Informe sobre la salud en el mundo

Panorama general


Resumen del capítulo 1

Evolución de la seguridad sanitaria

El capítulo 1 empieza analizando algunos de los primeros pasos que a lo largo de la historia condujeron a la promulgación del RSI (1969): hitos en materia de salud pública, empezando por la cuarentena, término acuñado en el siglo XIV para designar una medida de protección frente a enfermedades «foráneas» como la peste; mejoras en el saneamiento con las que se consiguió controlar los brotes de cólera en el siglo XIX, y la llegada de la vacunación, que permitió erradicar la viruela y combatir muchas otras enfermedades infecciosas en el siglo XX. Es fundamental conocer la historia de la cooperación sanitaria internacional, sus éxitos y sus fracasos, para apreciar su importancia y su potencial actuales.

Numerosas conferencias internacionales sobre control de la morbilidad celebradas a finales del siglo XIX y principios del XX culminaron en la fundación de la OMS en 1948. En 1951, sus Estados Miembros adoptaron el Reglamento Sanitario Internacional, denominado entonces en inglés International Sanitary Regulations, que fue sustituido en 1969 por el International Health Regulations. A partir de 1995, el Reglamento se ha ido revisando a través de un proceso intergubernamental en el que se han tenido en cuenta los nuevos conocimientos y la experiencia acumulada en materia de epidemiología, y que ha respondido al mundo en constante evolución y a las amenazas conexas, y cada vez más numerosas, para la seguridad sanitaria mundial. Se acordó que era necesario disponer de un código de conducta que pudiera, además de prevenir y controlar esas amenazas, darles una respuesta de salud pública, evitando al mismo tiempo interferir innecesariamente con el comercio y el tráfico internacionales. El proceso de revisión finalizó en 2005 y estas normas se conocen actualmente como RSI (2005).

En el capítulo 1 se describe cómo en 1996 la OMS sentó las bases de un sistema mundial efectivo de alerta y respuesta ante epidemias y cómo dicho sistema se ha extendido ampliamente desde entonces. Se fundó esencialmente en la idea de una alianza internacional con muchos otros organismos e instituciones técnicas. Esta alianza, denominada Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN), proporciona un marco operacional y de coordinación para tener acceso a conocimientos teóricos y prácticos, y para mantener a la comunidad internacional constantemente alerta ante la amenaza de brotes epidémicos y preparada para responder a ellos. Coordinada por la OMS, la red se compone de más de 140 asociados técnicos de más de 60 países.

Además, la singular red de vigilancia activa en gran escala puesta en marcha por la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis se está utilizando para apoyar la vigilancia de muchas otras enfermedades que pueden prevenirse mediante vacunas, como el sarampión, la meningitis, el tétanos neonatal y la fiebre amarilla. Esa red también apoya ordinariamente las actividades de vigilancia y respuesta ante brotes epidémicos para otras emergencias sanitarias y brotes descritos en el informe. En 2002, la OMS estableció el Sistema Mundial de Alerta y Respuesta ante Incidentes Químicos, que había de funcionar de modo análogo a la GOARN. En 2006, el sistema se amplió para abarcar otras emergencias relacionadas con la salud ambiental, incluidas las relacionadas con la perturbación de los servicios de salud ambiental, como el abastecimiento de agua y el saneamiento, y los incidentes y emergencias radiológicos.

El Reglamento revisado define una emergencia como un «evento extraordinario» que podría propagarse a otros países o exigir una respuesta internacional coordinada. Los incidentes que pueden constituir una emergencia de salud pública de importancia internacional son evaluados por los Estados Partes mediante un instrumento de decisión que, si se cumplen determinados criterios, exige que se notifique la situación a la OMS. La notificación es obligatoria cuando se presenta un solo caso de una enfermedad que pueda poner en peligro la seguridad sanitaria mundial: gripe humana causada por un nuevo subtipo de virus, poliomielitis provocada por un poliovirus de tipo salvaje, SRAS y viruela.

La amplitud de las definiciones de «emergencia de salud pública de importancia internacional» y de «enfermedad» permiten la inclusión en el RSI (2005) de amenazas distintas de las enfermedades infecciosas, como las provocadas por la liberación accidental o intencional de agentes patógenos o de material químico o radionuclear. Ello amplía el alcance del Reglamento con miras a proteger la seguridad sanitaria mundial de forma integral.

El RSI (2005), en lugar de concentrarse casi exclusivamente en la adopción de medidas en los aeropuertos y los puertos de mar con el fin de bloquear la importación de casos, como exigía el RSI (1969), se inclina por la respuesta rápida en el origen mismo del brote. Introduce un conjunto de requisitos mínimos en materia de capacidad («capacidad básica necesaria») que deben cumplir todos los países para detectar, evaluar, notificar y comunicar los eventos incluidos en el RSI (2005), y su finalidad es fortalecer la colaboración a escala mundial intentando mejorar la capacidad y demostrando a los países que el cumplimiento redunda en su interés. Así, el cumplimiento tiene tres importantes incentivos: reducir los graves trastornos que trae consigo un brote, acelerar la contención de éste y mantener el prestigio ante la comunidad internacional.

Una novedad revolucionaria respecto de anteriores tratados y reglamentos internacionales es el hecho de que el RSI (2005) reconoce explícitamente que las fuentes de información no oficiales sobre los brotes a menudo se adelantan a las notificaciones oficiales, como ocurre, por ejemplo, cuando un país se resiste a revelar que se ha producido un incidente en su territorio. Ahora la OMS está autorizada en virtud del RSI (2005) a tener en cuenta fuentes de información distintas de las notificaciones oficiales. La OMS siempre intentará conseguir la verificación de esa información por el país afectado antes de adoptar medida alguna al respecto. Ello refleja una nueva realidad en un mundo de comunicaciones instantáneas: para los gobiernos ya no es factible ocultar los brotes epidémicos.

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