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Obesidad y sobrepeso

8 de diciembre de 2025

Datos y cifras

  • En 2022, una de cada ocho personas en el mundo era obesa.
  • Desde 1990, la obesidad se ha duplicado con creces entre los adultos de todo el mundo y se ha cuatriplicado entre los adolescentes.
  • En 2022, 2500 millones de adultos (18 años o más) tenían sobrepeso. De ellos, 890 millones eran obesos.
  • En 2022, el 43 % de los adultos de 18 años o más tenían sobrepeso y el 16 % eran obesos.
  • En 2024, 35 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso.
  • En 2022, más de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso, de los cuales 160 millones eran obesos. 


Panorama general

El sobrepeso es una afección que se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad es una enfermedad crónica con probabilidad de recaídas derivada de interacciones complejas entre la genética, la neurobiología, las conductas alimentarias, el acceso a una alimentación saludable, las fuerzas del mercado y el entorno más amplio. En las últimas décadas, la obesidad ha aumentado a nivel mundial debido al hecho de que los países han experimentado un aumento de la seguridad alimentaria, el desarrollo socioeconómico y los cambios en la alimentación, la actividad física y las conductas sociales e individuales impulsados por la globalización y los sistemas alimentarios industrializados. Estas fuerzas han creado entornos cada vez más obesogénicos, lo que contribuye a lo que ya representa una crisis de salud pública mundial, con más de 1000 millones de personas obesas y un aumento de la prevalencia en casi todos los países (1).

El diagnóstico del sobrepeso y de la obesidad se efectúa midiendo el peso y la estatura de las personas y calculando el índice de masa corporal (IMC): peso (kg)/estatura2 (m2). Este índice es un marcador indirecto de la grasa, por lo que existen otras mediciones, como el perímetro de la cintura, que pueden ayudar a diagnosticar la obesidad.

Las categorías del IMC para definir la obesidad varían, en función de la edad y el género, para adultos, adolescentes, niños y lactantes.

Definiciones de sobrepeso y obesidad

A continuación se proporcionan las definiciones de sobrepeso y obesidad establecidas por la OIT.

Población adulta

En el caso de los adultos, la OMS establece las siguientes definiciones:

  • sobrepeso: IMC igual o superior a 25; y
  • obesidad: IMC igual o superior a 30.

Población infantil

En el caso de los niños, debe tenerse en cuenta la edad al definir el sobrepeso y la obesidad.

Niños de 5 a 19 años

En el caso de los niños de 5 a 19 años:

  • el sobrepeso es un IMC para la edad superior a una desviación típica por encima de la mediana de la referencia de crecimiento de la OMS; y
  • la obesidad es un IMC para la edad superior a dos desviaciones típicas por encima de la mediana de la referencia de crecimiento de la OMS.

Gráficos y cuadros: patrones de crecimiento de la OMS para niños de 5 a 19 años (en inglés)

Niños menores de 5 años

En el caso de los niños menores de 5 años:

  • el sobrepeso es un peso para la estatura superior a dos desviaciones típicas por encima de la mediana de los patrones de crecimiento infantil de la OMS; y
  • la obesidad es un peso para la estatura superior a tres desviaciones típicas por encima de la mediana de los patrones de crecimiento infantil de la OMS.

Gráficos y cuadros: patrones de crecimiento infantil de la OMS para niños menores de 5 años (en inglés)

Prevalencia del sobrepeso y la obesidad

En 2022, 2500 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales más de 890 millones eran obesos. Esto significa que el 43 % de los adultos de 18 años o más (un 43 % de hombres y un 44 % de mujeres) tenían sobrepeso, lo que supone un aumento con respecto a 1990, cuando el porcentaje de adultos de 18 años o más con sobrepeso era del 25 %. La prevalencia del sobrepeso variaba en función de la región: del 31 % en las Regiones de la OMS de Asia Sudoriental y África al 67 % en la Región de las Américas.

En 2022, alrededor del 16 % de los adultos de 18 años o más en todo el mundo eran obesos. La prevalencia de la obesidad en todo el mundo se duplicó con creces entre 1990 y 2022.

Se estima que, en 2024, 35 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso (2). El sobrepeso, considerado en el pasado como un problema de los países de ingreso alto, va en aumento en los países de ingreso bajo y mediano. En África, el número de niños menores de 5 años con sobrepeso se ha incrementado en casi un 12,1 % desde el año 2000. Prácticamente la mitad de los niños menores de 5 años que tenían sobrepeso o eran obesos en 2024 vivían en Asia.

En 2022, más de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso. La prevalencia del sobrepeso (incluida la obesidad) entre los niños y adolescentes de 5 a 19 años ha aumentado drásticamente, pasando del 8 % en 1990 al 20 % en 2022. Este aumento ha afectado de la misma manera a niños y niñas: en 2022, el 19 % de las niñas y el 21 % de los niños tenían sobrepeso.

Mientras que tan solo el 2 % de los niños y adolescentes de 5 a 19 años eran obesos en 1990 (31 millones de jóvenes), en 2022 el 8 % de los niños y adolescentes eran obesos (160 millones de jóvenes).

Causas del sobrepeso y la obesidad

El sobrepeso y la obesidad son la consecuencia de un desequilibrio entre la ingesta calórica (alimentación) y el gasto calórico (actividad física).

En la mayoría de los casos, la obesidad es una enfermedad multifactorial que se debe a factores ambientales y psicosociales y variantes genéticas. En un subgrupo de pacientes, se pueden identificar los principales factores etiológicos individuales (por ejemplo, medicamentos, enfermedades, falta de movimiento, procedimientos yatrogénicos o enfermedad monogénica/síndrome genético).

Los principales factores ambientales que inciden en la prevalencia de sobrepeso y la obesidad son aquellos que limitan la disponibilidad de alimentos saludables, producidos de forma sostenible y a precios asequibles a nivel local y de espacios para realizar alguna actividad física y la ausencia de entornos jurídicos y reglamentarios adecuados. Otro factor es la falta de una respuesta eficaz del sistema de salud para identificar el exceso de aumento de peso y de depósitos de grasa durante las primeras etapas.

Consecuencias comunes para la salud

Los riesgos del sobrepeso y la obesidad para la salud están cada vez mejor documentados y estudiados.

Se estima que un IMC superior al óptimo provocó 3,7 millones de muertes en 2021 por enfermedades no transmisibles (ENT) como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, el cáncer, los trastornos neurológicos, las enfermedades respiratorias crónicas o los trastornos digestivos (3).

El sobrepeso en la infancia y la adolescencia afecta a la salud de los niños y adolescentes, y está asociado a un mayor riesgo de contraer, de manera precoz, distintas ENT, como la diabetes de tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares. La obesidad en la infancia y la adolescencia tiene consecuencias psicosociales adversas; afecta al rendimiento escolar y a la calidad de vida, a lo que se añaden la estigmatización, la discriminación y la intimidación. Los niños con obesidad tienen muchas probabilidades de presentar obesidad y más riesgo de sufrir ENT en la edad adulta.

Las consecuencias económicas de la epidemia de obesidad también son importantes. Se calcula que, si no se toman medidas al respecto, los costos a escala mundial del sobrepeso y la obesidad alcanzarán los USD 3 billones anuales para 2030 y una cifra superior a los USD 18 billones para 2060 (4).

Por último, el aumento de las tasas de obesidad en los países de ingreso bajo y mediano, en particular entre los grupos socioeconómicos más bajos, está globalizando rápidamente un problema que antes se asociaba únicamente a los países de ingreso alto.

Afrontar la doble carga de la malnutrición

Muchos países de ingreso bajo y mediano afrontan lo que se conoce como la doble carga de la malnutrición.

Aunque esos países continúan lidiando con los problemas relacionados con las enfermedades infecciosas y la desnutrición, también están viendo cómo aumentan rápidamente los factores de riesgo de ENT como la obesidad y el sobrepeso.

Es frecuente que la desnutrición y la obesidad coexistan en un mismo país, una misma comunidad y un mismo hogar.

Los niños de los países de ingreso bajo y mediano son más vulnerables a una nutrición deficiente del feto, el lactante y el niño pequeño. Al mismo tiempo, estos niños están expuestos a alimentos altos en grasas, azúcar y sal, con un alto contenido calórico y con un bajo contenido en micronutrientes, cuyo costo suele ser menor, como también lo es la calidad de sus nutrientes. Estos hábitos alimenticios, junto con unos niveles más bajos de actividad física, provocan un aumento drástico de la obesidad infantil, al tiempo que los problemas de desnutrición siguen sin resolverse.

Prevención y manejo

El sobrepeso y la obesidad, así como las ENT conexas, son en gran medida prevenibles y manejables.

A nivel individual, las personas pueden reducir el riesgo adoptando una serie de intervenciones preventivas en cada etapa del ciclo vital, antes incluso de la concepción, así como durante los primeros años. Estas medidas incluyen:

  • velar por que el aumento de peso durante el embarazo sea el adecuado;
  • practicar la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses después del parto y continuar con la lactancia hasta los 24 meses o más;
  • promover entre los niños una serie de comportamientos en torno a cuestiones como la alimentación saludable, la actividad física, las conductas sedentarias y el sueño, independientemente de su peso actual;
  • limitar el tiempo que se pasa frente a las pantallas;
  • limitar el consumo de bebidas endulzadas con azúcar y alimentos de alto contenido calórico y promover otros hábitos alimentarios saludables;
  • disfrutar de una vida sana (alimentación saludable, actividad física, duración y calidad del sueño, evitar el tabaco y el alcohol, autorregulación emocional);
  • limitar la ingesta calórica de grasas saturadas y azúcar y aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos; y
  • realizar actividad física con regularidad.

Los proveedores de atención de salud deben cumplir estas funciones:

  • evaluar el peso y la estatura de las personas que acuden a los establecimientos de salud;
  • brindar asesoramiento sobre alimentación y estilos de vida saludables;
  • cuando se diagnostica la obesidad, proporcionar asesoramiento sobre el tratamiento de la enfermedad, en particular a través de la alimentación saludable y la actividad física regular, y explicar y ofrecer, según corresponda, medidas terapéuticas y quirúrgicas; y
  • vigilar otros factores de riesgo de ENT (glucosa y lípidos en sangre y presión arterial) y evaluar la presencia de comorbilidades y discapacidades, incluidos los trastornos mentales.

Los patrones de alimentación y actividad física son en gran medida el resultado de condiciones sociales y ambientales que limitan ampliamente las decisiones personales. La obesidad es más una responsabilidad social que individual y las soluciones pasan por crear entornos y comunidades propicios que integren la alimentación saludable y la actividad física regular entre los comportamientos más accesibles, disponibles y asequibles de la vida cotidiana.

Detener el aumento de la obesidad exige medidas multisectoriales, relacionadas, por ejemplo, con la fabricación, la comercialización y la fijación de los precios de los alimentos, y otras que traten de abordar los determinantes de la salud en sentido más amplio (como la reducción de la pobreza y la planificación urbana).

Entre tales políticas y medidas destacan las siguientes:

  • medidas estructurales, fiscales y normativas destinadas a crear entornos alimentarios saludables que conviertan los alimentos más sanos en una opción disponible, accesible y deseable; y
  • respuestas del sector de la salud concebidas y equipadas para identificar riesgos, prevenir, tratar y controlar la enfermedad. Estas medidas deben basarse y estar integradas en esfuerzos más amplios para abordar las ENT y fortalecer los sistemas de salud a través de un enfoque basado en la atención primaria de salud.

La industria alimentaria puede desempeñar un papel importante en la promoción de una dieta saludable:

  • reduciendo el contenido en grasas, azúcar y sal de los alimentos procesados;
  • garantizando que existan opciones saludables y nutritivas y que sean asequibles para todos los consumidores;
  • restringiendo la comercialización de alimentos con un alto contenido en azúcar, sal y grasas, en particular los que se dirigen a niños y adolescentes; y
  • garantizando la disponibilidad de alimentos saludables y apoyando la práctica de actividad física de manera regular en el lugar de trabajo.

Respuesta de la OMS

La OMS lleva muchos años reconociendo la necesidad de hacer frente de manera urgente a la crisis mundial de la obesidad.

Los Estados Miembros de la OMS aprobaron en 2012, y ampliaron hasta 2030 en la Asamblea Mundial de la Salud de 2025, las metas mundiales de nutrición (en inglés) establecidas por la Asamblea de la Salud, que tienen como objetivo garantizar que el sobrepeso infantil no aumente, así como la meta relativa a las ENT (en inglés) para detener el aumento de la diabetes y la obesidad para 2025. Reconocieron que se necesitaba una acción mundial acelerada para abordar el problema omnipresente y corrosivo de la doble carga de la malnutrición.

En la 75.ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada en 2022, los Estados Miembros exigieron y adoptaron nuevas recomendaciones para la prevención y la gestión de la obesidad y respaldaron el Plan de Aceleración de la OMS para Poner Fina la Obesidad. Desde su aprobación, el Plan de Aceleración ha transformado el entorno político y ha generado el impulso necesario para un cambio sostenible, por medio de una plataforma para transformar, racionalizar y priorizar las políticas, apoyar la puesta en marcha en los países e impulsar el impacto y fortalecer la rendición de cuentas a nivel nacional y mundial.

En diciembre de 2025, la OMS publicó las directrices sobre el uso de análogos del péptido glucagonoide de tipo 1 (GLP-1) para tratar la obesidad en el adulto, que tienen por objeto respaldar la inclusión segura, equitativa y apropiada del tratamiento farmacológico para los adultos en los programas integrales de atención a la obesidad crónica. Estas pautas, que no constituyen una solución independiente, son una de las numerosas herramientas que ayudan a los países a elaborar sistemas integrales de atención a las enfermedades crónicas que incorporen el tratamiento farmacológico como opción, así como a crear sistemas de salud que reconozcan la obesidad como una enfermedad compleja crónica.

 

Referencias

  1. NCD Risk Factor Collaboration. Worldwide trends in underweight and obesity from 1990 to 2022: a pooled analysis of 3663 population-representative studies with 222 million children, adolescents, and adults. The Lancet 2024. 16;403(10431):1027-1050. doi: 10.1016/S0140-6736(23)02750-2
  2. United Nations Children’s Fund (UNICEF), World Health Organization, International Bank for Reconstruction and Development/The World Bank. Levels and trends in child malnutrition: Key Findings of the 2025 Edition of the Joint Child Malnutrition Estimates. Geneva: World Health Organization; 2025
  3. GBD 2021 Risk Factor Collaborators. “Global burden of 88 risk factors in 204 countries and territories, 1990-2021: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2021”. Lancet. 2024;403:2162-2203.
    1. 2nd Edition with Estimates for 161 Countries. World Obesity Federation, 2022.