Alocución de apertura del Director General de la OMS en la entrega del Premio Edimburgo de 2024 por el Impacto en la Salud Mundial - 26 de junio de 2025

Organizador: Universidad de Edimburgo

26 de junio de 2025

Muy Honorable Secretario de Estado para Escocia, Ian Murray,

Honorable Ministra Maree Todd,

Profesor sir Peter Mathieson, Vicerrector y Director,

Profesor David Argyle, Vicedirector,

Profesora Cathie Sudlow, Directora del Instituto Usher:

Familia Usher: es un gran honor conocerlos y reconocer el vínculo que mantienen desde hace 100 años.

Estimados miembros de la comunidad de la Universidad de Edimburgo, queridos colegas y amigos:

Buenos días a todos y especialmente al profesor Argyle por su amable presentación.

Quiero expresar también mi agradecimiento a todas las personas de la Universidad por su acogida y hospitalidad esta mañana.

En nombre de mis colegas pasados y actuales de la Organización Mundial de la Salud, me siento honrado y agradecido de aceptar el primer Premio Edimburgo por el Impacto en la Salud Mundial.

También es un honor para mí acompañarlos en la inauguración del nuevo edificio Usher aquí, en la Universidad de Edimburgo.

Me alegra enormemente regresar a esta gran universidad, de la cual soy un orgulloso exalumno honorario.

Como todos saben, con sus 442 años de historia, la Universidad de Edimburgo ha sido un lugar de formación académica para figuras destacadas de la ciencia, la política y muchos otros ámbitos, entre ellas Charles Darwin, Alexander Graham Bell y mi buen amigo, el ex primer ministro Gordon Brown.

La universidad también tiene una distinguida trayectoria en la innovación médica que abarca desde el descubrimiento de la anestesia con cloroformo por James Young Simpson hasta la introducción de técnicas antisépticas por Joseph Lister en el siglo XIX.

Más recientemente, aquí se obtuvo la primera vacuna modificada genéticamente contra la hepatitis B.

En la actualidad, entre numerosos logros, Edimburgo está realizando investigaciones punteras sobre vacunas, algunas de ellas relacionadas con enfermedades inflamatorias crónicas, el sistema inmunitario innato, la homeostasis inmunitaria y la autoinmunidad.

Por lo tanto, resulta paticularmente apropiado y un honor especial que el primer Premio Edimburgo por el Impacto en la Salud Mundial reconozca la labor de la OMS para administrar en todo el mundo vacunas que salvan la vida de los niños.

Las vacunas son una de las innovaciones más potentes de la historia.

Gracias a ellas se ha erradicado la viruela y la poliomielitis está al borde de la erradicación.

Gracias a las vacunas, enfermedades que antes fueron temidas y mortales, como el sarampión y el ébola, ahora se pueden prevenir.

Y con las nuevas vacunas contra el paludismo y el cáncer de cuello uterino podemos salvar más vidas que nunca.

Las vacunas ayudan a prosperar a las personas, las familias, las comunidades, las economías y los países.

Cada dólar invertido en ellas genera un rendimiento de USD 54 que se refleja en una mejor salud de los niños, que podrán aprender, trabajar y convertirse en los científicos, maestros, políticos, artistas e innovadores del futuro.

Hace cincuenta años, en 1974, la OMS estableció el Programa Ampliado de Inmunización (PAI), una iniciativa innovadora para ampliar drásticamente el acceso a las vacunas.

En ese momento, menos del 5 % de los niños del mundo estaban inmunizados. Hoy, esa cifra alcanza el 83 %.

Este éxito se debe a la labor de los trabajadores de la salud de todos los países que administran vacunas en las comunidades, a veces asumiendo grandes riesgos.

Algunos incluso han perdido la vida vacunando contra la poliomielitis en el Afganistán y el Pakistán o en otras zonas inseguras que sufrían brotes de otras enfermedades.

El PAI es también una base esencial para la prevención, la preparación y la respuesta frente a las pandemias y las emergencias.

Este programa constituyó el pilar de la respuesta vacunal a la COVID-19 en muchos países, y es el que responde diariamente a los brotes de otras enfermedades prevenibles mediante vacunación, día tras día. 

Gracias al PAI, los bebés tienen hoy un 40 % más de probabilidades de sobrevivir a su primer año de vida que hace cincuenta años.

Desde 1974, el PAI ha ayudado a salvar la vida a aproximadamente 154 millones de personas frente a enfermedades como el sarampión, el tétanos, la difteria y la neumonía.

Desde el año 2000, la mortalidad de los menores de cinco años se ha reducido en más de la mitad, en gran medida gracias al poder de las vacunas. Cabe señalar que en 2000 se creó también Gavi, la Alianza para las Vacunas.

Gran parte de ese éxito se debe a Gavi, una alianza innovadora entre la OMS, el UNICEF, el Banco Mundial, la sociedad civil, el sector privado y otros asociados.

Ayer mismo asistí en Bruselas al acto de reposición de fondos de Gavi.

Como saben, este evento se celebró en un momento difícil para la salud mundial, marcado por recortes drásticos en la ayuda, que se producen tras interrupciones de los programas de inmunización en muchos países a causa de la pandemia de COVID-19, y por la desinformación sobre la seguridad de las vacunas.

Como consecuencia de ello están resurgiendo enfermedades mortales que habíamos erradicado, como el sarampión y la difteria.

Por ello, me resultó muy esperanzador que los donantes anunciaran ayer su compromiso de destinar más de USD 9000 millones a apoyar la labor de Gavi durante los próximos cinco años.

Agradecemos profundamente este apoyo, especialmente al Reino Unido, que ha sido uno de los más firmes defensores tanto de la OMS como de Gavi, y cuya contribución anunciada ayer fue la mayor aportada por un único donante.

Como saben, la OMS también se ha visto afectada por los recortes en la ayuda procedente de los Estados Unidos y de otros países, que están reduciendo la asistencia oficial para el desarrollo a fin de incrementar el gasto en defensa, lo que constituye una triste señal de estos tiempos.

Llevamos varios años transformando la Organización para hacerla más eficaz y eficiente.

Hemos reducido nuestros costos y hemos aplicado varias medidas para que nuestra financiación sea más sostenible y segura a largo plazo.

Aun así, lamentablemente no nos queda más remedio que despedirnos de un número significativo de trabajadores talentosos y entregados.

Soy plenamente consciente del impacto que esto tiene en ellos, en sus carreras y en sus familias.

Al mismo tiempo, cada crisis abre una oportunidad, y confío en que la OMS saldrá de esta situación más fuerte, más cohesionada, más centrada en nuestro mandato básico y más capacitada para servir a las naciones y los pueblos del mundo.

Pero, naturalmente, la OMS es solo una pequeña parte de un panorama mucho más amplio.

En todo el mundo, las drásticas reducciones de la ayuda que mencioné están teniendo graves repercusiones en los servicios de salud de muchos países, especialmente en los que están en desarrollo.

Se están produciendo interrupciones que afectan a millones de personas, que se están quedando sin servicios y medicamentos que salvan vidas, incluidas las vacunas. Los establecimientos de salud se ven obligados a cerrar, se producen interrupciones en las cadenas de suministro y los sistemas de información, y está aumentando el gasto directo en atención de salud.

La OMS está apoyando a los países para que superen esta crisis y mantengan sus servicios de salud.

Pero, una vez más, en la crisis surge una oportunidad.

Muchos ministros de salud me han dicho que esta crisis también puede ayudarlos a dejar atrás la era de la dependencia de la ayuda y avanzar hacia una autosuficiencia sostenible mediante la movilización de recursos internos.

En el ámbito de las vacunas, la OMS está apoyando a los países y las regiones para aumentar la producción local, especialmente en África.

Una de las enseñanzas que dejó la pandemia de COVID-19 es que la producción de vacunas y otras herramientas se concentró en muy pocos países.

Con la puesta en marcha del Acelerador para la Fabricación de Vacunas en África, la OMS está apoyando a la Unión Africana en su objetivo de producir el 60 % de las vacunas del continente para 2040.

En 2021, la OMS estableció el Programa de Transferencia de Tecnología de ARNm, que actualmente transfiere tecnología a 15 países asociados en todo el mundo desde su base en Sudáfrica.

En 2023 establecimos también la Iniciativa Mundial de la OMS para la Formación de Personal en Bioproducción, que incluye un Centro Mundial de Capacitación en la República de Corea.

Además, la OMS respalda el acceso a las vacunas mediante nuestro programa de precalificación y el asesoramiento de nuestro Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización.

Asimismo, promovemos el fortalecimiento de los sistemas de reglamentación: por ejemplo, Rwanda, Botswana y Ghana están en camino de alcanzar el nivel más alto de solidez regulatoria.

Y también estamos potenciando instituciones nacionales y continentales, como la Agencia Africana de Medicamentos y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, a fin de reforzar a todo el continente.

En la Asamblea Mundial de la Salud del mes pasado, los países del mundo hicieron historia al adoptar el Acuerdo de la OMS sobre Pandemias. Contar con este acuerdo en medio de la tensión geopolítica es, de hecho, una prueba de que el multilateralismo sigue vivo y está vigente. Se trata de una buena noticia en medio de tantas crisis.

Uno de los elementos del acuerdo es el consenso entre los países para ofrecer un acceso equitativo a las vacunas en la próxima pandemia, teniendo en cuenta que esa fue una de las principales dificultades durante la COVID-19.

El rápido desarrollo de vacunas seguras y eficaces contra esta enfermedad fue un triunfo para la ciencia, pero el acceso desigual a ellas constituyó un fracaso colectivo que costó vidas.

Los Estados Miembros de la OMS han reconocido que, en un mundo dividido por la política y la ideología, las enfermedades no reconocen fronteras ni los mapas que trazamos.

Tenemos que dar una respuesta compartida frente a amenazas compartidas. Y eso significa que el acceso a las vacunas sea equitativo no solo para unos pocos, sino para todos.

La OMS se fundó en 1948, cuando el mundo emergía de la devastación de la Segunda Guerra Mundial.

Al igual que las Naciones Unidas de las que formamos parte, la OMS nació del reconocimiento de que la única alternativa al conflicto mundial era la cooperación mundial.

Nuestra Constitución fue el primer instrumento del derecho internacional en afirmar que el grado más alto posible de salud es un derecho fundamental para todas las personas, sin distinción alguna. Un derecho humano fundamental.

No es un privilegio para algunos ni para la mayoría, sino un derecho para todas las personas.

Gracias una vez más por este gran honor, que acepto en nombre de la OMS y de mis colegas pasados y presentes.

Y gracias por su compromiso de promover, procurar y proteger la salud para todos.

Muchas gracias.