Su Excelencia Lizzy Nkosi, Ministra de Salud del Reino de Eswatini,
Distinguidos invitados, queridos colegas y amigos,
En el Día Mundial del Sida, nos reunimos para renovar nuestro compromiso con la lucha mundial para acabar con esta enfermedad;
Y para insistir en la necesidad vital de apoyar a todos aquellos que lideran esa lucha en los distintos frentes.
Los trabajadores sanitarios y comunitarios que prestan la mayor parte de los servicios relacionados con el VIH tienen que luchar ahora no solo contra el sida, sino también contra la COVID-19.
La pandemia ha dificultado la prestación de servicios vitales y ha causado un retroceso en el esfuerzo mundial dirigido a poner fin al sida como amenaza para la salud pública para 2030 y a alcanzar los ambiciosos objetivos que ha propuesto hoy el ONUSIDA para 2025.
Las personas que reciben actualmente la terapia antirretrovírica que salva vidas han alcanzado la cifra récord de 26 millones.
No obstante, eso significa que hay 12 millones de personas que viven con el VIH y no reciben tratamiento, y una cifra estimada de siete millones de personas a las que no se les ha diagnosticado la infección.
Estamos investigando también si la COVID-19 representa una amenaza adicional para las personas que viven con el VIH, lo que hace aún más urgente que estas personas tengan acceso al tratamiento.
Eso incluye a los trabajadores sanitarios y comunitarios que a su vez viven con el VIH.
No obstante, gracias a la infatigable labor de los trabajadores sanitarios y comunitarios, el número de países que notifican dificultades en los servicios relacionados con el VIH ha descendido casi un 75% desde junio.
Solo nueve de los 152 países estudiados siguen informando de dificultades en los servicios de tratamiento antirretrovírico.
El número de países que notifican reservas críticamente bajas de fármacos antirretrovíricos se ha reducido a la mitad desde junio, aunque 12 países siguen necesitando con urgencia un reabastecimiento de estos fármacos que salvan vidas.
Hemos visto que los países están adoptando toda clase de medidas nuevas para garantizar la atención del VIH durante la pandemia, como por ejemplo proporcionar recetas para varios meses de los fármacos necesarios.
Todas estas dificultades de acceso a productos y servicios que salvan vidas se producen en un momento crítico de estancamiento de los avances logrados en la lucha mundial contra el VIH.
A lo largo de los dos últimos años, el número de nuevas infecciones por VIH se ha estabilizado en 1,7 millones anuales y solo se ha registrado una modesta reducción de las muertes relacionadas con el sida.
Y a pesar de que millones de personas tienen acceso ahora a fármacos antirretrovíricos, no se están alcanzando las metas previstas en los objetivos mundiales de prevención, pruebas y tratamiento.
Se está produciendo un estancamiento de los avances porque los servicios de prevención y pruebas del VIH no llegan a los grupos que más los necesitan.
Para hacer frente a todos estos desafíos hará falta un enfoque centrado en las personas, así como servicios de salud integrales e integrados que atiendan las necesidades de la persona en su conjunto.
Por esa razón, la principal prioridad de la OMS es la cobertura sanitaria universal, basada en una sólida atención primaria de salud que dedique un esfuerzo especial a la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades.
En última instancia, nuestra lucha no es contra una sola enfermedad.
Nuestra lucha es contra un mundo donde hay personas que enferman y mueren simplemente porque son pobres, mujeres, jóvenes, gais, transexuales o trabajadores sexuales, o porque consumen drogas o se encuentran en prisión.
Nuestra lucha es por una salud para todos.
Si trabajamos juntos y de manera solidaria, podemos retomar el camino que lleva al fin de la epidemia de sida, y construir un mundo más sano y seguro para todos nosotros.
Muchas gracias.