Informe sobre la salud en el mundo

Panorama general


Resumen del capítulo 3

Nuevas amenazas para la salud en el siglo XXI

En el capítulo 3 se analizan tres nuevas amenazas para la salud surgidas en el siglo XXI: el bioterrorismo, que en 2001 adoptó la forma de cartas con esporas de bacilo del carbunco (B. anthracis) en los Estados Unidos, la aparición del SRAS en 2003, y el vertido masivo de residuos químicos tóxicos ocurrido en Côte d’Ivoire en 2006.

Apenas unos días después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, la diseminación deliberada de esporas de bacilo del carbunco potencialmente mortales por medio de cartas enviadas a través del servicio de correos de los Estados Unidos vino a sumar el bioterrorismo a las realidades de la vida en la sociedad moderna. Además del tributo en vidas humanas (murieron cinco de las 22 personas afectadas), este ataque tuvo enormes consecuencias para la economía, la salud pública y la seguridad. Reavivó la inquietud internacional por el bioterrorismo e impulsó a muchos países a adoptar contramedidas y a instar a la OMS a potenciar su papel asesor, lo que llevó a ésta a actualizar la publicación Public health response to biological and chemical weapons: WHO guidance.

Las cartas con esporas de B. anthracis dejaron patente la capacidad del bioterrorismo de causar no sólo muerte y discapacidad, sino también grandes trastornos sociales y económicos. Al mismo tiempo surgió la preocupación por la posibilidad de que, más de 20 años después de la erradicación de la viruela como enfermedad humana en 1979, el virus variólico pudiera ser utilizado con efectos mortíferos en actos de agresión. Tras la erradicación se dejó de administrar la vacuna antivariólica, por lo que ahora hay poblaciones no inmunizadas y sensibles, y una nueva generación de profesionales de la salud pública sin experiencia clínica de la enfermedad.

Desde entonces, la OMS ha participado en discusiones internacionales y simulaciones en las que ha sostenido que la forma más segura de detectar un brote provocado es fortalecer los sistemas de detección y respuesta a los brotes de origen natural, ya que los principios epidemiológicos y de laboratorio son básicamente los mismos. Los debates de expertos sobre la respuesta adecuada a un ataque biológico, en particular con virus variólico, sirvieron para ensayar a escala mundial los mecanismos de alerta y respuesta ante brotes epidémicos ya puestos en marcha por la OMS.

En 2003, el SRAS, primera enfermedad grave aparecida en este siglo, confirmó el temor, generado por la amenaza bioterrorista, de que un agente patógeno nuevo o poco común pueda tener profundas repercusiones en la salud pública y la seguridad económica a escala tanto nacional como internacional. El SRAS reunía las características que conferirían a una enfermedad importancia internacional como amenaza para la seguridad sanitaria: se transmitía de persona a persona, no necesitaba vectores, no mostraba ninguna afinidad geográfica concreta, se incubaba silenciosamente durante más de una semana, simulaba los síntomas de muchas otras enfermedades, afectó sobre todo a personal hospitalario y causó la muerte de alrededor del 10% de los infectados. Estas características significaban que la infección se propagaba fácilmente a través de las rutas aéreas internacionales y que todas las ciudades con aeropuerto internacional corrían el riesgo de recibir casos importados.

Enfermedad nueva, mortífera y de la que inicialmente poco se sabía, el SRAS generó tal grado de ansiedad pública que provocó la supresión casi total de los viajes a las zonas afectadas y supuso una sangría de miles de millones de dólares para las economías de regiones enteras. Obligó a cuestionar las percepciones públicas y políticas de los riesgos asociados a las enfermedades emergentes y epidemiógenas, y confirió a la salud pública una notoriedad sin precedentes. No todos los países se sintieron amenazados por la posibilidad de sufrir actos de bioterrorismo, pero a todos les preocupó la llegada de una enfermedad como el SRAS.

El SRAS puso de manifiesto que el peligro que representan las enfermedades emergentes es universal. Ningún país, sea rico o pobre, está suficientemente protegido frente a la llegada de una enfermedad nueva a su territorio o a las perturbaciones que ello puede causar. La propagación del SRAS se detuvo menos de cuatro meses después de que el síndrome fuera identificado como una amenaza internacional, lo que representa un logro sin precedentes para la salud pública a escala mundial. Si el SRAS se hubiera asentado permanentemente como cualquier otra amenaza epidémica autóctona, no es difícil imaginar cuáles habrían sido las consecuencias para la seguridad sanitaria mundial en un mundo que todavía se esfuerza por hacer frente al VIH/SIDA.

Al igual que la movilidad internacional de las personas, los movimientos de productos a escala planetaria pueden tener graves consecuencias para la salud. Los riesgos potencialmente mortales del transporte internacional y la eliminación de residuos peligrosos como un elemento del comercio mundial quedaron claramente ilustrados en Côte d’Ivoire en agosto de 2006. Más de 500 toneladas de residuos químicos fueron descargadas de una embarcación y vertidas ilegalmente por camiones en diversos puntos de Abidján y sus alrededores. Como consecuencia de ello, casi 90 000 personas solicitaron atención médica en los días y semanas siguientes. Aunque se hospitalizó a menos de cien personas y el número de defunciones que pudieron atribuirse al suceso fue mucho menor, lo ocurrido constituyó una crisis de salud pública de dimensiones nacionales e internacionales. A escala internacional, uno de los principales motivos de preocupación era que el buque de carga había zarpado del norte de Europa rumbo a Côte d’Ivoire y había hecho escala en varios puertos, entre ellos algunos del África occidental. Después del incidente no quedó claro si en alguna de esas escalas el buque había cargado o descargado residuos químicos.

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