Informe sobre la salud en el mundo

Panorama general


Resumen del capítulo 4

Extraer enseñanzas y ser previsores

El capítulo 4 está dedicado a las posibles emergencias de salud pública de importancia internacional, la más temida de las cuales sigue siendo la gripe pandémica. A esta amenaza ya se le ha dado una respuesta preventiva, facilitada por la aplicación temprana del RSI (2005). Ha constituido una oportunidad excepcional de prepararse para una pandemia, y posiblemente de impedir que la amenaza se haga realidad, aprovechando al máximo los sistemas de alerta anticipada y ensayando un modelo de planificación y preparación para pandemias. Se debe explotar al máximo esta ventaja a fin de mejorar la preparación mundial en el marco del RSI (2005).

Inmediatamente después del brote de SRAS, la perspectiva de una posible pandemia de gripe hizo que cundiera la alarma en todo el mundo. Una gripe pandémica, mucho más contagiosa y transmisible a través de la tos y los estornudos durante un periodo de incubación demasiado corto para permitir el rastreo y aislamiento de los contactos, habría tenido consecuencias desastrosas. Si emergiera un virus pandémico plenamente transmisible, no se podría evitar la propagación de la enfermedad.

Según la experiencia de anteriores pandemias, cabe prever que la enfermedad afectaría aproximadamente al 25% de la población mundial (más de 1500 millones de personas). Incluso aunque el virus causara una afección relativamente leve, las perturbaciones económicas y sociales que originaría la aparición súbita de tantas personas enfermas serían enormes.

Dado que la próxima gripe pandémica probablemente sea de la variedad aviar, se han adoptado muchas medidas para controlar los brotes iniciales en aves de corral, incluida la destrucción de decenas de millones de aves. El capítulo 4 describe las medidas más importantes y el notable grado de colaboración internacional que se ha conseguido para reducir el riesgo de pandemia. Entre sus muchas actividades de primera línea, la OMS ha rastreado y verificado docenas de rumores diarios de casos humanos. Se han enviado a los países kits para pruebas sobre el terreno y se ha intensificado la formación en materia de investigaciones y respuesta in situ. La GOARN se movilizó para apoyar el despliegue de equipos de respuesta de la OMS en diez países con casos de infección por el virus H5N1 en seres humanos o aves de corral, y más de 30 equipos de evaluación investigaron la situación potencial del virus H5N1 en otros países.

Con miras a fomentar la preparación a escala mundial ante la gripe pandémica, la OMS ha elaborado un plan estratégico en el que se fijan cinco áreas de acción fundamentales:

  • Reducir la exposición humana al virus H5N1
  • Fortalecer el sistema de alerta anticipada.
  • Intensificar las operaciones de contención rápida.
  • Desarrollar la capacidad de hacer frente a una pandemia.
  • Coordinar las actividades científicas mundiales de investigación y desarrollo.

En mayo de 2007, habiendo notificado 12 países 308 casos humanos, incluidas 186 defunciones, casi todos los países contaban ya con planes de preparación frente a una pandemia de gripe aviar y humana. La OMS colaboró con algunos Estados Miembros en la constitución de unas reservas internacionales de oseltamivir, antiviral que teóricamente podría detener la transmisión en un foco inicial de contagio entre seres humanos. La industria farmacéutica sigue investigando para hallar una vacuna contra la gripe pandémica. En 2007 siguieron produciéndose brotes en aves de corral, y también casos esporádicos en seres humanos, pero no llegó a surgir un virus pandemiógeno. Sin embargo, los científicos están de acuerdo en que persiste el riesgo de una pandemia por el virus H5N1 y en que, ya sea causada por este o por otro virus de la gripe aviar, la cuestión no es si se producirá, sino cuándo.

El capítulo 4 hace hincapié asimismo en el problema de la tuberculosis extremadamente farmacorresistente en Sudáfrica, agravado por unos sistemas sanitarios ineficaces y los consiguientes fallos en la gestión de los programas, en especial la mala supervisión del personal de salud y de los regímenes terapéuticos de los pacientes, las interferencias en el suministro de fármacos y la deficiente gestión clínica, todos los cuales pueden impedir que los pacientes terminen los ciclos de tratamiento. La situación actual es una señal de alarma dirigida a todos los países, y especialmente a los de África, para que velen por que la lucha antituberculosa básica se ajuste a los criterios internacionales e inicien y refuercen el tratamiento de las formas farmacorresistentes de la enfermedad.

La propagación mundial del poliovirus en el periodo 2003-2005 como consecuencia de un control insuficiente en Nigeria (véase el capítulo 2) fue otra señal de alarma. Puso de relieve el riesgo de que la poliomielitis resurja después de su erradicación, así como la necesidad de incluirla en la lista de enfermedades de notificación obligatoria del RSI (2005). Los mecanismos de alerta y notificación previstos en el RSI (2005) son un complemento fundamental de las actividades emprendidas por la amplia red de vigilancia ya instaurada en todo el mundo, que asegura la notificación inmediata de los casos de poliomielitis confirmados, así como la investigación clínica y virológica normalizada de los casos sospechosos. Esta capacidad de permanecer alerta y dar respuesta es indispensable para lograr la erradicación de la poliomielitis porque, una vez erradicado el poliovirus en la naturaleza, el mundo deberá estar atento a una posible liberación accidental o intencional del mismo.

Por último, el capítulo 4 aborda los desastres naturales, que tan sólo en 2006 afectaron a 134,6 millones de personas y mataron a otras 21 342. De la misma forma que estas situaciones ponen en peligro a los individuos, pueden también amenazar a unos sistemas sanitarios que ven ya desbordada su capacidad para garantizar la seguridad personal en materia de salud. Entre los efectos indirectos de los desastres naturales se cuentan la amenaza de epidemias de enfermedades infecciosas, la malnutrición aguda, los desplazamientos de poblaciones, las enfermedades mentales agudas y el recrudecimiento de las enfermedades crónicas, y para hacer frente a todos ellos se necesitan sistemas sanitarios robustos.

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