Situaciones de emergencia: efectos a nivel mundial y local
Las guerras, los ciclones, los terremotos, los maremotos, los brotes de enfermedades, las hambrunas, los incidentes radiológicos y los derrames químicos son situaciones de emergencia que, de forma invariable, tienen importantes consecuencias para la salud pública. Las emergencias internas de los establecimientos sanitarios, tales como los incendios, o la pérdida de suministro eléctrico o de abastecimiento de agua, pueden dañar los edificios y los equipos, y afectar al personal y a los pacientes. En las situaciones de conflicto, un hospital puede dejar de funcionar, entre otras cosas, porque se obligue al personal a abandonarlo por razones de seguridad, o porque los equipos y los medicamentos sean objeto de saqueos.
En 2008, 321 desastres naturales se cobraron la vida de 235 816 personas, un número de muertes casi cuatro veces superior al de la media anual total de los siete años anteriores. Este aumento se debió a dos fenómenos: el ciclón Nargis, que dejó 138 366 muertos y desaparecidos en Myanmar, y el terremoto del suroeste de China, en la provincia de Sichuan, que provocó la muerte de 87 476 personas, según la Estrategia Internacional de las Naciones Unidas para la Reducción de Desastres (EIRD). En Asia, el continente más afectado, se encuentran nueve de los diez países más importantes del mundo en cuanto a muertes provocadas por desastres naturales. Según la EIRD, junto con los fenómenos climáticos, las inundaciones siguieron siendo una de las catástrofes naturales más frecuentes durante el pasado año. Los conflictos también han provocado una gran cantidad de sufrimiento humano en todo el planeta y han hecho que los servicios de salud hayan tenido que emplearse a fondo.
Los desastres naturales también tienen un costo económico abrumador. Se estima que en 2008 el costo ascendió a US$ 181 mil millones, más del doble de la media anual del periodo de 2000 a 2007, que fue de US$ 81 mil millones. Se estima que los daños provocados por el terremoto de Sichuan ascendieron a unos US$ 85 mil millones y los ocasionados en los Estados Unidos por el huracán Ike a unos US$ 30 mil millones. “El pronunciado aumento de las pérdidas humanas y económicas en 2008 como consecuencia de los desastres naturales es alarmante. Lamentablemente, esas pérdidas podrían haber sido sustancialmente inferiores, si los edificios en China, en particular las escuelas y los hospitales, se hubiesen construido para resistir mejor el impacto de los terremotos. Un sistema eficaz de alarma anticipada y una preparación adecuada de la comunidad también podrían haber permitido salvar muchas vidas en Myanmar, si se hubiese puesto en marcha antes del ciclón Nargis”, afirma Salvano Breiceno, director de la Secretaría de la Estrategia Internacional de las Naciones Unidas para la Reducción de Desastres.
Si bien únicamente el 11 por ciento de las personas expuestas a riesgos naturales vive en los países en desarrollo, éstas suponen más del 53 por ciento de las defunciones debidas a desastres naturales en el mundo. Las diferencias en cuanto a impacto indican que existen importantes posibilidades de reducir el número de muertes de seres humanos provocadas por los desastres naturales, y que un elemento clave de esas tragedias es la inacción humana.
Esto no es más que una parte del panorama. Existen numerosos sucesos de menor envergadura que se cobran un tributo incluso mayor en forma de sufrimiento humano, como es el caso de los accidentes de tránsito y los incendios. Los accidentes de tráfico se cobran la vida de 1,2 millones de personas anualmente, es decir, de más de 3 200 personas al día, al tiempo que provocan lesiones o discapacidades a entre 20 y 50 millones de personas más cada año. Al menos el 90 por ciento de las defunciones ocasionadas por los accidentes de tránsito y los incendios se produce en países de ingresos bajos y medios. Por otro lado, los incendios, por sí solos, provocan además la muerte de 300 000 personas cada año.
Los brotes de enfermedades transmisibles pueden desencadenar situaciones de emergencia que entrañan pérdidas de vidas y padecimientos generalizados. En los 12 meses previos al 31 de mayo de 2008, la OMS confirmó 162 brotes de enfermedades infecciosas en 75 países del mundo. Más de la tercera parte de esos brotes se produjo en África e incluyó enfermedades como el cólera, otras enfermedades diarreicas, el sarampión, fiebres hemorrágicas y otras enfermedades graves emergentes. "A menudo se cree que, en el caos que acompaña a los desastres, el riesgo de brotes epidémicos es muy elevado, temor muy probablemente derivado de la asociación que se hace entre cadáveres y epidemias. Ahora bien, los factores de riesgo de brotes tras una catástrofe están principalmente ligados al desplazamiento de la población (normalmente asociado a los conflictos)". Incluso la presencia de algunos casos de una enfermedad concreta puede generar la percepción de que la población se enfrenta a un grave riesgo sanitario, lo que puede ser causa de importantes consecuencias políticas, sociales y económicas.
Las enfermedades infecciosas son una de las principales causas de muerte y enfermedad infantiles en situaciones de conflicto, en especial entre los refugiados y los desplazados internos.