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Nurse Peace counsels a patient prior to a cervical cancer screening in Minna, Nigeria.
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Cáncer de cuello uterino

2 de diciembre de 2025

Datos y cifras

  • El cáncer de cuello uterino se puede prevenir en gran medida. La vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH), junto con la realización periódica de pruebas de detección de acuerdo con las directrices nacionales, permite reducir de forma significativa el riesgo de padecer la enfermedad. Además, cuando se detecta de manera precoz y se trata oportunamente, puede curarse.
  • A escala mundial, se trata del cuarto tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres, con una incidencia aproximada de 660 000 nuevos casos y 350 000 muertes en 2022.
  • Las tasas más altas de incidencia y mortalidad se concentran en los países de ingreso bajo y mediano. Estas desigualdades reflejan, en gran medida, las limitaciones en el acceso a los servicios nacionales de vacunación contra el VPH y a los servicios de cribado y tratamiento del cáncer, así como la influencia de determinantes sociales y económicos.
  • La enfermedad se origina por una infección persistente por el VPH. Las mujeres infectadas por el VIH presentan un riesgo seis veces mayor de contraerla.
  • En todo el mundo, los países están trabajando para acelerar la eliminación de este cáncer mediante el logro de las metas mundiales «90–70–90»: vacunar plenamente contra el VPH al 90 % de las niñas antes de los 15 años, realizar pruebas de detección al 70 % de las mujeres a los 35 y a los 45 años, y tratar adecuadamente al 90 % de las mujeres con lesiones precancerosas o con cáncer invasivo. 

Panorama general

El cáncer de cuello uterino ocupa el cuarto lugar entre los cánceres más frecuentes en las mujeres. En 2022 se notificaron cerca de 600 000 nuevos casos, y ese mismo año más del 94 % de las aproximadamente 350 000 muertes asociadas a esta enfermedad se produjeron en países de ingreso bajo y mediano. Las mayores tasas de incidencia y mortalidad se observaron en el África Subsahariana, América Central y Asia Sudoriental. Estas diferencias regionales se explican principalmente por las desigualdades en el acceso a la vacunación, el cribado y el tratamiento.

Además de estas brechas en los servicios de salud, influyen otros factores, como la prevalencia del VIH y determinantes sociales y económicos de mayor alcance, entre ellos la desigualdad de género y la pobreza.

Las mujeres con infección por el VIH tienen una probabilidad seis veces mayor de padecer cáncer de cuello uterino que la población general, y se estima que alrededor del 5 % de los casos de este cáncer son atribuibles a dicho virus (1). Dado que la enfermedad afecta de manera desproporcionada a las mujeres más jóvenes, se calcula que el 20 % de los niños que pierden a su madre a causa del cáncer lo hacen como consecuencia del cáncer de cuello uterino (2).

Causas

Prácticamente todos los casos de cáncer de cuello uterino están causados por la infección por tipos oncogénicos del virus del papiloma humano (VPH). Se trata de una infección de transmisión sexual muy común que puede afectar a la piel, la región genital y anal y la garganta. La mayoría de las personas sexualmente activas contraen este virus en algún momento de su vida, generalmente sin presentar síntomas. En la mayor parte de los casos, el sistema inmunitario elimina estos virus de manera espontánea. Sin embargo, cuando la infección persiste y está causada por determinados tipos oncogénicos del VPH, puede dar lugar a la aparición de células anormales que, con el tiempo, evolucionan hacia un cáncer.

En torno al 95 % de los casos de cáncer de cuello uterino se deben a una infección persistente por el VPH en el cuello del útero, es decir, la parte inferior del útero o matriz que se abre a la vagina y que también se conoce como canal del parto. Si no se tratan, estas infecciones pueden provocar lesiones precancerosas. Por lo general, la progresión desde las células anormales hasta el cáncer tarda entre 15 y 20 años. No obstante, cuando el sistema inmunitario está debilitado, como sucede en el caso de una infección por el VIH no tratada, este proceso puede acelerarse y producirse en un plazo de entre 5 y 10 años. Entre los factores que aumentan el riesgo de progresión figuran el grado de oncogenicidad del tipo de VPH, el estado inmunitario, la presencia de otras infecciones de transmisión sexual, el número de partos, un primer embarazo a edad temprana, el uso de anticonceptivos hormonales y el tabaquismo.

Prevención

La sensibilización de la población, la alfabetización en salud y el acceso a información y servicios de salud son fundamentales para prevenir y tratar esta enfermedad a lo largo del curso de la vida:

  • La vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH) de las niñas entre los 9 y los 14 años constituye una de las intervenciones más eficaces para prevenir esta infección, el cáncer de cuello uterino y otros cánceres asociados al VPH.
  • El cribado del cáncer de cuello uterino en la población general a partir de los 30 años —y desde los 25 años en el caso de las mujeres con infección por el VIH— permite detectar lesiones precancerosas que, cuando se tratan de forma oportuna, evitan la progresión hacia un cáncer invasivo.
  • Asimismo, la detección precoz en las mujeres que presentan síntomas, con independencia de su edad, seguida de un tratamiento rápido y de calidad, permite curar el cáncer de cuello uterino.

Vacunación contra el VPH y otras medidas de prevención

En 2025 existen ocho vacunas contra el VPH autorizadas, cinco de las cuales han sido precalificadas por la OMS y se encuentran disponibles a escala mundial. Todas ellas ofrecen protección frente a los tipos 16 y 18 del VPH de alto riesgo, que causan aproximadamente el 76 % de los casos de cáncer de cuello uterino.

Esta vacunación debe administrarse prioritariamente a todas las niñas de entre 9 y 14 años antes del inicio de las relaciones sexuales. De acuerdo con las directrices nacionales, la pauta puede consistir en una o dos dosis, aunque, en el caso de las personas con el sistema inmunitario debilitado, incluidas las que tienen infección por el VIH, se recomiendan dos o tres dosis. Algunos países han optado además por vacunar a los varones, con el objetivo de reducir aún más la circulación del VPH en el ámbito extrahospitalario y prevenir los cánceres masculinos asociados a este virus.

Estas son otras formas importantes de prevenir la infección por VPH y reducir el riesgo de sufrir un cáncer de cuello uterino:

  • no fumar o dejar de fumar;
  • utilizar preservativos;
  • y la circuncisión masculina voluntaria.

Cribado del cáncer de cuello uterino y tratamiento de las lesiones precancerosas

A partir de los 30 años, las mujeres deben someterse cada 5 a 10 años a una prueba de detección del cáncer de cuello uterino con alta sensibilidad y validez clínica demostrada. Si están infectadas por el VIH, estas pruebas deben realizarse cada tres años a partir de los 25 años. La estrategia mundial promueve la realización de al menos dos pruebas de alta sensibilidad a lo largo de la vida, una antes de los 35 años y otra antes de los 45. Dado que las lesiones precancerosas rara vez producen síntomas, es fundamental que las mujeres se sometan periódicamente a las pruebas de cribado, incluso si están vacunadas contra el VPH.

En este contexto, existe la posibilidad de que las propias mujeres recojan las muestras necesarias para las pruebas, una opción que muchas prefieren y cuya fiabilidad es equivalente a la obtención de la muestra por parte de un trabajador de la salud.

Tras un resultado positivo en una prueba de cribado, el personal de salud puede examinar el cuello del útero para detectar alteraciones, como lesiones precancerosas, que, si no se tratan, podrían evolucionar hacia un cáncer. El tratamiento de estas lesiones es sencillo y eficaz, y constituye una medida importante para prevenir la enfermedad. Dicho tratamiento puede administrarse en la misma visita en la que se realiza la prueba, lo que se conoce como enfoque de «detectar y tratar», o después de una segunda prueba, siguiendo el enfoque de «detectar, seleccionar y tratar», opción esta última especialmente recomendada para las mujeres con infección por el VIH.

El tratamiento de las lesiones precancerosas suele ser rápido, provoca menos molestias que otros procedimientos quirúrgicos y, por lo general, no causa complicaciones. El procedimiento consiste en examinar el cuello uterino tras la aplicación de ácido acético, con o sin aumento —mediante colposcopia o inspección visual directa a simple vista—, para localizar la lesión y determinar el tratamiento adecuado. Estas son las opciones de tratamiento:

  • ablación térmica: destrucción de las células anómalas con una sonda caliente;
  • crioterapia: congelación de las células con una sonda fría;
  • extirpación electroquirúrgica con asa (LEEP O LLETZ): extirpación del tejido anormal con un asa calentada eléctricamente; y
  • conización: extracción con un bisturí de una porción de tejido en forma de cono para analizarlo.

Detección precoz, diagnóstico y tratamiento

El cáncer de cuello uterino puede curarse si se diagnostica y se trata en una fase temprana. Para ello, resulta esencial reconocer los síntomas y acudir al médico ante cualquier duda. Las mujeres deben consultar a un profesional de la salud si notan:

  • hemorragias inusuales entre periodos, después de la menopausia o tras mantener relaciones sexuales;
  • flujo vaginal abundante o con mal olor;
  • síntomas como dolor persistente en la espalda, las piernas o la pelvis;
  • pérdida de peso, cansancio o falta de apetito;
  • molestias vaginales;
  • hinchazón de las piernas.

Las evaluaciones clínicas y las pruebas diagnósticas suelen ser fundamentales para confirmar este cáncer. Por lo general, van seguidas de la derivación a los servicios de tratamiento con cirugía, radioterapia y quimioterapia, así como a los cuidados paliativos para ofrecer un tratamiento sintomático y analgesia.

Las opciones para el manejo de la atención oncológica invasiva son un instrumento importante para derivación rápidamente a las pacientes y prestarles apoyo mientras se avanza en su diagnóstico y se decide el tratamiento. Para que sea de calidad, esta atención debe caracterizarse por:

  • la participación de un equipo multidisciplinario que lleve a cabo el diagnóstico y la estadificación antes de decidir el tratamiento, mediante pruebas histológicas, diagnóstico anatomopatológico y diagnóstico por imagen;
  • la adopción de decisiones terapéuticas de conformidad con las directrices nacionales; y
  • el respaldo a las intervenciones mediante cuidados integrales de carácter psicológico, espiritual, físico y paliativo.

A medida que los países de ingreso bajo y mediano amplíen el cribado del cáncer cervicouterino, se detectará un mayor número de casos de cáncer invasivo, en particular entre los grupos que anteriormente no se sometían a estas pruebas. Por ello, de forma paralela a los servicios de prevención, deben ponerse en marcha y ampliarse las estrategias de derivación y tratamiento del cáncer.

Respuesta de la OMS

Todos los países se han comprometido a eliminar el cáncer de cuello uterino como problema de salud pública. La Estrategia Mundial de la OMS define la eliminación como un máximo de cuatro casos anuales por cada 100 000 mujeres y establece tres metas que deben alcanzarse de aquí a 2030 para que todos los países avancen hacia ese objetivo:

  • vacunar al 90 % de las niñas contra el VPH antes de cumplir los 15 años;
  • realizar pruebas de alta sensibilidad y validez clínica demostrada al 70 % de las mujeres antes de los 35 años y de nuevo antes de los 45 años; y
  • tratar al 90 % de las mujeres con lesiones precancerosas o cáncer cervicouterino.

Las estimaciones obtenidas mediante modelización indican que, si se alcanza este objetivo de eliminación, de aquí a 2120 podrían evitarse unos 74 millones de nuevos casos y 62 millones de muertes por este cáncer. Además, se han llevado a cabo análisis que muestran una reducción del impacto de la enfermedad en las mujeres con infección por el VIH.

La prevención de las lesiones precancerosas y de los cánceres asociados al VPH es también un componente fundamental de las Estrategias mundiales del sector de la salud contra el VIH, las hepatitis víricas y las infecciones de transmisión sexual para el periodo 2022-2030 de la OMS. De igual modo, la resolución WHA74.5 (2021) de la Asamblea Mundial de la Salud sobre salud bucodental incorpora medidas relacionadas con los cánceres de la boca y la garganta.

Día Mundial para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino

El 17 de noviembre se conmemora el Día Mundial para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino, con el objetivo de reforzar las actividades que se desarrollan en todo el mundo para prevenir y tratar esta enfermedad. La jornada pone de relieve la importancia de la vacunación contra el VPH, así como del cribado y el tratamiento de este tipo de cáncer, con especial atención al apoyo a las mujeres y las niñas. Asimismo, se alienta a los países, a la OMS y a sus asociados a colaborar, ampliar los servicios y seguir avanzando, de conformidad con la Estrategia Mundial para Acelerar la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino.

 

Referencias

  1. Stelze, Dominik et al. Estimates of the global burden of cervical cancer associated with HIV. The Lancet. 2020. https://doi.org/10.1016/S2214-109X(20)30459-9
  2. Guida, F., Kidman, R., Ferlay, J. et al. Global and regional estimates of orphans attributed to maternal cancer mortality in 2020. Nat Med 28, 2563–2572 (2022). https://doi.org/10.1038/s41591-022-02109-2