Este artículo se enmarca en una serie de textos explicativos sobre desarrollo y distribución de vacunas. Puede encontrar más información sobre vacunas —desde cómo funcionan y cómo se fabrican hasta cómo garantizar su seguridad y un acceso equitativo a ellas— en la serie de la OMS «Las vacunas explicadas».
Los lactantes son, desde que nacen, sumamente vulnerables a las infecciones. Si bien los anticuerpos que las madres les transmiten durante el embarazo y a través de la leche materna les proporcionan una capa de protección contra gérmenes dañinos, esta inmunidad desaparece tras los primeros meses de vida.
Las vacunas desempeñan un papel fundamental a la hora de proteger a su hijo de gérmenes dañinos que podrían causar enfermedades graves o ser incluso potencialmente letales. Para que las vacunas ofrezcan los mejores resultados, deben administrarse antes de que su hijo se vea expuesto a esos gérmenes. Por este motivo, los calendarios de vacunación infantil prevén que la mayoría de estas vacunas se administren durante los primeros 12 a 18 meses de vida.
Una de las mejores maneras de que su hijo no corra riesgos es asegurarse de que recibe las vacunas en el momento oportuno.
Los argumentos científicos en los que se sustenta el calendario
El calendario de vacunación es un plan que indica cuándo debería vacunarse a niños, adolescentes y adultos. Lo elaboran expertos médicos que evalúan cómo se propagan las enfermedades, quién enferma con mayor frecuencia y a qué edad.
El calendario ayuda a velar por que todo el mundo esté protegido cuando más seguro e importante es contar con esa protección.
Durante más de 60 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros expertos en salud mundial, como el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización (SAGE) y las autoridades nacionales, han estudiado a fondo la transmisión de enfermedades, la seguridad de las vacunas y la manera como estas protegen a las personas frente a las enfermedades. Esto ha permitido elaborar orientaciones a escala global sobre qué vacunas necesita la población, cuándo deben recibirlas y cuántas dosis son más eficaces y cumplen con los estándares de seguridad más estrictos.
Sobre la base de revisiones exhaustivas de la información científica, la OMS publica documentos de posición sobre vacunas en los que se explican aspectos clave de cada enfermedad, qué vacunas existen para prevenir una enfermedad concreta, incluida la evidencia sobre la seguridad de la vacuna, y las recomendaciones de la OMS relativas al momento en que hay que administrar cada dosis.
Cada vacuna debería administrarse cuando ofrezca la mejor protección contra enfermedades graves. Esto puede significar que un tipo de vacuna debe recibirse al nacer, mientras que otra, en la adolescencia. El momento de la administración de cada dosis se basa en años de estudio, a escala mundial, del desarrollo del sistema inmunitario, cuándo es mayor el riesgo de que una persona padezca una enfermedad y cómo velar por una protección robusta en todo momento.
Los calendarios de vacunación varían de un país a otro
Si bien la OMS formula recomendaciones a escala global basadas en la mejor evidencia disponible obtenida tras décadas de investigación a nivel mundial, cada país puede adaptar ligeramente cuándo deben administrarse algunas vacunas para dar respuesta a sus propias necesidades. Esto se debe a que cada país tiene sus propias características epidemiológicas, necesidades en materia de salud y sistemas de salud.
Para elaborar sus respectivos calendarios nacionales de vacunación, los países utilizarán las recomendaciones y los cuadros sinópticos de la OMS, y escucharán asimismo a los Grupos Nacionales de Asesoramiento Técnico sobre Inmunización. Estos grupos examinan las características epidemiológicas locales, la demografía de la población, el costo y la disponibilidad, así como la facilidad para administrar las vacunas.
Algunas vacunas están recomendadas universalmente y han sido adoptadas por todos los países, como la dosis de la vacuna contra la hepatitis B administrada al nacer y una «vacuna múltiple» que protege, al mismo tiempo, contra la difteria, el tétanos y la tosferina y que se administra en tres dosis. Estas vacunas, además de las vacunas contra el bacilo de Calmette y Guérin (BCG), la Haemophilus influenzae de tipo B (Hib), la poliomielitis, el sarampión, la rubéola, la enfermedad neumocócica, el rotavirus y el papilomavirus humano (VPH), están recomendadas por la OMS como parte del Programa Esencial de Inmunización. Incluso en el caso de las vacunas universales, el tipo, el fabricante, el número de dosis y el momento de administración de la vacuna pueden variar de un país a otro.
Además de estas vacunas universales, algunos países incluyen en su calendario otras para proteger frente a enfermedades comunes en el plano local. Por ejemplo, si vive en un país en el que el dengue, el paludismo o la fiebre amarilla son endémicos, cabe la posibilidad de que estas vacunas estén recomendadas para su hijo.
Dado que no existe un calendario global establecido —solo las recomendaciones de la OMS a escala mundial—, la mejor manera de proteger a su hijo es seguir el calendario nacional de su país.
Los calendarios cambian con los progresos científicos
Los calendarios de vacunación evolucionan con el paso del tiempo. Aunque la elaboración de estos calendarios es el resultado de décadas de estudios exhaustivos, nuestra comprensión de las enfermedades y las vacunas sigue evolucionando, lo que permite actualizar las recomendaciones y mejorar los calendarios a fin de ofrecer la mejor protección posible.
Al mismo tiempo, existe la posibilidad de incorporar una nueva vacuna al calendario tras una minuciosa investigación acerca de su seguridad y eficacia, así como para determinar su ubicación óptima dentro del calendario de vacunación. Cada vacuna se probará contra placebos o vacunas ya existentes y se añadirá al calendario en el momento más adecuado a fin de ofrecer la mayor protección.
Conforme la ciencia sigue avanzando y se introducen nuevas vacunas, la complejidad de los calendarios de vacunación ha ido en aumento y se ha afianzado nuestro conocimiento. Las vacunas combinadas, como la vacuna hexavalente —que protege contra la difteria, el tétanos, la tosferina, la hepatitis B, la poliomielitis y la Hib—, facilitan las cosas al reducir el número de inyecciones. Este enfoque no solo simplifica el proceso para las familias, sino que también hace que resulte más sencillo completar a tiempo el número de dosis recomendadas, de modo que serán necesarias menos visitas al dispensario de salud y menos inyecciones.
Al igual que las vacunas monovalentes, las combinadas se someten a rigurosos ensayos para confirmar su seguridad, su eficacia y la capacidad de generar respuestas inmunitarias equivalentes a las de cada vacuna individual.
¿Por qué debe respetarse el calendario?
El calendario de vacunación permite garantizar que el sistema inmunitario del niño esté preparado para dar una respuesta eficaz, ya que le proporciona protección exactamente cuando la necesita. Retrasar, espaciar o alterar el calendario de vacunación podría exponer a su hijo a enfermedades peligrosas durante un periodo más prolongado.
Espaciar las vacunas más allá de lo recomendado también implica más visitas médicas y una mayor probabilidad de que su hijo no reciba una dosis, o puede provocar que las vacunas no se administren en el orden correcto, lo que en algunos casos puede reducir su eficacia.
Cuando se producen retrasos o interrupciones en los calendarios de vacunación, el riesgo de infección aumenta notablemente, no solo para el niño, sino también para la comunidad en general, en función de la enfermedad. Con cada dosis no recibida, la probabilidad de contraer una enfermedad que podría haberse prevenido es mayor, y podría ponerse en peligro a otras personas.
Vacune a su hijo a tiempo, siempre.