OMS/NOOR/ Sebastian Liste
Una logopeda durante un ejercicio de deglución con Wasim, quien se recupera de un ACV en el Hospital de Rehabilitación Sunnaas de Nesodden (Noruega).
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Accidente cerebrovascular

19 de diciembre de 2025

Datos y cifras 

  • En 2021, los accidentes cerebrovasculares (ACV) fueron la tercera causa de muerte y discapacidad en todo el mundo, con una incidencia estimada de 93,8 millones de casos.
  • En 2021, se produjeron 11,9 millones de nuevos casos de ACV.
  • El riesgo de padecer un ACV a lo largo de la vida ha aumentado un 50 % en los últimos 20 años, y se prevé que uno de cada cuatro adultos sufra un episodio a lo largo de su vida.
  • La carga mundial de ACV, calculada en términos de años de vida ajustados en función de la discapacidad, ha aumentado de 137 millones en el año 2000 a 160 millones en 2021 (1).
  • La mayor parte de la carga de ACV se puede atribuir a 10 factores de riesgo modificables, como la hipertensión arterial, la contaminación atmosférica, el tabaquismo, el colesterol LDL elevado, la dieta rica en sodio, la glucemia elevada en ayunas, la disfunción renal, el exceso de peso corporal, la inactividad física y el consumo nocivo de alcohol.

Panorama general

Un accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica que se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro, ya sea debido a una obstrucción o a una hemorragia. La falta de flujo sanguíneo puede provocar la muerte de células cerebrales y complicaciones graves. Los ACV pueden ser mortales y requieren tratamiento inmediato.

Existen varios tipos de ACV:

  • isquémico: un coágulo sanguíneo obstruye un vaso sanguíneo del cerebro, lo que provoca la pérdida del flujo sanguíneo;
  • hemorrágico: hemorragia cerebral por rotura de un vaso sanguíneo del cerebro, con pérdida de sangre; y
  • transitorio: breve periodo de tiempo con síntomas similares a los de un ACV, causado por un breve bloqueo del flujo sanguíneo al cerebro. Un ACV transitorio suele durar apenas unos minutos y no causa daños a largo plazo.

Factores de riesgo

Existen factores de riesgo modificables y no modificables de los ACV.

Los factores de riesgo modificables son los siguientes:

  • hipertensión: es el principal factor del ACV, ya que las personas con hipertensión tienen un riesgo casi tres veces mayor de sufrirlo;
  • consumo de tabaco: se asocia a aproximadamente dos quintas partes de todas las muertes por ACV entre personas menores de 65 años; y
  • otros factores de riesgo: hipercolesterolemia, diabetes mellitus, niveles elevados de colesterol LDL, sobrepeso y obesidad, inactividad física, alimentación poco saludable (en particular, dietas ricas en sodio y pobres en frutas y verduras), consumo nocivo de alcohol, consumo de drogas (por ejemplo, cocaína), contaminación atmosférica, glucemia elevada en ayunas y disfunción renal.

Los factores de riesgo no modificables son los siguientes:

  • la edad;
  • un ACV previo; y
  • afecciones cardiacas preexistentes (por ejemplo, fibrilación auricular, insuficiencia cardiaca congestiva) e insuficiencia renal crónica.

Síntomas

Los siguientes síntomas pueden ser signos de un ACV:

  • equilibrio: mareo repentino, pérdida del equilibrio o de la coordinación;
  • ojos: pérdida repentina de visión;
  • cara: caída facial;
  • brazos: debilidad en uno o ambos brazos;
  • habla: dificultad para hablar o habla extraña.

Diagnóstico y tratamiento

Cuando se sospeche que se ha producido un accidente cerebrovascular (ACV), debe tratarse como una emergencia de salud. Es esencial dispensar una atención rápida. Debe realizarse una prueba diagnóstica por imagen (TAC o RMI) lo antes posible.

En caso de ACV isquémico, debe administrarse un tratamiento trombolítico (por ejemplo,

activador tisular del plasminógeno) lo antes posible, en las horas siguientes al inicio de los síntomas. Dependiendo de la gravedad y la localización de los síntomas, puede estar indicado practicar una trombectomía endovascular.

En caso de ACV hemorrágico, el tratamiento incluye medidas para controlar la presión arterial, cuidados intensivos en una unidad especializada y, posiblemente, una intervención quirúrgica.

El ingreso en una unidad especializada dotada de servicios de rehabilitación mejora los resultados y disminuye la mortalidad y la morbilidad.

Prevención

Los cambios en el modo de vida y el control eficaz de la hipertensión arterial pueden reducir considerablemente el riesgo de que se produzcan ACV.

Cualquier persona puede reducir el riesgo adoptando las siguientes medidas:

  • controlar la hipertensión arterial mediante un estilo de vida sano y un tratamiento antihipertensivo adecuado;
  • reducir el consumo de tabaco y limitar la exposición al humo ajeno;
  • adoptar un régimen alimentario sano y equilibrado, que incluya al menos cinco raciones diarias de fruta y verdura y reduzca la ingesta de sal, grasas saturadas y azúcares;
  • practicar actividades físicas de forma periódica, al menos 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada a la semana;
  • controlar eficazmente las comorbilidades, como la diabetes, la dislipidemia y la fibrilación auricular;
  • limitar el consumo de alcohol; y
  • mejorar la calidad del aire interior y exterior.

Las personas en situación de especial riesgo también pueden adoptar medidas:

  • puede administrarse un tratamiento antiplaquetario o anticoagulante, según proceda, para prevenir los ACV recurrentes;
  • en personas con riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica se puede iniciar un tratamiento de reducción de lípidos; y
  • puede llevarse a cabo una evaluación de la estenosis de la arteria carótida y, cuando esté clínicamente indicado, puede considerarse la revascularización (un procedimiento médico destinado a restablecer el flujo sanguíneo al cerebro cuando dicho flujo es limitado o existe una obstrucción, como en el ACV isquémico).

Complicaciones

Los ACV pueden provocar una amplia gama de complicaciones, incluidos graves efectos en el cerebro, el corazón y otras partes del cuerpo.

Las complicaciones agudas, que aparecen en cuestión de días o semanas, son las siguientes:

  • edema cerebral o inflamación del cerebro;
  • afasia u otros trastornos del habla;
  • dificultad para tragar (disfagia);
  • neumonía por aspiración, una infección pulmonar;
  • crisis convulsivas;
  • depresión;
  • úlceras de decúbito;
  • contractura de las extremidades;
  • espasticidad;
  • dolor en el hombro;
  • trombosis venosa profunda.

Las complicaciones a largo plazo (de meses a años) son las siguientes:

  • déficits motores persistentes y trastornos de la marcha (anomalías en el movimiento y el patrón de marcha);
  • dolor crónico y espasticidad;
  • deterioro cognitivo y pérdida de memoria;
  • trastornos emocionales y psicológicos, como depresión y ansiedad;
  • epilepsia posterior al ACV;
  • incontinencia urinaria;
  • pérdida de independencia y disminución de la capacidad para realizar actividades cotidianas.

Rehabilitación después de un ACV

La rehabilitación es un componente esencial del tratamiento y la recuperación del ACV. Su objetivo es ayudar a las personas a recuperar sus capacidades funcionales, mejorar su calidad de vida y restablecer su independencia en la mayor medida posible. La rehabilitación debe comenzar tan pronto como la persona esté médicamente estable, idealmente en los primeros días después del ACV.

La rehabilitación requiere un enfoque multidisciplinar, que incluye:

  • fisioterapia para mejorar la movilidad, la fuerza muscular, el equilibrio y la coordinación;
  • ergoterapia para mejorar la capacidad de realizar actividades cotidianas como bañarse, vestirse y cocinar;
  • logopedia para abordar las dificultades de comunicación, habla y deglución;
  • terapia neuropsicológica y cognitiva para mejorar la función cognitiva, la memoria y el bienestar emocional; y
  • apoyo psicológico y asesoramiento para tratar la depresión, la ansiedad y la adaptación emocional tras el ACV.

Respuesta de la OMS

La OMS ayuda a los países a reducir la carga de ACV y mejorar la prevención, el tratamiento y la rehabilitación.

En 2024, la OMS publicó un marco para organizar la atención del ACV y del síndrome coronario agudo, que ofrece orientaciones para realizar un diagnóstico oportuno y un tratamiento eficaz y para llevar a cabo la rehabilitación, y ayuda a los países a mejorar los servicios y reducir los casos de muerte y discapacidad. La OMS también apoya la integración de la atención del ACV en estrategias de salud más amplias y en la cobertura universal de salud, a fin de que los servicios sean accesibles y sostenibles. El manual de la OMS para aplicar un enfoque progresivo en la vigilancia de los ACV ayuda a los países a recopilar datos fiables sobre los casos de ACV y sus resultados, en apoyo de políticas basadas en datos científicos.

El ACV también forma parte de la labor más amplia de la OMS sobre los trastornos neurológicos. El Plan de acción mundial intersectorial sobre la epilepsia y otros trastornos neurológicos (2022-2031) promueve un mejor acceso a la atención y una mejor calidad de vida para las personas con afecciones como el ACV. Del mismo modo, la atención para la rehabilitación del ACV está incluida en el Paquete de intervenciones de rehabilitación: módulo 3: afecciones neurológicas de la OMS.

El control de la hipertensión arterial es clave para prevenir los accidentes cerebrovasculares. La OMS presta apoyo a los sistemas de salud en el tratamiento eficaz de la hipertensión a través de la Directriz para el tratamiento farmacológico de la hipertensión en adultos (2021). Para reforzar la prevención de los ACV, la OMS puso en marcha en 2016 la iniciativa HEARTS, que promueve los modos de vida sanos, el acceso a los medicamentos y la atención basada en el trabajo en equipo.

El ACV sigue siendo uno de los principales desafíos para la salud en todo el mundo. Sin una mejora de la atención, será difícil alcanzar la meta de reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles para 2030 (ODS 3.4).

 

Bibliografía

(1) GBD 2021 Stroke Risk Factor Collaborators. Global, regional, and national burden of stroke and its risk factors, 1990–2021: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2021. The Lancet Neurology. 18 de septiembre de 2024. doi: 10.1016/S1474-4422(24)00369-7.