Enfermedad por el virus del Ébola

11 de diciembre de 2025 | Preguntas y respuestas

La enfermedad por el virus del Ébola es una afección poco frecuente, pero grave, causada por virus del género Orthoebolavirus (familia Filoviridae). En brotes anteriores, la tasa de letalidad ha variado ampliamente, con valores comprendidos entre el 25 % y el 90 %.

Hasta la fecha se han descrito seis especies de ortoebolavirus, de las cuales tres se asocian con grandes brotes en seres humanos:

  • Orthoebolavirus zairense, responsable de la enfermedad por el virus del Ébola;
  • Orthoebolavirus sudanense, causante de la enfermedad por el virus del Sudán;
  • Orthoebolavirus bundibugyoense, que provoca la enfermedad por el virus de Bundibugyo.

Aún no se ha determinado con certeza cuál es el reservorio animal de estos virus. No obstante, existen indicios que apuntan a que los murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae actúan como huéspedes.

Los síntomas del ébola suelen aparecer de forma repentina e incluyen, entre otros:

  • fiebre
  • cansancio
  • dolor muscular
  • dolor de cabeza y de garganta. 

Después, pueden aparecer:

  • vómitos
  • diarrea
  • exantema
  • hemorragias internas y externas.

El periodo que media entre la infección y la aparición de los síntomas oscila entre dos y 21 días. El virus no se transmite antes de que se manifiesten los síntomas.

Incluso cuando ya hay síntomas, el diagnóstico solo puede confirmarse mediante una prueba analítica.

Los síntomas del ébola suelen comenzar de manera brusca, por lo que la persona enferma debe recibir atención médica especializada lo antes posible.

Dado que el cuadro clínico puede parecerse al de otras enfermedades infecciosas —como el paludismo, la fiebre tifoidea, el dengue o la enfermedad por el virus de Marburgo—, resulta difícil establecer un diagnóstico clínico diferencial sin pruebas complementarias.

Por este motivo, las personas con síntomas compatibles con el ébola deben acudir de inmediato a un profesional de la salud. Las pruebas diagnósticas constituyen el primer paso para precisar la causa de los síntomas y son indispensables para administrar el tratamiento adecuado. La realización temprana de pruebas y el inicio oportuno del tratamiento salvan vidas y protegen a los familiares del enfermo, al personal de salud y asistencial y a la población en general.

En los seres humanos, el ébola se transmite principalmente por exposición a la sangre o a otros líquidos corporales de una persona infectada, tanto viva como fallecida, en particular a través de las heces, el vómito, el sudor y la saliva. La transmisión se produce cuando el virus entra en el organismo a través de lesiones en la piel o de las mucosas —como las de los ojos, la nariz o la boca—, generalmente durante la atención a un enfermo o al entrar en contacto con el cuerpo de alguien que ha fallecido a causa de la enfermedad.

También puede producirse transmisión al tocar o manipular objetos contaminados con líquidos corporales de una persona enferma o fallecida por ébola.

En casos poco frecuentes, se ha documentado transmisión de hombres que habían superado la enfermedad a sus parejas sexuales, debido a que el virus puede persistir durante cierto tiempo en el semen de algunos varones tras la recuperación.

Ante un brote de ébola, es fundamental adoptar medidas específicas para reducir el riesgo de infección, entre ellas:

  • evitar el contacto físico con personas en las que se sospeche o se haya confirmado la enfermedad;
  • no manipular cadáveres de personas que presentaron síntomas de ébola sin las medidas de protección adecuadas; y
  • lavarse las manos con regularidad, siguiendo las prácticas recomendadas por las autoridades locales.

Para reducir el riesgo de infección procedente de animales, se recomienda:

  • no consumir animales muertos ni tocarlos sin aplicar medidas de protección, especialmente durante un brote de ébola;
  • lavarse concienzudamente las manos antes y después de manipular animales o productos de origen animal; y
  • cocinar completamente los productos de origen animal, incluidos la carne y la sangre, antes de consumirlos.

Durante un brote, presentan un riesgo más elevado de infección:

  • el personal de salud y asistencial que atiende a personas con ébola;
  • las personas cuidadoras, los familiares y otras personas que mantienen contacto físico directo con personas infectadas; y
  • las personas que participan en funerales o tienen contacto físico directo con los cuerpos durante las ceremonias funerarias o los rituales de entierro.

Los trabajadores de la salud y asistenciales que desarrollan su labor fuera de los centros hospitalarios suelen ser los primeros en detectar nuevos casos de enfermedad en la población, dar la alerta y derivar a los enfermos a los establecimientos de salud. 

El riesgo de infección aumenta cuando no se aplican correctamente las siguientes medidas:

  • utilizar el equipo de protección personal adecuado; y
  • aplicar de forma sistemática las medidas de prevención y control de las infecciones al atender a los pacientes y al ocuparse de los cuerpos de las personas fallecidas. 

Debido a que los síntomas del ébola son similares a los de muchas enfermedades frecuentes, los trabajadores de la salud y asistenciales fuera del ámbito hospitalario pueden no aplicar de inmediato las medidas necesarias de prevención y control de las infecciones para protegerse.

El contacto físico directo con una persona infectada por el virus del ébola, o en la que se sospecha la infección, conlleva un riesgo de contraer la enfermedad. En estas circunstancias, es fundamental acudir cuanto antes a un profesional o a un establecimiento de salud cercano para recibir orientación sobre las medidas que deben adoptarse.

Las personas a las que se considera «contactos» permanecen bajo vigilancia durante los 21 días posteriores a la exposición. Las autoridades locales o el personal de salud y asistencial les indican las conductas recomendadas y les piden que:

  • reciban visitas diarias del equipo de rastreo de contactos para vigilar su estado de salud, teniendo en cuenta su actividad laboral;
  • se sometan a la toma periódica de la temperatura;
  • respondan a todas las preguntas con la mayor precisión posible y planteen cualquier duda, incluso sobre posibles ajustes que hagan más llevadero el seguimiento;
  • informen de la aparición de cualquier síntoma que se presente;
  • eviten viajar, salvo tras consultar con las autoridades de salud locales; y
  • se vacunen, si hay vacunas disponibles, y comuniquen sus contactos para que también puedan ser vacunados. 

Si durante el periodo de vigilancia de 21 días aparecen síntomas, el enfermo deberá acudir a un centro asistencial adecuado. Allí podrá realizarse una prueba analítica cuyos resultados permitirán al personal de salud determinar si es necesario el ingreso inmediato en un centro de tratamiento.

La atención temprana mejora la supervivencia y contribuye a interrumpir la cadena de transmisión en la población y en el ámbito familiar.

Existen dos tratamientos aprobados para adultos y niños con ébola: los anticuerpos monoclonales mAb114 (ansuvimab) y REGN-EB3 (Inmazeb®).

A partir de estos avances, se están evaluando posibles tratamientos nuevos frente a otros ortoebolavirus, aunque todavía no se han probado plenamente.

Si una persona o un familiar da positivo en una prueba de detección del ébola, es fundamental acudir a un centro de tratamiento para mejorar el pronóstico. La atención es gratuita e incluye la rehidratación, una nutrición adecuada y el tratamiento de los síntomas.

La OMS no recomienda que las personas con ébola reciban la atención de los familiares en el hogar. Los enfermos deben acudir lo antes posible a un establecimiento de salud y recibir la atención correspondiente en un centro de tratamiento, lo que mejora el pronóstico.

Si una persona fallece en su domicilio con sospecha de ébola, los familiares y las personas de su entorno no deben manipular el cuerpo ni prepararlo para el entierro, sino ponerse en contacto de inmediato con las autoridades de salud locales para que se lleve a cabo un entierro digno y sin riesgos, de conformidad con los deseos de la familia.

La OMS no recomienda imponer restricciones al comercio ni a los desplazamientos, como confinamientos o cuarentenas, en las zonas afectadas por el ébola.

No obstante, los desplazamientos de los contactos estrechos de casos de ébola deben reducirse al mínimo, o aplazarse siempre que sea posible, con el fin de proteger a las personas que podrían quedar expuestas al virus durante el viaje y evitar la propagación.

Si el desplazamiento de un contacto resulta imprescindible, debe ser evaluado y supervisado por las autoridades de salud pública para que se le haga el debido seguimiento en el lugar de destino.

Nota: en este documento de preguntas y respuestas se utiliza la nueva taxonomía de los virus aprobada en abril de 2023 por el Comité Internacional de Taxonomía de Virus.