se los ayudará proporcionándoles redes internacionales rápidas y expertas de vigilancia y respuesta a las enfermedades y velando por que dichas redes se entretejan hasta constituir una malla de seguridad eficiente. Se trata, sobre todo, de que la totalidad de los países cumplan el RSI (2005) y se beneficien de su aplicación.

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