Informe sobre la salud en el mundo

Panorama general


Resumen del capítulo 2

Amenazas para la seguridad sanitaria

En el capítulo 2 se analizan diversas amenazas para la seguridad sanitaria mundial – según se definen en el RSI (2005) - derivadas de acciones o causas humanas, de la interacción del hombre con el medio, o de eventos súbitos relacionados con productos químicos o materiales radiactivos, como accidentes industriales y fenómenos naturales. Comienza ilustrando cómo unas inversiones insuficientes en salud pública, consecuencia de una falsa sensación de seguridad en ausencia de brotes de enfermedades infecciosas, han determinado que se reduzca la vigilancia y se relaje el cumplimiento de programas de prevención eficaces.

Por ejemplo, a finales de los años sesenta, tras el uso generalizado de insecticidas en programas sistemáticos de control a gran escala, la mayoría de las enfermedades importantes transmitidas por vectores dejaron de considerarse problemas de salud pública destacados fuera del África subsahariana. Con la paulatina merma de los recursos, los programas de lucha contra estas enfermedades decayeron. La consecuencia fue que en los 20 años siguientes muchas afecciones importantes transmitidas por vectores, como la tripanosomiasis africana, el dengue y su forma hemorrágica, y la malaria, surgieron en zonas nuevas o reaparecieron en zonas afectadas en el pasado. El proceso de urbanización y el creciente comercio internacional han contribuido a la rápida propagación de los virus del dengue y sus vectores. Este agente causó una pandemia sin precedentes en 1998, año en que 56 países notificaron a la OMS 1,2 millones de casos. Desde entonces se han sucedido las epidemias de dengue, que han afectado a millones de personas desde América Latina hasta Asia sudoriental. En todo el mundo, la media de casos anuales notificados a la OMS casi se ha duplicado en cada una de las cuatro últimas décadas.

Cuando no existe el compromiso de desarrollar sistemas de salud eficaces que puedan seguir de cerca la situación sanitaria de un país, la vigilancia acaba siendo insuficiente. Lo ilustra la rápida aparición y propagación mundial del VIH/SIDA en la década de 1970. En numerosos países en desarrollo, los sistemas de salud, siempre precarios, no detectaron la presencia de esta nueva amenaza, que no se convirtió en motivo de preocupación internacional hasta mucho después, a raíz de los primeros casos aparecidos en los Estados Unidos. Los esfuerzos iniciales por controlar la epidemia de SIDA se vieron obstaculizados no sólo por lo limitado de los medios y los datos de vigilancia de la enfermedad, sino también por la falta de datos sólidos sobre los comportamientos sexuales en los países africanos y en los Estados Unidos y otros países industrializados. Los datos comportamentales eran casi inexistentes en el mundo en desarrollo. Se han necesitado años para comprender el VIH/SIDA en el contexto de la sexualidad, las relaciones entre los sexos y las migraciones en esos países, y aún hoy sólo se conoce parcialmente.

Aunque se hayan puesto en marcha operaciones fiables, otros factores que influyen en los programas de salud pública pueden tener repercusiones letales y costosas. Así ocurrió en agosto de 2003, cuando a raíz de acusaciones infundadas, originadas en Nigeria septentrional, según las cuales la vacuna antipoliomielítica oral (OPV) no era inocua y podía esterilizar a los niños pequeños, se suspendió la vacunación antipoliomielítica en dos estados del norte del país y se redujo considerablemente la cobertura de esta vacuna en varios más. La consecuencia de ello fue un extenso brote de poliomielitis en todo el norte de Nigeria y la reinfección de áreas antes libres de la enfermedad en el sur del país. Este brote causó parálisis a miles de niños nigerianos y se propagó desde el norte de Nigeria a 19 países libres de poliomielitis.

El capítulo 2 aborda también los problemas de salud pública que pueden causar los conflictos, como el brote de fiebre hemorrágica de Marburgo en el contexto de la guerra civil de 1975-2002 en Angola y la epidemia de cólera surgida en la República Democrática del Congo tras la crisis de Rwanda de 1994. En julio de ese año, entre 500 000 y 800 000 personas cruzaron la frontera para buscar refugio en los suburbios de la ciudad congoleña de Goma. Durante el mes siguiente a su llegada, cerca de 50 000 refugiados fallecieron a causa de un amplio brote combinado de cólera y disentería por shigela. La rapidez de la transmisión y la alta tasa de infección se debieron a la contaminación de la única fuente de agua por Vibrio cholerae y a la falta de unas viviendas y un saneamiento adecuados.

Se examinan el problema de la adaptación microbiana, el uso y abuso de los antibióticos, y las zoonosis, como la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en el ser humano y la infección por el virus de Nipah. La historia de la aparición de este virus ofrece otro ejemplo de un nuevo agente patógeno humano de procedencia animal que inicialmente causaba zoonosis y evolucionó hasta convertirse en un patógeno humano más eficiente. Esta tendencia exige una mayor colaboración entre los sectores responsables de la salud humana, la sanidad veterinaria y la fauna salvaje.

Se abordan asimismo las enfermedades infecciosas surgidas a raíz de episodios meteorológicos extremos y el impacto agudo sobre la salud pública de incidentes repentinos relacionados con sustancias químicas o material radiactivo. Estos eventos entran dentro del ámbito de aplicación del RSI (2005) si pueden causar daños a escala internacional, e incluyen el uso intencional de agentes biológicos y químicos y los accidentes industriales. Uno de los accidentes citados en este Panorama general es el de la central nuclear de Chernobyl, ocurrido en Ucrania en 1986, que dispersó material radiactivo en la atmósfera de un área enorme de Europa. Considerados en conjunto, los ejemplos de este capítulo revelan la alarmante variedad de amenazas para la seguridad sanitaria mundial que existían a finales del siglo XX.

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