Datos y cifras
- En 2021, 57 millones de personas en todo el mundo vivían con demencia y más del 60 % de ellas residían en países de ingresos bajos y medianos. Cada año se registran casi diez millones de casos nuevos.
- Esta afección es consecuencia de diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro. El alzhéimer, que es la forma más común de demencia, abarca entre el 60 % y el 70 % de los casos.
- Actualmente, es la séptima causa de defunción y una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores en todo el mundo.
- En 2019, la demencia supuso para las economías del mundo un coste de USD 1,3 billones; aproximadamente la mitad de esa cifra corresponde a la atención prestada por cuidadores informales, como familiares y amigos cercanos, que dedican de media unas cinco horas diarias a tareas de atención y supervisión.
- La demencia afecta de forma desproporcionada a las mujeres, tanto directa como indirectamente. Las mujeres presentan cifras más elevadas de años de vida ajustados en función de la discapacidad y de mortalidad por esta afección y, además, asumen el 70 % de las horas de cuidados que reciben las personas con esta afección.
Panorama general
La demencia altera la memoria, el pensamiento y la capacidad de realizar las actividades cotidianas. Puede deberse a distintas enfermedades que dañan el cerebro.
Se trata de una afección que empeora con el tiempo. Aunque es más frecuente a partir de los 65 años, no es una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Estos son algunos factores que aumentan el riesgo de presentarla:
- problemas de salud como la hipertensión arterial, los niveles altos de glucosa en sangre (diabetes), el sobrepeso o la obesidad, la depresión, la pérdida de visión o de audición, la mala calidad del sueño, los traumatismos craneoencefálicos y los accidentes cerebrovasculares;
- hábitos y circunstancias como el consumo de tabaco, el consumo nocivo de alcohol, la inactividad física, el aislamiento social y el bajo nivel educativo, y
- factores del entorno, como la contaminación del aire.
La demencia puede deberse a diversas enfermedades que, con el tiempo, dañan el cerebro y suelen provocar un deterioro de la función cognitiva mayor del que cabría considerar una consecuencia habitual del envejecimiento biológico. Ese deterioro suele ir acompañado, y en ocasiones precedido, de cambios en el estado de ánimo, el control emocional, el comportamiento o la motivación.
Es una afección que tiene consecuencias físicas, psicológicas, sociales y económicas no solo para la propia persona, sino también para sus cuidadores, sus familias y la sociedad en general. Debido a que, a menudo, no se tienen suficientes conocimientos ni comprensión de la demencia, el diagnóstico y la atención se ven obstaculizados y pueden aparecer conductas estigmatizantes hacia las personas afectadas.
Signos y síntomas
La demencia puede afectar a la memoria, el pensamiento, la comunicación, el estado de ánimo y el comportamiento. A medida que los síntomas empeoran, aumenta también la necesidad de ayuda a diario.
Los signos y síntomas precoces son:
- olvidar cosas o acontecimientos recientes
- perder o extraviar objetos
- perderse al caminar o conducir
- desorientarse, incluso en lugares conocidos
- perder la noción del tiempo
- tener dificultades para resolver problemas o tomar decisiones
- tener problemas para seguir conversaciones o encontrar las palabras adecuadas para expresarse
- tener dificultades para realizar tareas habituales
- cometer errores al calcular visualmente a qué distancia se encuentran los objetos.
A veces, la persona presenta cambios en el estado de ánimo y en el comportamiento antes de que aparezcan los problemas de memoria. Algunos cambios habituales pueden ser:
- sentir ansiedad, tristeza o enojo por las pérdidas de memoria
- experimentar cambios de personalidad
- comportarse de forma inapropiada
- abandonar el trabajo o las actividades sociales
- perder interés por las emociones de otras personas.
La demencia afecta a cada persona de una manera distinta, en función de las causas subyacentes, de otros problemas de salud y del funcionamiento cognitivo antes de enfermar.
De hecho, no todas las personas presentan los mismos síntomas. Por lo general, estos síntomas se agravan con el tiempo, y algunos pueden aparecer solo en las últimas etapas de la afección.
A medida que la demencia avanza, aumenta la necesidad de ayuda para los cuidados personales. La persona puede ser incapaz de reconocer a familiares o amigos, empezar a tener dificultades para desplazarse, sufrir incontinencia urinaria y fecal, tener problemas para comer y beber y presentar cambios de comportamiento, por ejemplo, volverse agresivas Todo ello provoca inquietud tanto a la propia persona como a las que la rodean.
Formas comunes de demencia
La demencia tiene su origen en distintas enfermedades o lesiones que dañan el cerebro. La enfermedad de Alzheimer, que es la forma más común, representa entre el 60 % y el 70 % de los casos. También existen la forma vascular, la demencia por cuerpos de Lewy —en la que se producen depósitos anómalos de proteínas en el interior de las células nerviosas— y un grupo de enfermedades que dan lugar a la demencia frontotemporal, asociada a la degeneración del lóbulo frontal del cerebro. También puede aparecer demencia después de un accidente cerebrovascular o por determinadas infecciones, como la causada por el VIH, así como a consecuencia del consumo nocivo de alcohol, de lesiones cerebrales reiteradas o de deficiencias nutricionales. Los límites entre las distintas formas no siempre son claros, y con frecuencia coexisten formas mixtas.
Tratamiento y atención
No existe ningún tratamiento que cure la demencia, pero se pueden hacer muchas cosas para apoyar tanto a las personas que viven con la enfermedad como a quienes las cuidan.
Las intervenciones no farmacológicas pueden mejorar la calidad de vida y la capacidad para desenvolverse en las actividades cotidianas. Entre ellas figuran la rehabilitación, la psicoeducación, la actividad física, la participación social, la estimulación cognitiva y el apoyo a los cuidadores.
Algunos fármacos pueden ayudar a controlar los síntomas:
- Los inhibidores de la colinesterasa, como el donepezilo, se utilizan para tratar el alzhéimer.
- Los antagonistas del receptor NMDA, como la memantina, para el alzhéimer grave y la demencia vascular.
- Los fármacos para controlar la tensión arterial y el colesterol pueden prevenir daños cerebrales adicionales debidos a la demencia vascular.
- Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden ayudar a aliviar los síntomas graves de depresión en las personas con demencia si los cambios sociales y de hábitos no han dado resultado, pero no deben ser la primera opción.
Si existe el riesgo de que una persona con demencia se haga daño a sí misma o haga daño a otras personas, el abordaje debe empezar por intervenciones no farmacológicas. La prescripción de haloperidol o risperidona solo debe valorarse cuando sea claramente necesaria y, aun en ese caso, estos fármacos deben utilizarse con cautela y con una vigilancia estrecha de sus efectos.
Cuidado personal
Los síntomas de la demencia pueden controlarse de distintas maneras para mantener el bienestar y la calidad de vida:
- Haga ejercicio.
- Siga una dieta saludable.
- Deje de consumir tabaco y bebidas alcohólicas.
- Acuda al médico con regularidad.
- Anote las tareas y las citas cotidianas para no olvidar cosas importantes.
- Siga cultivando sus aficiones y haga actividades que le resulten agradables.
- Busque nuevas formas de mantener la mente activa.
- Pase tiempo con amigos y familiares y participe en la vida comunitaria.
Planifique las cosas con antelación. Con el paso del tiempo, puede resultar más difícil tomar decisiones importantes de carácter personal o económico. Por ello, conviene:
- Contar con personas de confianza que le ayuden a tomar decisiones y a comunicarlas.
- Dejar por escrito, con antelación, sus decisiones y preferencias sobre los cuidados y el apoyo que desea recibir.
- Cuando salga de casa, llevar encima un documento de identidad con su dirección y los contactos de emergencia.
- Pedir ayuda a familiares y amigos.
- Explicar a sus conocidos cómo le pueden ayudar.
- Unirse a un grupo local de apoyo.
Es importante reconocer que cuidar y apoyar a una persona que vive con demencia puede ser difícil y repercutir en la salud y el bienestar de los cuidadores. Las personas que prestan ese apoyo deben recurrir a familiares, amigos y profesionales cuando necesiten ayuda, descansar periódicamente y cuidar de sí mismas, probar técnicas para controlar el estrés, como los ejercicios de atención plena, y solicitar ayuda y orientación profesional cuando sea necesario. Para ayudar a estos cuidadores a ocuparse de sí mismos y a atender a la persona a la que prestan apoyo, la OMS creó el programa de autoayuda iSupport, que ofrece formación y explica competencias prácticas a este respecto.
Factores de riesgo y prevención
Aunque la edad es el principal factor de riesgo conocido de demencia, algunas personas más jóvenes también se ven afectadas. De hecho, el 9 % de los casos aparecen tempranamente, es decir, antes de los 65 años.
De acuerdo con las pruebas disponibles, el riesgo de padecer deterioro cognitivo y demencia puede reducirse adoptando hábitos y conductas saludables, controlando los problemas de salud que se sabe que aumentan ese riesgo y reduciendo los factores de riesgo ambientales.
Entre las medidas importantes en este sentido figuran:
- realizar actividad física
- no fumar
- evitar el consumo nocivo de bebidas alcohólicas
- seguir una alimentación saludable y equilibrada
- mantenerse activo social y cognitivamente
- mantener un peso adecuado
- controlar la presión arterial, el colesterol y las concentraciones de glucosa en sangre
- utilizar auxiliares auditivos cuando se necesiten y
- reducir la exposición a la contaminación del aire.
El riesgo de demencia se acumula a lo largo de la vida y algunos factores de riesgo pueden tener más peso en determinadas etapas.
Los factores sociales, como la pobreza, el bajo nivel educativo y el acceso desigual al empleo y a la atención de salud también pueden influir en el riesgo de demencia. Por tanto, para reducir este riesgo no basta con actuar individualmente, sino que también se necesitan sistemas y políticas que incidan en la vida cotidiana de las personas.
Las directrices de la OMS sobre la reducción de los riesgos de deterioro cognitivo y demencia, en su segunda edición, ofrecen recomendaciones prácticas e integrales para ayudar a los países, los sistemas de salud y las instancias locales a incorporar la reducción del riesgo de demencia en sus políticas y programas.
Derechos humanos
Por desgracia, las personas que viven con demencia a menudo se ven privadas de los derechos y libertades básicos de los que disfrutan los demás.
En las residencias de mayores y los servicios de atención a agudos de muchos países, es habitual utilizar medios de inmovilización físicos y químicos, aunque existan normas que protegen el derecho de las personas a conservar su libertad y a tomar sus propias decisiones.
Para ofrecer una atención de la mejor calidad a las personas con demencia y sus cuidadores se necesita un marco legislativo adecuado y favorable, basado en normas sobre derechos humanos aceptadas internacionalmente.
Respuesta de la OMS
La OMS reconoce la demencia como una prioridad para la salud pública. En mayo de 2017, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó el Plan de acción mundial sobre la respuesta de salud pública a la demencia 2017-2025, que se ha prorrogado hasta 2031. Este plan presenta un modelo integral para que los responsables normativos, los asociados internacionales, regionales y nacionales y la propia OMS adopten medidas en las siguientes esferas: la demencia como prioridad de salud pública; la sensibilización al respecto y la inclusión de las personas afectadas en la sociedad; la reducción del riesgo de demencia; el diagnóstico, el tratamiento y la atención de esta afección; los sistemas de información pertinentes; el apoyo a los cuidadores, y la investigación y la innovación.
Para facilitar el seguimiento del Plan de acción mundial, la OMS estableció el Observatorio Mundial de la Demencia, un portal que recopila datos nacionales sobre 35 indicadores básicos relativos a esta afección en las siete esferas estratégicas del Plan de acción mundial. Como complemento del Observatorio, la OMS puso en marcha una plataforma de intercambio de conocimientos que reúne ejemplos de buenas prácticas en este ámbito, con el objetivo de fomentar el aprendizaje mutuo y el intercambio multidireccional entre regiones, países y personas, y de facilitar así la adopción de medidas a escala mundial.